Enviado Especial

Hermosillo, Son.- Don Raúl no se le quita de la mente el haber visto cómo en los brazos de uno de sus compañeros quedó pegada la piel de un recién nacido al que sacaron de la guardería ABC que fue consumida por el fuego.

La tarde del viernes 5 de junio cubría su turno como despachador de una gasolinería frente al lugar de la tragedia. Él y su compañero fueron de los primeros en ingresar al sitio para rescatar s los niños.

No sabe cuántas veces entró a la guardería ni cuántos bebés logró sacar, pero sí está seguro de que los habitantes de Hermosillo no podrán olvidar la tragedia que hasta ahora ha costado la vida de 44 menores.

El techo interior de la bodega tenía una capa de hule espuma, pero cuando el fuego se generalizó, al derretirse el material se convirtió en gotas de fuego que caían sobre los pequeños.

“Entramos rápido, por la única puerta que había, todavía no se hacían los boquetes en las paredes. Empezamos a sacar a los niños, adentro no se veía nada por el humo, nos tropezábamos unos con otros. Los niños que íbamos sacando los fuimos poniendo en la calle, en unas colchonetas que había en la guardería.

“No sé cuántas veces pude entrar, pero sí saqué a muchos niños, unos ya ni se movían, estaban muertos, (a) otros los sacamos humeando, otros apenas lloraban. No sé (a) cuántos pude sacar”, cuenta sin que sus palabras evidencien emoción.

“Eran puros angelitos que no le habían hecho daño a nadie. Vi a un compañero con las manos ensangrentadas, pero no era sangre de él, se le había pegado la piel de uno de los niños”.

"SAQUE MUCHOS NIÑOS"


José Martínez es un joven de 24 años de edad que vive en las faldas del cerro Akiwiki, a unos metros del sitio donde ocurrió el incendio.

Ese día estaba en una tienda donde tiene a su resguardo una máquina de videojuegos. Uno de los clientes llegó y les informó a él y al tendero lo que estaba ocurriendo.

“Me di cuenta que era en la guardería, vi gente que empezaba a entrar para sacar a los niños y yo también entré y saqué a muchos “morritos”. Después con la caja de una pickup hicieron boquetes en las paredes y fue cuando los bomberos ya no nos dejaron entrar”.

“Todo fue muy rápido, llegué corriendo y me metí, nomás me puse a sacar a los niños”, puntualiza.

Éstas son historias de una de las peores tragedias que han ocurrido en el país, pero al fin también historias de ciudadanos de a pie, que por asuntos del destino se convirtieron de pronto en héroes que no buscaban ningún reconocimiento, más que evitar en lo posible el dolor ajeno.
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