Saltillo, Coah.- Lucio llegó a sus brazos desde que era un bebé; su esposo se lo llevó y a la señora Teresa no le importó adoptarlo pese a las quemaduras que tenía. Hace siete meses llegaron a Ramos Arizpe procedentes de Reynosa, con la ilusión de que el clima bondadoso de la Región Sureste de Coahuila le hiciera bien al niño, y ahora buscan apoyo para que pueda seguir con su tratamiento.

Teresa Ibarra Gutiérrez vive junto a su esposo y su hijo adoptivo, Lucio Eugenio Hernández Ibarra, en una casa prestada en la calle Halcones 2265 en la colonia Analco. Los tres sobreviven de la venta de dulces y chicles en los cruceros al norte de Saltillo, donde a veces se les puede ver.

“Un día su papá me lo trajo; en Rosita el DIF me lo dio para criarlo. Yo lo adopté de un año y medio pero ya estaba así, yo no sé lo que le pasó, sólo lo acepté y desde entonces soy todo para él”, dice Teresa.

Explica que en Reynosa encontró apoyo para operar al niño, pero le comentaron que tenía que buscar un lugar fresco para que las cicatrices de sus operaciones no se le infectaran.

“Yo no sé cómo pasó, pero desde que me lo dieron ando trabajando para él, me dicen que son quemaduras, incluso su manita la tenía doblada, pero en Reynosa un doctor nos apoyó y lo mandaron a Estados Unidos y tengo que llevarlo otra vez para que le operen de la cabeza en el Hospital Shirners, pero no tengo recursos”, dice la mujer.

Dice que ha sido difícil sacar adelante a Lucio, sobre todo porque nunca ha tenido un trabajo estable y desde hace mucho se mantiene de la venta de chicles o golosinas, incluso ha tenido que pedir dinero viendo la necesidad de su niño.

En estos momentos dice que necesita apoyo económico para viajar a Estados Unidos para que valoren a Lucio y le realicen una operación más.

“Yo les pido que hagan el favor, que no sean malitos, que me ayuden, que me compren lo que ando vendiendo”, clama la señora Teresa.

Mientras que Lucio, que está por cumplir 11 años, tiene la esperanza de llegar a ser doctor para ayudar a niños como él; sin embargo, su enfermedad y el miedo a ser rechazado por su físico le ha impedido seguir adelante.

“No va a la escuela; me lo corrieron porque anduvo peleando con todos los niños que le decían cosas. Desde primer año de primaria ya no lo pude llevar, aquí no lo he intentado en las escuelas, pero sí me gustaría que mi muchachito fuera a la escuela”, finaliza Teresa.

La situación de la señora Teresa y Lucio es un grito de auxilio a las autoridades, a los organismos civiles, pues durante toda la mañana sale junto a su madre a las calles a trabajar, para que si Dios los bendice puedan obtener dinero para comer.
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