Entre otras, la gran “tragedia” del hombre de hoy es, ni siquiera preguntarse de dónde viene o a dónde va, qué hacer con su vida mientras vive.
A tantos ni les importa o no tienen tiempo.
Muchos hoy, pues, prefieren seguir caminando en tinieblas.
El relato de los “Magos” ha sido visto por los padres de la iglesia como ejemplo de unos hombres que, incluso viviendo en las tinieblas del paganismo, han sido capaces de responder fielmente a la luz que los llamaba a la fe.
Son hombres que, con su actuación, nos invitan a seguir toda gracia y toda llamada que nos urge a caminar de manera fiel hacia Cristo.
Nuestra vida transcurre con frecuencia en la corteza de la existencia.
Trabajos, reuniones, encuentros, ocupaciones diversas nos llevan y traen, y la vida se nos va pasando, llenando cada instante con algo que hemos de hacer, decir, ver o planear.
Corremos el riesgo de perder nuestra propia identidad, convertirnos en una cosa más entre otras y no saber ya en qué dirección caminar.
¿Hay una luz capaz de orientar nuestra existencia? ¿Hay una respuesta a nuestros anhelos y aspiraciones mas íntimas y profundas? Ciertamente esa respuesta existe.
Esa luz brilla ya en ese Niño nacido en Belén.
Lo importante es descubrir que vivimos en tinieblas. Que hemos perdido el sentido fundamental de la vida.
Quien descubre esto se encuentra ya muy cerca del verdadero camino.
Ojalaá en medio de nuestro vivir diario, no perdamos nunca la capacidad de estar abiertos a toda luz que pueda iluminar nuestra existencia, a toda llamada que pueda dar profundidad a nuestra vida.
Especialmente la llamada de Dios, a amar como Él.
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