México.- La edad de iniciación sexual de los adolescentes llegó a los 13 años y hoy el sexo se maneja como una moda. Desconocimiento, falta de diálogo y descontrol ubican a la primera vez al alcance del que la quiera consumir, sepa o no, lo que está haciendo.

"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Mi pecado, mi alma. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuan¬do firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita", escribió el escritor ruso Vladimir Nabokov en 1955 en el comienzo de su novela más famosa. Describía un pecado, algo que no se podía hacer. Ella tenía, en el relato, doce años.

Hoy, lejos de presentarse como una situación aislada, la actitud de la protagonista de la novela de Nabokov se transformó en un hecho común y corriente. Padres, maestros y psicoanalistas coinciden en que el fenómeno no va a parar pero pocos saben cómo comportarse frente a un despertar sexual que cada vez ocurre de forma más temprana y, en muchos casos, sin privacidad.

“La edad de iniciación sexual bajó notablemente. Podemos decir que entre los 14 y 15 años la mayoría de los adolescentes tiene su primera experiencia sexual. A veces los varones empiezan antes”, arriesga la médica pediatra y psicoanalista Felisa Lambersky de Widder, coordinadora del departamento de niños de la Asociación Psicoanalítica argentina (APA). “Entre los 15 y los 18, 19 años el adolescente necesita la descarga y la masturbación no es suficiente para aligerar toda la tensión que implica la cantidad de estímulos que recibe un chico. Estos estímulos, constantes y permanentes, influyen en la decisión de su iniciación sexual.”

“Yo veo Tinelli y a los seis minutos estoy caliente” ejemplifica un joven de 16 años en la puerta de la Escuela Normal Superior Nº 6 Vicente López y Planes del barrio del Palermo. Como él, otro joven de de la misma edad pero del barrio de Flores detalla: “Se la pasan mostrándote el culo y después te dicen que no tenemos que hacer nada. Yo las veo en el baile del caño y termino al palo”. El primero de los dos aclara que aún es virgen; el segundo se enorgullece de haberse iniciado con una compañera a los 14.

“Hay una urgencia del todo ya, de la rapidez de la vertiginosidad, donde todo viene atado a la imagen, donde todo es rápido, todo es movimiento y donde la imagen excita mucho. Frente a esto, aparece la urgencia de la descarga. No alcanza a madurar, no hay una elección de objeto erótico, sino una necesidad de descargar. No es que me gusta esa chica, sino que necesito descargar”, explica Lambersky.

La Dra. Sara Zusman, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina agrega: “A partir de los cambios biológicos y la metamorfosis de la pubertad el cuerpo está preparado para el inicio de la actividad genital. Pero si este cambio en el cuerpo no está acompañado por un desarrollo psíquico acorde, una iniciación precoz tiene consecuencias patológicas. Cuando se habla de iniciación sexual prematura, no se trata de establecer una fecha exacta de iniciación de la vida sexual como óptima, sino que el reconocimiento de que estas relaciones prematuras tienen el sentido de tapar una falta”.

“La demanda de la vida moderna y de los logros económicos y sociales de los padres, hacen que los chicos entren en una situación de desamparo, y el desamparo lleva a buscar en el grupo lo que no hay en la familia, pero una cosa no sustituye a la otra”, puntualiza Lambersky.

“Yo tengo una conocida que quedó embaraza a los 17 y se hizo un aborto, todo sin que los padres supieran nada. Pero después se complicó y se lo tuvo que contar”, ejemplifica una joven rubia de 16 años del barrio de Palermo que acaba de salir el colegio con sus amigos.

La psicoanalista Lambersky comenta que estas situaciones son frecuentes en terapia y que ellos deben acompañarlas a que hablen con los padres para que no queden desamparadas.

“Lo que no se obtiene del encuentro familiar conduce a una búsqueda de algo más que un vínculo de pareja; pretenden sustituir las carencias de madre y padre, sustituyen una situación familiar, tapan agujeros precariamente. En la adolescencia temprana, para facilitar la posibilidad de la apertura hacia la exogamia, el adolescente necesita que esta salida no sea abrupta, que no implique haber sido arrojado por los padres. Freud, hablando de este tema, se refiere al hallazgo de objeto de amor. Este hallazgo es todo un proceso de elaboración psíquica que culmina al final de la adolescencia con una confluencia entre sensualidad y ternura”, explica Zusman.

Todo esto ocurre. Cada vez más. Los chicos tienen miedo al reto y no dicen nada y la escuela no brinda información sobre estos temas.

Madres que esperan a sus hijos de séptimo grado en la puerta de la Escuela Normal Superior Nº 6 Vicente López y Planes, dicen que les van a dar unos folletos para que ellos vean el contenido de lo que se les va a enseñar a sus hijos. Tienen 12 y 13 años y “algunos ya preguntan”, afirma una mamá.

El comienzo tan querido

El inicio de la sexualidad se ha convertido en un objeto de uso. Como un par de zapatilla, un celular, o una remera que todos tienen y por eso, se desea.

“La sociedad de consumo empuja. El contagio social, esto de si él lo hizo, yo también. Si ella lo hizo, yo también. Se hace muy difícil para los padres poder limitar esta situación y como no se puede frenar, hay que educar, marcar los cuidados”. Especifica Lambersky.

Los adolescentes consultados respondieron correctamente sobre prevención de un embarazo y vías de contagio del VIH, pero pocos pudieron responder con exactitud qué pasa en la práctica del sexo oral y esta enfermedad.

“¿El pete contagia?” Preguntó una chica entre risas y vergüenza. Luego se preocupó. Es que “tranzar” y “petear” son dos prácticas comunes en los boliches que ellos concurren. Pero si de enfermedades venéreas saben algo, sobre legalidad, no saben nada.

En la sección del Código Penal que tipifica los delitos sexuales el artículo 130 establece que: “La pena será de seis meses a dos años, si se tratare de una persona menor de dieciséis años con su consentimiento.”

“Boludo estoy en el horno”, “Me estás jodiendo” y risas, fueron las reacciones de un grupo de adolescentes de 17 cuando se les comentó esta reglamentación. Sobre esto, ninguno sabía nada.

Lejos de cariño, lejos del cuidado

“Hoy por hoy, lo más importante es transmitirle a un chico de 12 años o a una nena de 10, o 12, qué es la prevención. Esto falta en los institutos escolares, no hablo de educación, digo prevención. Esto es un agujero, falta en nuestra sociedad y es lo que hay que tratar de imponer, porque a veces los padres cuidan y a veces no cuidan, y cuando no cuidan, la institución educativa lo tiene que hacer. Prevención es que los chicos conozcan los métodos anticonceptivos, de eso hablamos”, recomienda la médica pediatra y psicoanalista Felisa Lambersky de Widder.

La Dra. Sara Zusman agrega: “Desde los padres se trata de que eso no pase (que las niñas no se inicien sexualmente) y se ponen muchas prohibiciones imaginando que así no va a pasar, pero pasa y no de la mejor manera.”

La novela Lolita no tiene un desenlace feliz. El final de estas iniciaciones dependerá de la posibilidad de que estos adolescentes logren un proceso de elaboración psíquica que culmine al final de la adolescencia con la unión de la sensualidad con el amor. Habrá que esperar, pero si no ocurre, será demasiado tarde.

Fuente: Notio