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México, DF.-Con un perfil psicológico que lo define como psicópata, Óscar Osvaldo García Montoya, "El Compayito", decapitaba a sus rivales para sembrar el terror, y fue ese mismo nivel de violencia lo que marcó su caída, junto con una serie de traiciones y golpes de suerte de las autoridades.

En mayo del 2011, por ejemplo, ordenó decapitar y descuartizar a un taxista, al que le colocaron una tanga y un brasier rosa; la cabeza la pusieron en el toldo, frente a un kínder en Interlomas. Ese grado de violencia no era bien visto por sus subordinados.

"Se le dijo una o dos veces: 'patrón, tanto desmadre de cabezas y cartulinas nos va a calentar la Plaza con la placa (policías), pero decía que no, que le diéramos trámite (matar)'", declaró ante el Ministerio Público Antonio Hernández García "El Comandante", último líder de la banda.

Y en efecto, las Procuradurías capitalina y mexiquense armaron una cacería que dejó más de 80 integrantes de la organización capturados en un año.

Aunque ello no hubiera sido posible sin la traición de Alessandro Ricalde, un ex policía municipal de Huixquilucan actualmente prófugo, que reveló los nombres de todos los agentes del C4 de ese Ayuntamiento, que estaban en la nómina de "La Mano con Ojos".

Además, un descuido de "El Compayito" resultó ser clave para su captura: la noche de su detención, en agosto del 2011, dejó encendido su celular por una hora, suficiente para que los agentes lo ubicaran vía GPS en una casa en Tlalpan.

Otro golpe de suerte sucedió un mes antes: en la Fiscalía de Homicidios de la Procuraduría General de Justicia del DF (PGJDF), Raúl Franco Hernández, "El Rulas", aseguró a los agentes saber dónde se ocultaba el jefe de sicarios de la banda.