Tags: negligencia, imss







Estefanía Cantú | Saltillo.- Frente a los baños de la Alameda, sentada con un niño sobre el regazo, espera Miriam Favela Ramos a que la mañana transcurra rápido para ir a casa con su hijo, quien, asegura, fue víctima de una negligencia médica que le impide moverse.

Hace 5 años sucedió la tragedia que acabó con la salud del pequeño Jesús. Ahora tiene 10 y depende totalmente de su madre; aquel accidente lo dejó inmovilizado de pies a cabeza. Miriam lo alimenta, le da de beber, lo sostiene y lo cuida las 24 horas del día.

Sus piecitos cuelgan de la silla donde, día con día, Miriam espera a que su madre termine de trabajar y la ayude a cuidar al pequeño Jesús, quien a veces sufre de recaídas.

Doña Francisca Ramos, madre de Miriam, trabaja como asistente de limpieza en la Alameda y se encarga de limpiar los baños, trabajo que desempeña con mucho esfuerzo y del cual da gracias a Dios, pues le ayuda a sostener a su pequeña familia conformada por su hija y su nieto.

“Todo comenzó por una fiebre; Jesús estaba ardiendo. Lo llevamos al Seguro Uno y dejamos que lo atendieran, al principio se le diagnosticó una apendicitis, pero de rato se nos informó que en realidad no tenía nada. Ya en el quirófano se le aplicó anestesia y a partir de ahí fue cuando comenzó todo”, dice Miriam, mientras Jesús sostiene la mirada perdida.

“Fue hasta horas después que noté que había algo extraño y sus ojos se le voltearon…no reaccionaba, los doctores se hablaban en claves, llegué a percibir que había tensión en el ambiente; nadie me daba explicaciones de nada. Tenía mucho miedo. Mi madre logró escuchar que la reacción del niño se debía a una sobredosis de anestesia y que no había ya nada que hacer, no me solucionaron nada.

“Hubo muchas confusiones, me dijeron un montón de cosas que nunca supe si fuesen verdad. Al principio me dijeron que el niño necesitaba entrar de urgencia a quirófano para tratar una apendicitis; después me intentaron convencer de que tenía meningitis y al último relacionaron el estado de Jesús con un problema que estaba sufriendo su sistema nervioso”, dice Miriam, indignada por aquella situación que le cambió la vida a ella y a su hijo.

Todos los días hacen lo mismo. Se levantan temprano, llegan a la Alameda. Francisca limpia los baños hasta las 2 de la tarde y durante la mañana se sienta Miriam a cargar a Jesús… sin dinero o un padre que los apoye, viven con un sueldo: el de Francisca.

“Yo no puedo trabajar, necesito que alguien se encargue de cuidar a mi hijo, no se lo puedo dejar a cualquiera y en todo caso no cuento con recursos suficientes para pagarle una niñera”, dice Miriam, a quien su madre ha apoyado incondicionalmente.

Y así pasan las horas en el parque. Después del mediodía, cuando el sol pega en la cara y se acercan las 2 de la tarde, Miriam huye del escenario que dibuja sus mañanas…la silla vacía que con certeza estará ocupada el día siguiente, cumpliendo con la rutina y monotonía que envuelve a esta familia desde ya hace cinco años.
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb
Comentarios