Monclova, Coah.- Sus manos poseen un sinnúmero de callos, marcas que le han dejado los fierros que utiliza para moldear y decorar pedazos de cuero que transforma en verdaderas obras de arte, y que gracias al ingenio, orgullo y pasión por un oficio que lamentablemente poco a poco desaparece, le distinguen como uno de los pocos artistas talabarteros de la región.

De carácter alegre, el oriundo de Candela, Coahuila, don Braulio Ortegón Romero cuenta con 28 años de experiencia en la práctica; pero su incursión se debió más que nada a la curiosidad y gusto por trabajar la madera.

“Cuando vivía en Candela hacía llaveros de botitas, fustes, nombres, todos en madera tallados con una navaja, pero no sabía ni cómo armar una montura, lo único que tenía en mi mente era hacerlos, no sé por qué, era como un instinto, pues no tengo raíces en este oficio”, relató el talabartero Ortegón.

Sin embargo, a los 19 años, cuando contrajo matrimonio con Angélica Mata su vida cambió y dejó a un lado los llaveros para aventurarse a conocer Monclova, donde consiguió trabajo como cuidador de caballos en el Lienzo Charro y ahí fue donde Juan Guajardo, reconocido talabartero local, le ofreció la oportunidad de aprender el oficio.

“Ahí supe lo que era una talabartería, para qué servían los fustes. Empecé como cualquier trabajador y me gustó tanto que va a ser mi oficio de por vida porque me satisface, soy feliz siendo talabartero”, comentó don Braulio con inmensa sonrisa, mientras da un vistazo a las múltiples herramientas que cuelgan de una de las paredes de su negocio.

De 1983 al 2002, quedó bajo la guía de don Juan Guajardo, pero su espíritu inquieto le llevó a buscar nuevos horizontes, y la aventura lo condujo junto con su familia a visitar constantemente las ferias de la región en busca de ofertar su trabajo.

“Desde las cabalgatas de Sabinas, la de los Tres Estados, Lampazos, Candela, Lamadrid, en todas andábamos. Vendíamos chaparreras, polainas, monturas, llaveros; pero en ese ir y venir, descubrí que los hijos sufren las consecuencias, ellas tenían que estudiar”, refiere al hacer mención de sus cuatro hijas; Florinda, María Ángeles y las gemelas Yesenia y Yoana.

Por lo que de nueva cuenta su vida dio otro giro, era tiempo de iniciar su propia empresa, dando paso así a “Talabartero Ortegón”, negocio que desde el 2008 a la fecha, es uno más de los motivos de orgullo de este artista.

AMOR POR SU TRABAJO

Con un amor indiscutible por su profesión, don Braulio recalcó que el ser talabartero no se trata de un hobby, sino de un arte al que se le debe respeto, “si fuera un hobby no te mantienes, y yo he mantenido a mi familia con esta talabartería”, indicó enfático, orgulloso de que sus manos y creatividad sean la base de las obras de arte que adornan principalmente a la charrería y a quienes gustan de ella.

“En tres días mi familia y yo hacemos una montura, porque nunca debes tener prisa por terminarla, lo que te debe de importar es terminarla bien. Cada talabartero tenemos nuestros propios ideales, es correcto decir: Yo quiero hacer mi trabajo lo mejor que se pueda, no mejor que los demás”, sentenció el talabartero Ortegón.

El talabartero develó su plan para que su oficio no quede en el olvido.

“Tengo una meta muy importante para mi pueblo que es Candela, ahorita estoy trabajando, pero si Dios me deja unos años más y si mi nieto no llega a aprender o no estoy para enseñarle, voy a buscar en mi pueblo a algunos jóvenes para que aprendan el oficio, ese sería mi orgullo”, dijo.
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