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Saltillo, Coah.- Una singular dialéctica parece regir la curiosidad de Julián Herbert: la mezcla de contrarios y, más aún, de extremos; la creación de entidades heterogéneas; todo lo que es diferente entre sí pero que cabe en el mismo campo semántico.

Herbert no persigue la síntesis que arroje una nueva tesis, sino una nueva antítesis: una pregunta que lleve en sí su propia respuesta, una entidad descrita a partir de lo que no es, un oxímoron.

La suma de esto es “Pastilla Camaleón”, libro que le tomó al escritor más de 5 años de ejecución y reflexión, que hubieran sido más de no ser por la intervención del editor del sello Bonobos.

“Es un libro que escribí durante 5 años, en los cuales intenté jugar con técnicas tradicionales de composición, con procedimientos de asociación mental, hipertexto, entre otros recursos mezclados y asociados.

“Terminé el libro en el momento en que Santiago Matías me dijo ‘ya dame el libro’, aunque en realidad creo que este es un libro que no quiere acabar. Que pretende ser abierto”, afirmó Herbert.

“Pastilla Camaleón” se presenta este viernes en punto de las 20:00 horas en el Cerdo de Babel.

Confrontación

Dos caminos llevaron a Herbert a la constitución de este libro. El primero fue el de su natural exploración de otras disciplinas y discursos; el de la poesía que existe allí donde ya no alcanzan las palabras. Parte de este trabajo lo ha realizado con el colectivo “La Caballeriza”.

“La metáfora del Camaleón me pareció que podía funcionar para expresar esta diversidad de posibilidades que no están separadas, porque forman parte de una sola entidad. Eso también está en la noción de pastilla, que es un comprimido de diversas sustancias.

“Tengo fuentes heterogéneas: una formación académica muy tradicional y por otro lado una formación muy callejera. Me interesa el vínculo entre lo popular y la alta costura. Hay una necesidad de mezclar los extremos”, afirmó.

Sustancia activa

La búsqueda formal no está disociada del contenido. Hay quienes sostienen que la exploración de la forma implica un reordenamiento lógico, una manera nueva de expresar al mundo. Experimentar con la forma es confrontar nuestro propio ordenamiento.

“Llevo cinco años escribiendo este libro, pero sólo durante el año más reciente empezó a tomar forma de libro. Este último año en mi vida ha sido de confrontación personal, de reconciliación conmigo mismo a partir de ciertas experiencias duras y creo que el resultado tiene que ver con esa confrontación.

“Son una serie de eventos que no quería proyectar de manera cursi o banal. Siempre he creído que el encuentro con ciertos eventos de la naturaleza no tienen por qué ser solemnes y aburridos”, afirma Herbert.

Esta confrontación no es sólo frente al espejo, sino frente a la poesía, ya que Herbert lleva un tiempo explorando otras plataformas y géneros, de espaldas a la poesía. Ahora, de nuevo frente a ella, hay un trabajo de reconocimiento que no es menos difícil que ante uno mismo por la severa honestidad que requiere.

“Una de las grandes posibilidades que te brinda la literatura es la de confrontarte contigo mismo. Es un lugar en el que no tienes por qué mentir”, concluye el autor.
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