A través del libro, explicó la autora en entrevista con Notimex, exterioriza los mecanismos del “mobbing” para llegar a una suerte de intriga de claros tintes filosóficos y psicológicos hasta convertirse en un instrumento de total placer, “porque la lectura tiene que ser un placer, ya que saber leer ayuda a la gente a llegar a cualquier parte”, dijo la escritora nacida en España en el año 1972.
De acuerdo con la trama, comentó la escritora, hay acusaciones que marcan para siempre. “Ainur”, el personaje central, intenta cambiar su destino después de ganar un juicio penal por mobbing.
“Puede que sea inocente, pero tiene que huir para salvarse. Encuentra refugio en un pueblo cercano a un gran precipicio, donde habitan seres tullidos con una nueva visión del mundo”.
En esa situación, el personaje, que vive en la época actual, lleva su mente hasta la historia de una comadrona quemada por bruja en el siglo XVI y tenida por santa por algunas personas. “Los dos refugios ocultan grandes peligros y encierran secretos que golpean a ‘Ainur’, quien se embarca en una intriga filosófica donde todo lo cotidiano peregrina por todas las pasiones humanas”.
El libro tiene una investigación sobre lo que fue la Inquisición y los cazadores de brujas profesionales. Prácticamente todas las mujeres eran brujas hasta que se demostrara la contrario. “Se suponía que las brujas tenían un punto en el cuerpo que no les dolía por nada, un punto donde no sentían el dolor. Los cazadores llegaban a los pueblos a pedir dinero a las personas, como todavía”.
Rico señaló que esos hombres exigían fuertes cantidades de dinero a las damas que se dedicaban a cualquier actividad, siempre y cuando fueran bonitas, inteligentes, supieran leer o tuvieran una virtud o cualidad que las distinguiera de las demás. “Esos cazadores de brujas tenían el derecho de hacer desnudar, públicamente, a la mujer que ellos consideraran bruja, y así lo hacían”.
Antes como hoy, dijo la entrevistada, era una vergüenza hacer eso. Ya desnudas y a la vista de todos, eran picadas con un punzón agudo, que les dejaba marcas en la piel y piquetes sangrantes. “Pero el pinzón estaba trucado y a capricho del cazador, podía no hacer daño y entonces era cuando se acusaba a la mujer de ser bruja y tener relaciones con el diablo”, comentó.
Lo que era considerado ciencia era superstición, y lo que era perseguido como superstición era ciencia. “Eso, de alguna manera, pasa hoy en día y me ha interesado de manera particular el holocausto de las mujeres que son víctimas de acosos y de acusaciones infundadas”. Relató el caso de una mujer a quien su patrón, un “alcalde corrupto”, atacaba sexualmente pero ella ganó el caso.
Le interesa, destacó, el caso de los acusados sin culpa, el de los acusados por ser mujeres o seres indefensos, el tema del mobbing. El tema del acoso que se produce en la oficina o en el colegio. “Toda la novela habla sobre la violencia y por ser algunas ocasiones soterrada es más pérfida”, concluyó la entrevistada.
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