Coahuila
Por
Redacción
Publicado el jueves, 12 de febrero del 2009 a las 15:38
Mapa lleva al Ejército y a las autoridades a descubrir las tumbas clandestinas
Saltillo, Coah.- Las copas de los árboles en la finca Rincón de las Coloradas cubren la exhumación de los cadáveres de 16 víctimas, las mismas copas que cubrieron su ejecución y que fungen como escondite perfecto para “La Cocina”.
A 40 kilómetros de terracería, dominada por piedra que permite recorrer la sierra de Arteaga hasta llegar a Rincón de las Coloradas, cerca del cañón La Roja, donde el martes fueron localizadas varias osamentas.
Ese terreno no tiene construcción alguna, se parece a los demás que lucen abandonados a lo largo del camino de la despoblada serranía y solamente dominados por la vegetación, propicia para incendios forestales, aunque se mantiene bajo una campaña de publicidad preventiva contra éstos. También hay alguna que otra especie que se asoma durante el día.
La cerca hecha con alambre de púas, recientemente fue instalada, y que a simple vista tampoco llama la atención es la única construcción en la finca, parece resguardar celosamente la propiedad de alguien.
Para llegar ahí el acceso es difícil, aunque hay quienes aseguran que es más cómodo llegar en un vehículo todo terreno y desde Nuevo León, por ello las sospechas de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Coahuila apuntan hacia ese territorio.
Quizá es de ese vecino estado donde llegaron gran parte de las víctimas de “La Cocina”, como llamaron algunos funcionarios de la PGJE de Coahuila a la zona enclavada a minutos de San José de la Roja.
EL MAPA DE “LA COCINA”
“La Cocina” fue quizá un centro de operaciones para ejecuciones, pues rastros indican que alguna célula del narcotráfico dio muerte a alrededor de 16 personas que terminaron irreconocibles, incluso en pedazos y sin piel porque el fuego los consumió.
Fue el mapa que dejaron a los militares a la entrada del acceso principal lo que permitió ubicar a algunos de los 16 cuerpos, aunque podrían ser más.
Trescientos metros después de la entrada está un nido de piedras que a simple vista parece el sitio idóneo para que alguna familia prenda una fogata.
Luego al ir por la vereda bien trazada, por la que igual pueden circular vehículos como camionetas, se encuentra la primera de las fosas, que mide 80 por 60 centímetros y con 50 centímetros de profundidad, la cual está a 10 metros de la entrada.
Muy cerca hay cenizas, restos de troncos, y más adelanta las ramas que advirtieron de la presencia de la fosa citada donde se realizó el primer hallazgo de restos humanos, incluidos a pocos metros algunos casquillos percutidos.
Al seguir las marcas situadas en el mapa que encontró el Ejército a su arribo al lugar el pasado martes, 150 metros al surponiente del predio, está otro cocedor, y ahí no hay fosa a simple vista, pero sobre estos cocedores eran colocados los tambos donde “cocinaban” a las personas.
Avanzando hacia el sur, 400 metros después están fragmentos de cuerpos humanos, en su mayoría osamentas dentro de la fosa, a un lado uno de los tambos percutido por decenas de balazos. Al mirar al horizonte hay además huellas de otra fogata.
El mapa permitió localizar más huesos con pedazos de tejido humano, sólo bastó seguir una vereda hacia el sur, y siguiendo la brecha hechiza, aunque escondidos por los árboles, se aprecian tres e cilindros de aluminio también repletos de agujeros realizados con armas de grueso calibre.
Fue en esta zona donde encontraron más indicios de que ahí se ejecutaron, incineraron y sepultaron a quienes se decidió desaparecer para siempre por motivos desconocidos.
BAJO RESGUARDO
La finca aún se encuentra bajo la custodia de elementos del Ejército Mexicano, quienes mantienen elementos apostados desde las 10:30 horas de la mañana del martes, luego de que una llamada anónima les reportó a siete personas ejecutadas.
Dicen militares que parecía como si los estuvieran esperando, sobre todo por la extraña aparición de un mapa en la entrada de la finca, ya que es difícil llegar hasta el sitio y aún más complicado adivinar en qué finca rural estaba el narcocementerio.
Aunque los militares no han revelado cómo llegaron a la finca, fueron los primeros que confirmaron el hallazgo de casquillos percutidos, así como de restos humanos.
Por eso decidieron informar a la PGJE de Coahuila sobre el descubrimiento de “La Cocina” donde victimaron a por lo menos una decena y media de personas, que tardarán varias semanas en conocer su identidad, de acuerdo con el propio procurador Torres Charles.
Por lo pronto ayer elementos de Servicios Periciales recorrieron “La Cocina” y aseguraron desde los restos óseos hasta objetos tan pequeños como botones y cremalleras de pantalones o chamarras, que el fuego no logró consumir.
También elaboraron su propio mapa de ubicación de los indicios delimitado en 75 metros, así como de las fosas y los “hornos de piedra”, todo esto capturado en fotografías e imágenes de video, que se integrarán a la averiguación previa penal iniciada.
Lo mismo hicieron funcionarios de la Procuraduría General de la República quienes aplicaron el mismo procedimiento y ayer recabaron una serie de evidencias, pero sólo en fotografías y video, que acompañaron con un acta de hechos, ya que no se llevarían los objetos, pues éstos quedaron a disposición de las autoridades estatales.
Quienes por cierto tienen mucho trabajo con las evidencias recolectadas, algunas de ellas de pequeñas dimensiones, lo que hará trascendental el trabajo en el laboratorio.
Mientras tanto los soldados del Ejército Mexicano del 69 Batallón de Infantería permanecerán custodiando el sitio en espera de que los ejecutores o el dueño de la finca aparezcan.
SERÁ DIFÍCIL RESOLVER EL MISTERIO
Ese narcocementerio perdió ya su clandestinidad, que ahora adoptan quienes realizaron las ejecuciones, pues las autoridades consideran que será complicado determinarlo, pues por el sitio pocos testigos pueden existir.
Los árboles apilados unos con otros, lo alejado y pedregoso del camino y lo poco poblado de la serranía arteaguense, ni siquiera dominada por la fauna, convierte en un lugar poco probable para encontrar testigos.
Una de las opciones, creen, será recorrer muy bien el terreno para no volver ahí y luego generar un expediente, confiar en que las pruebas de ADN funcionen y después permitir que la distancia, el tiempo y el acontecer diario permitan a los coahuilenses olvidarse del narcocementerio de Arteaga.
EL MAPA » Fue en esta zona donde encontraron más indicios de que ahí se ejecutaron, incineraron y sepultaron a quienes se decidió desaparecer para siempre por motivos desconocidos.
Van 16 cuerpos calcinados, desintegrados y mutilados en narcocementerio
» El mapa permitió localizar más huesos con pedazos de tejido humano, sólo bastó seguir una vereda hacia el sur, y siguiendo la brecha hechiza, aunque escondidos por los árboles se aprecian tres cilindros de aluminio también repletos de agujeros realizados con armas de grueso calibre.
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