El soplo de esperanza que cálido arribó a los miles de católicos pertenecientes a la Diócesis de Saltillo, región Desierto y Siderúrgica, no cabía en el pecho; las Reliquias del llamado Papa Peregrino, arribarían a la tierra de Carranza con destino a la parroquia San José, desbordando la devoción de los creyentes.
Sin distingo de status social, la muchedumbre ordenada en filas de dos personas, y que a poco más de las 6:00 de la mañana rebasaban las dos mil almas, rodeaban la plaza principal cieneguense; su única encomienda, sentir de cerca, aunque fuera por segundos, el resplandor de fe que se mantiene vivo a la sola mención del Beato.
Guerreros imbatibles ante el vendaval gélido que caracteriza al semidesierto, las personas soportaron de pie la demora del convoy papal procedente de Torreón, el cual finalmente se avistó minutos antes de las 9:00 de la mañana.
A pesar del retraso de casi una hora, los cánticos se avivaron con fuerza descomunal, empujados por la incredulidad de ser parte de la historia, de ser bendecidos, según sus propias palabras, al ver a centímetros de sí, la ampolleta de sangre fresca del ‘papa mexicano’, la figura de cera que recrea su humanidad, la vestimenta y fajín que utilizó en vida, así como la urna fabricada en acrílico, adornada con la imagen de la Virgen de Guadalupe y el escudo papal, en que transportaban los artículos sacros.
La liturgia comenzó, el llamado a vivir la fe y encender la luz de la esperanza por encima de la lúgubre incertidumbre que padece el mexicano, sin llegar al fanatismo, fue el llamado que el obispo Raúl Vera López lanzó a los feligreses en tan especial ocasión.
Los sesenta minutos que las Reliquias reposaron dentro de la parroquia San José, vio desfilar presurosos a los creyentes, quienes con rosas, banderas, pósters, fotos, estampas, rosarios, y cualesquier objeto que sirviera para pasar por encima de la urna donde reposan las Reliquias, rendían veneración a su Papa Mexicano seguros de recibir la bendición del Beato para llevarla por siempre consigo.
El reloj marcó las 10:00 de la mañana, era hora de proseguir el peregrinaje hacia la capital del acero.
CARRETERA BENDITA
Presuroso el convoy que resguarda las Reliquias del Beato Juan Pablo II, se enfiló por la carretera 30, no había tiempo para una parada más; sin embargo el amor de los feligreses logró que los vehículos redujeran su velocidad dando paso a la veneración de un pueblo por su ‘papa mexicano’.
Los poblados de Sacramento y Nadadores se unieron al tributo, los claros vidrios del transporte que resguardaba la figura en cera del Beato, dejaban apreciar las Reliquias para beneplácito de los creyentes apostados sobre el filo de la carpeta asfáltica.
Los montones de gente ataviada en blanco y amarillo, las banderolas y globos del mismo color, marcaban la pauta.
Efímeros instantes en que la vista se posó sobre los artículos sacros, refulgentes momentos en los que las manos de algunos lograron tocar el convoy papal, y sin embargo, el cúmulo de emociones fue inmenso, la dicha del ser humano amenazaba en transformarse en lágrimas, debatiéndose entre la alegría y la incredulidad.
El convoy devoró kilómetros, sin detener la marcha hizo su entrada al municipio de San Buenaventura justo a las 11:30 de la mañana, el itinerario marcaba una vuelta a la plaza principal.
“Se ve, se siente, Juan Pablo está presente”, retumbó en la garganta de los sambonenses al ver de lejos el convoy, pero al tenerlo de cerca, la euforia cimbró a hombres, mujeres y niños, quienes se lanzaron sobre el transporte religioso en su afán de ver de cerca la figura de su querido Papa Peregrino.
“Que se vean las banderas, que se vea la hermandad, aquí está, sintamos su presencia, recibamos su bendición”, alentaba el párroco local mientras las campanas del santuario religioso repicaban desbocadas a la par de los corazones de los fieles.
Escasos minutos en los que la fe se avivó, pero donde también los vendedores hicieron su ‘agosto’, al aprovechar literalmente la devoción de los fieles y ofertar un sinnúmero de artículos a precios que iban de los 10 a los 100 pesos; adelantándose al convoy para no dejar ‘títere sin cabeza’, había que terminarse la mercancía.
La diseminación de devotos a lo largo del trayecto fue suficiente para que el convoy disminuyera su marcha, para luego acelerar, ya que estaban fuera de horario y el Santuario de Guadalupe los esperaba ya.
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