SABER ESCUCHAR A DIOS, COMO MARÍA.
Este domingo es Mariano por excelencia; es la Virgen que espera y que anuncia lo que ella lleva dentro, ese gran misterio que se revelará e iluminará a todos los seres humanos. Cristo no sólo es patrimonio de los Cristianos, sino de toda la humanidad que ha contemplado en Él al Dios encarnado en la justicia, la pobreza y la humildad. Dios ha elegido libremente nacer y surgir de un pueblo humilde. María escuchó las palabras del ángel: “Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor está contigo… he aquí que concebirás en tu seno y te nacerá un hijo… Él será grande y será llamado el Hijo Altísimo”. María escuchó estas palabras aterrada y feliz, mientras sentía desbordarse su alma: de Dios, de vida, de entusiasmo, de lágrimas y gozo. El Señor enseguida tranquilizó su alma cuando dijo: “No temas.
El Espíritu del Señor bajara sobre ti y su poder te cubrirá con su sombra y lo Santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. María, humilde y confiada, dijo al Señor la respuesta que Él esperaba cuando dijo: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según la palabra.
Luego hubo un gran silencio. Debemos descubrir y aceptar la voluntad de Dios cuando nos manifiesta su plan. Aceptando nuestra fragilidad, pero sabiendo que el Señor y su fuerza nunca nos fallarán y que Él hará cosas grandes de nuestras vidas, aunque éstas sean miserables y pequeñas.
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