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Jesús Lagunas | Saltillo, Coah.- En la ciudad de Saltillo habitan personajes que son vivo ejemplo de la historia que prevalece en esta ciudad desde la primera mitad del siglo pasado y que pasan su tiempo en la plaza Manuel Acuña.
Ese es el caso del señor Manuel Antonio Valdés González, nacido el 30 de septiembre de 1930 y que a lo largo de su vida ha desempeñado diversas actividades, tanto en México como en el extranjero.
Este descendiente del general Eulalio Gutiérrez viene de una familia campesina. “Mis abuelos tenían mucho terrenos de siembra, se perdieron las cosechas por la sequía. Ahorita los terrenitos están abandonados”.
A los 17 años salió de su hogar en la Congregación Santo Domingo, de Ramos Arizpe, para ir en busca del sueño americano. “Un amigo se vino a Saltillo para irse de ahí a Estados Unidos; yo quería irme porque esa era mi ilusión más grande”.
Don Manuel relata que salió de su lugar de origen debido a que en total eran 10 hermanos en su familia y no tenían qué comer; salió para ayudar a su familia: “tuve mucha suerte, porque llegué a Galveston, Texas, para hacer trabajos de carga y descarga de barcos y aunque tenía sólo 17 años y la pala con la que cargábamos era muy grande para mí, igual me dieron trabajo”.
El octogenario relata que luego de estar en Galveston se fue a trabajar a Chicago y de ahí a Nueva York, donde residió hasta 1988 y que desde ahí mandaba dinero para su padre y sus hermanos, quienes con el tiempo pudieron comprar una casa en las calles Pérez Treviño y Lerdo, una camioneta y hasta un rancho.
ENTRE PAPELES Y GUERRAS
Don Manuel relata que durante los años 50, que fue cuando se arregló su situación migratoria en el país vecino, estuvo a punto de entrar en combate en la famosa guerra con Corea del Norte.
En dicho conflicto bélico, relata don Manuel “un amigo mío abrió un vagón de un tren que se detuvo en Japón; resultó estar repleto de cadáveres, tal vez norcoreanos; era un tren distinto del que estábamos usando nosotros”, según cuenta.
VIDA Y VIVENCIAS
“Si pudiera vivir nuevamente algo de mi vida, seguramente elegiría volver a irme a Estados Unidos, porque allá me fue muy bien… incluso me casé con una nicaragüense estando en Chicago, para ayudarla a arreglar su situación y que ella pudiera traer a sus hijas con ella, luego nos divorciamos, pero seguimos en contacto”, relató el señor Manuel, como viendo hacia sus recuerdos.
Desde que don Manuel volvió de los Estados Unidos se pasa los días en la plaza Manuel Acuña, del mismo modo en que lo hace una gran cantidad de personas de la tercera edad que habitan en esta ciudad.
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