Destacó que aunque existe la alternativa de presionar a las empresas a fin de que otorguen un aumento más significativo, se teme ahuyentar dichas inversiones y perder fuentes de empleo.
“Nosotros podríamos presionar a estas empresas, pero debemos tomar en cuenta que sus corporativos tienen presencia en otros países donde se explota aún más a los trabajadores, por lo que para ellos sería muy fácil cerrar sus plantas aquí”, comentó.
Afirmó que ni siquiera el aumento de el 10 por ciento en los salarios que se busca, devolvería a los trabajadores el poder adquisitivo, debido a la fuerte inflación que se ha registrado en los últimos años.
“Ahorita un trabajador necesita ganar un mínimo de 2 mil pesos por semana para poder vivir en condiciones dignas, pero desgraciadamente los sueldos que tenemos oscilan entre 700 y mil 200 pesos”, añadió.
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