Monclova, Coah.- Aún es de madrugada y el termómetro ya marca los 26 grados centígrados, a las cinco de la mañana la ciudad comienza a despertar, miles de monclovenses inician el éxodo hacia sus centros de trabajo, pero para el mediodía las tímidas rachas de viento son calientes como el fuego.

Por la tarde el calor de 40 grados centígrados como lumbre parece quemar el cuerpo, pero no derrite sueños, ni esperanzas de un mejor mañana de los voceadores; soldados de la información.

En la madrugada, en las instalaciones de Zócalo las actividades se detienen, llegó el final: El periódico impreso está listo para comenzar su traslado hasta manos de sus lectores quienes se enterarán del acontecer diario, de lo que hemos hecho en sociedad.

Fielmente, todas las mañanas los voceadores tienen su cita con los periódicos, a quienes conducen amablemente a las manos de los lectores en los diversos cruceros de la ciudad donde se ganan la vida.

Pese a adversidades del intenso calor y en invierno sufrir el castigo del frío que hiere como cuchilladas, ellos no clausuran su sonrisa ni el brillo de sus ojos, que siguen soñando en un mejor mañana, en la justicia y en promesas que escuchan.

Son ya las cinco y media de la mañana y los voceadores a lo largo del Bulevar Pape acomodan su preciada mercancía en los puntos de venta, cobijándola y protegiéndola del viento y en ocasiones de la lluvia como si cada periódico fuera uno de sus hijos, los acurrucan, los envuelven y los preparan para su llegada a las manos de quienes los adquieran.

Alrededor de las dos de la tarde la lumbre sigue cayendo del cielo y al echarle un ojo al termómetro nos percatamos que el mercurio ya rebasa los 40 grados centígrados, el calor es insoportable, pero los voceadores se mantienen firmes en su trinchera.

Ellos están fuera de los programas asistenciales del DIF Estatal, del DIF Municipal, de la Secretaría de Desarrollo Social, entre otros organismos e instituciones y de muchos otros que no tiene caso ni siquiera recordar porque las buenas noticias gubernamentales sólo las reparten a través de los diarios que venden, pero jamás las autoridades se han parado a su puerta o a su lado para incluirlos en jornadas de apoyo a sus necesidades múltiples.

Los voceadores, héroes urbanos, se encargan de asegurar que ideas y el trabajo de columnistas, reporteros, fotógrafos, redactores y muchos otros empleados de los medios de comunicación escrita, vean coronada su labor al llegar el periódico a las manos de su público.

Vecino del Fraccionamiento Aguilar, el joven Maximiliano Cuéllar Villarreal, de 18 años de edad, es estudiante preparatoriano del Cecytec y tiene su puesto de venta en Pape y San Buena desde hace año y medio.

Finca sueños y optimismo de ingresar a los recintos universitarios, y asegura que con su trabajo de voceador desde entonces le permite dejar de ser una carga económica para su padre, quien es obrero en un taller ubicado al norte de la localidad.

Actualmente, dice el preparatoriano, “este trabajo me ha dejado buenas satisfacciones porque me gusta y representa además obviamente una fuente de ingresos económicos”.

“Desde las 6 de la mañana estoy aquí y termino como a las 12 y media, llego a la casa para comer e inmediatamente recojo libros y cuadernos porque a las 2 de la tarde entro a las aulas en el Cecytec”, expresa Cuéllar Villarreal.

Perla Esmeralda Valdez Ruiz, madre soltera, señala que tiene cinco meses de voceadora en el crucero de Madero y Matamoros, y agregó que su trabajo le permite subsistir al lado de sus dos hijos en su domicilio de la colonia Asturias al sur de la ciudad.

“Me levanto poco antes de las 5 de la mañana, recojo el periódico y a las 2 de la tarde ya terminé la faena y entonces regreso a casa a seguir disfrutando a mis hijos”, añade.

Carlos Rodríguez Ramírez, de 51 años de edad “torea” los automóvilesen el cruce de los bulevares Pape y Juárez para ofertar los periódicos.

“Tengo tres meses apenas de voceador, me ha ido bien económicamente, me levanto diariamente a las 4 y media de la mañana para empezar a trabajar poco después de las 5 de la madrugada y hasta la 1 de la tarde, aguantando durante el año; frío, calor, lluvia y todo eso”, dice en referencia a cuando castiga la madre naturaleza con clima extremo.

En el crucero de Madero y Pape, Susana García Gámez tiene su puesto de venta desde hace dos años. Desde las 4 de la madrugada inicia sus actividades al levantarse y organizarse en su domicilio de la colonia Tierra y Libertad para recoger los periódicos y luego ofrecerlos entre transeúntes y automovilistas.

“Más o menos como a las 5 y cuarto de la madrugada ya estoy en mi puesto de trabajo y aunque mi esposo trabaja de empleado en un hotel, no hay nada mejor que contar en el seno familiar con dos entradas de dinero porque las necesidades son muchas y con un solo salario la vida es difícil”, expresa.

Los voceadores usan zapatos ligeros, cachucha para mitigar en algo los candentes rayos solares que caen a plomo, ropa preferentemente de algodón para resistir el calor, a las personas que desarrollan el oficio se les considera soldados de la información y en México el 22 de abril se considera el Día del Voceador.
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb
Comentarios