Lucas Martínez, historiador de Monclova, explicó que parte de la historia que se tiene data desde 1850, cuando en ese lugar vivió Don Ramón Múzquiz González, que se desempeñaba como Jefe Político de San Antonio Texas, en la época en que ese territorio aún pertenecía a México.
“Originario del municipio de Múzquiz, este personaje era tío y suegro de Miguel Blanco Múzquiz, otro personaje importante de la historia; ambos protagonizaron un episodio que quedó escrito como parte de las anécdotas antiguas de nuestra ciudad”, añadió el historiador.
Y es que en julio de 1850, era cuando llegaban los días de feria, pues el 25 los habitantes de Monclova celebraban el Santo Patrón Santiago y el 26 se continuaba con la fiesta de la señora Santa Ana, para terminar el 29 con la celebración de San Pedro y San Pablo.
“Eran fiestas de mucho baile que se hacían en los solares, bajo las verdes nogaleras y por las noches se alumbraban por grandes fogatas de leña de mezquite, abundaba la comida; además de las misas solemnes en la parroquia, obviamente”, comentó.
Y en la noche del 29 de julio de ese año, en medio de la gran fiesta patronal, Miguel Gutiérrez, vecino de la hacienda de Castaños y conocido por todos como “El Tuerto”, lanzó un grito a todo pulmón que decía: “Viva el supremo gobierno, mueran los de Monclova”.
Esto conmocionó a sus enemigos políticos y por consiguiente provocó el enojo del alcalde Albino Cortinas, quien reunió la fuerza pública y puso en la cárcel al alborotador: “Pero el asunto no paró ahí, sino que al paso de algunas horas, en la madrugada, llegaron a la presidencia con sus alegres compañeros de serenata, don Ramón Múzquiz González con sus yernos, los hermanos Miguel Blanco y el doctor don Simón”.
Los hombres solicitaron la libertad del preso con actitud prepotente al mencionar sus fueros, influencias y méritos; sin embargo, recibieron una rotunda negativa por parte del alcalde, afirma Martínez.
“Entonces, Simón Blanco, se lanzó contra los guardias tomándolos desprevenidos y los desarmó uno a uno, golpeó a otro con un rifle de chispa, y en ese momento entraron al quite en la bola el resto de losamigos”, narró el historiador.
De ahí corrieron a refugiarse en la casa de Ramón Múzquiz, jefe del grupo asaltante, que ocupaba la esquina de las actuales calles de Rafael de la Fuente y Zaragoza hacia el lado sur, en donde durante varios días estuvieron acuartelados y reuniendo gente armada, lo que motivó que con urgencia se girara la orden para trasladar desde Castaños el cañón que en aquella hacienda se tenía para la defensa contra los indios.
El Gobernador del Estado mandó al alcalde de San Buenaventura con un contingente de fuerza armada para que pusiera en paz a los de Monclova, lo que al fin logró luego de sustituir al alcalde, pues en su enojo convocó a tomar las armas al resto de los ayuntamientos de la región.
“El asunto quedó resuelto con el cambio de autoridades, motivo por el que habían reñido y Don Ramón Múzquiz continuó viviendo en la “casa de alto”.
Posteriormente, la casa fue vendida varias veces, tuvo muchos dueños y definitivamente también funcionó como negocios de diversos giros”, dijo Lucas Martínez.
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