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Puerto Príncipe, Haití.- Días después del devastador terremoto de 2010 que mató a su hijita y destruyó su vivienda, Meristin Florival y su familia extendieron una lona en una colina de la capital haitiana y se instalaron a vivir en ese lugar. De allí no se han movido.

A pocos kilómetros, Jean Rony Alexis se mudó del campamento donde estuvo varios meses después del terremoto a una choza precaria que construyó la Cruz Roja. Pero no está mucho mejor. El alquiler se duplicó y no tiene agua corriente ni trabajo.

“No veo ningún beneficio”, expresó Alexis, un vendedor callejero, que ahora vive en una choza donde retumba el ruido de un bar vecino, el “Frustration Bar”.

Florival y Alexis figuran entre los cientos de miles de haitianos cuyas vidas apenas si han mejorado desde el terremoto, a pesar de la llegada de una cantidad sin precedentes de ayuda del exterior.

El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-mun, el ex presidente estadounidense Bill Clinton y otros prometieron “construir una Haití mejor” que la anterior. Sin embargo, muchos haitianos no perciben mejoría alguna en su situación, no obstante una inversión de 2 mil 380 millones de dólares en la reconstrucción.

Inicialmente se anunciaron grandes planes y se dijo que de los escombros surgiría una ciudad moderna que daría mejores condiciones de vida a sus 3 millones de habitantes. Pero ahora el Gobierno parece estar enfocándose en las cosas básicas, abordando proyectos que buscan crear viviendas para los desplazados en sus viejos barrios, renovar la infraestructura y encontrarle trabajo a la gente a través de amigos.

El Gobierno y organismos internacionales dicen que ha habido algunos progresos, como la construcción de 600 aulas que reciben 60 mil estudiantes, la limpieza de casi 10 millones de metros cúbicos de escombros y la pavimentación de calles y carreteras.

Pero los campamentos, el símbolo más visible del terremoto, siguen presentes en las laderas de las colinas que rodean la capital o encerrados entre los callejones de la ciudad.

Hay quienes dicen que la escasez de viviendas refleja las fallas generales de la reconstrucción.

“Ciertamente no creo que (la reconstrucción) haya sido un éxito”, declaró Alex Dupuy, profesor de psicología haitiano que enseña en la Wesleyan University de Connecticut, Estados Unidos. “Se instaló un gobierno, pero no veo ningún otro indicio de recuperación”.

En el primer año luego del terremoto, el Gobierno no creó un organismo encargado de construir viviendas ni elaboró una política habitacional clara. Mientras tanto, los campamentos de refugiados se llenaban porque la ayuda internacional hacía llegar cosas que el Gobierno no suministraba: agua, electricidad e inodoros.

Ninguno de los 10 proyectos que cuentan con mejor financiamiento se enfoca exclusivamente en la vivienda. En la iniciativa más publicitada, el Ejército estadounidense y el actor Sean Penn llevaron 5 mil personas a un terreno en Corail-Cesselesse, al norte de la capital, donde se iba a construir la primera comunidad planificada del país, con fábricas y viviendas para 300 mil personas.

El proyecto nunca se llevó a cabo

Hoy, los habitantes de Corail-Cesselesse soportan constantes inundaciones y cocinan al calor del sol en precarias viviendas. Viven lejos de los sitios donde trabajaban y dicen sentirse abandonados.

El nuevo gobierno de Michel Martelly comenzó a construir dos complejos de viviendas: 400 casas en la bahía y otras 3 mil al pie de una montaña deforestada. El canciller Lamothe dijo que 40 millones de ayuda ofrecidos por Venezuela serán empleados para desarrollar la ciudad costera sureña de Jacmel, para tratar de descongestionar la capital.

La estrategia actual del Gobierno parece ser que los sobrevivientes vuelvan a sus viejos barrios, incluidos sectores marginales. Ello permite obviar el tema de la propiedad de las tierras y ubica a la gente cerca de sus viejos amigos, que pueden ayudarlos a conseguir trabajo.

En un proyecto llamado “6/16”, los residentes de seis campamentos están siendo instalados en 16 barrios a ser desarrollados. Varios miles de personas ya dejaron las carpas.

El plan abarca al 5% de la población desplazada, pero las autoridades dicen que es un programa piloto que puede ser repetido en otros sitios.

La gente puede pagar al dueño de la vivienda un alquiler anual subsidiado de 500 dólares o aceptar dinero para construir o reconstruir su vivienda. También reciben 150 dólares para la mudanza.

“6/16” cuenta con 125 millones de dólares aportados por el Banco Mundial y el Fondo para la Reconstrucción de Haití, que administra el BM.

Muchas personas que vivían en tiendas se mudaron a viejos departamentos del barrio pobre de Jalousie, donde parece estar surgiendo un sentido de comunidad.

Marise Nelson, una mujer con un hijo y que espera otro, recibió 500 dólares de un fondo de asistencia para el alquiler de un año y dice que no extraña para nada el campamento donde vivió dos años.

“No podías encontrar comida. No había agua”, declaró el ama de casa de 26 años.

Dice que le gusta su vivienda de un dormitorio, los vecinos, el pozo de agua y las pequeñas tiendas de ropa.

“La gran diferencia es que puedo mantener limpia mi casa”, expresó mientras cocinaba arroz y vigilaba a su hija.

Meristin Florival quisiera poder decir lo mismo. En cambio, debe soportar vecinos que usan bolsas de plástico para sus necesidades fisiológicas y luego las tiran a los techos de los vecinos.

Alexis y su esposa, Darlene Claircin, se sienten complacidos de contar con un techo y una habitación con una mesa y una cama, pero aseguran que su vida no es mejor que en las carpas.

“Es lo mismo”, declaró Alexis. “Sufría allí y sufro aquí”.



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