El ingenio de este hombre de “setenta y tantos años” de edad como él dice, parece no tener límites.
Elaborando pequeños aviones de madera en el taller de carpintería de la escuela Madero hace más de sesenta años, don Luis Salazar Cepeda se introdujo a un mundo de creatividad que combinado con sus habilidades naturales, lo ha llevado a ser en su existencia, un hacedor de todo.
El haber trabajado al lado de su padre, don Agustín Salazar, luego de concluir primaria, tanto en la construcción de edificios- entre ellos lo que fueran el cine Cinelandia en los años cuarenta- como en mudanzas no sólo de muebles sino de casas completa de madera que cambiaban de un sitio a otro, don Luis fue internándose cada vez más en un llamativo mundo de curiosidad y creatividad que llevó a la práctica en cuanta oportunidad se le presentaba.
De baja estatura, hablar abocanado, deshilachado en su forma de vestir en su amplio taller-domicilio de la calle Netzahualcóyotl y elegante gorra texana cuando hay que salir a pasear, don Luis muestra orgulloso y como una evidencia ante cualquier posible duda de su relato, un viejo maneral y un pesado dado de dos pulgadas de diámetro que utilizó en parte de la construcción del Cinelandia.
Concretamente, afirma, fue lo que utilizó para fijar las barras de acero que establecían el orden en el área de taquilla.
Sobre el techo de su casa, cuyos elegantes gabinetes y finos acabados interiores y exteriores en madera fueron elaborados por él, al igual que las protecciones metálicas, el hombre luce instalados cuidadosamente dos naves aéreas.
Un helicóptero de madera y lámina de nueve pies de longitud, con doce pasajeros a bordo, incluyendo un soldado en cada una de sus puertas laterales... y un avión de diez plazas de lámina pura.
Este último lo construyó hace unos cincuenta años, recuerda, y el helicóptero hace más de una década.
Tras la barda de la parte frontal de su casa, luce una bicicleta de madera elaborada por él y a la que, en lugar de manubrios, le puso un volante, también de ese material en cuyo manejo es experto.
Por mucho pasó don Luis antes de llegar a todo esto último.
Cuando se refiere a que trabajaba en mudanzas “con todo y casas”, recuerda que su padre era contratado para cambiar pequeñas y grandes casas de madera, de un sitio a otro.
Las arrastrábamos con mulas, sobre una plataforma de madera que movíamos con palos que colocábamos abajo de la misma, de tal forma que fuera deslizándose al estirar los animales.
Conforme se avanzaba, se cambiaban los palos que iban quedando desocupados para seguir colocándolos en la parte delantera y seguir”, recuerda.
Después se entregó casi de lleno a la carpintería.
Extraordinarios gabinetes creados por él lucen aún en grandes residencias, al igual que techos de fuerte lámina antigua que creó; en algunas maquiladoras como la desaparecida Carrizo, prácticamente todo lo que tuvo de madera, él lo elaboró.
La huella de su vida laboral, lo mismo queda en trabajos de madera que de herrería, hojalatería, mezclados con una asombrosa creatividad.
En su taller, a medio acabar están algunas trailas.
Son de madera, de encino puro... al igual que las carretillas que fabrica y de las que guarda una.
A excepción de la concha de gruesa lámina que también construyó, el resto del artefacto es de madera.
A sus “setenta y tantos años”, este hombre no pierde la creatividad ni el ánimo de trabajar y su vieja herramienta de hace muchas décadas, casi siempre a diario está activa.
No hace mucho creó una singular alarma para evitar sorpresas, como robos, en una tienda que maneja su familiar dentro de su casa misma.
Don Luis dice que todavía puede y quiere seguir trabajando.
Y es que, parece no existir duda de que este hombre nació para hacer de todo un poco....
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