De acuerdo con datos recientes, en México 20 por ciento de las 220 mil escuelas de educación básica, de preescolar, primaria y secundaria, incumple con los lineamientos para la venta de alimentos y bebidas industrializadas, a un año de que el gobierno federal inició la estragia en contra la obesidad.
Datos del Instituto Nacional de Salud Pública indican que en México hay 4.5 millones de niños, de entre 5 y 11 años, que tienen obesidad o sobrepeso. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud alertó que el país ocupa el primer lugar en obesidad infantil.
El estudio de Gene de Bowman, “Patrones de biomarcadores de nutrientes; la función cognitiva y las medidas MRI de envejecimiento del cerebro”, publicado apenas el 28 de diciembre, encontró algunos patrones sorprendentes sobre lo que come la gente y cómo funciona el cerebro.
“Dos de sus resultados positivos atrajeron la atención de manera sobresaliente. Bowman encontró que las personas con altos niveles plasmáticos de las vitaminas B y vitaminas D, E y C tenían más volumen cerebral total y un mejor funcionamiento cognitivo general. Además, las personas con mayores niveles de ácidos grasos omega-3 marinos en su torrente sanguíneo tenían una mejor función ejecutiva”, reseña Neurology.
En una entrevista con The Huffington Post, Bowman dijo que la correlación más llamativa en el estudio fue que las personas con altos niveles de grasas trans en la sangre tuvieron un desempeño significativamente peor, y menos volumen cerebral total. En otras palabras, el estudio indicó que consumir alimentos altos en grasas trans (en su mayoría “comida chatarra” como dulces procesados y carnes rojas grasas) puede causar daño cerebral.
El patrón era tan sorprendente que Bowman recomendó tomarse en serio el estudio, a pesar de que utilizó un universo de 100 individuos.
“Está claro que las grasas trans son perjudiciales para su corazón. Ahora, como vemos, también para el cerebro”, dijo Bowman. “Así que yo recomendaría que la gente se mantenga alejado de todas las grasas trans. Si no está seguro de si algo las tiene, basta con ver los ingredientes”.
La esperanza final es que este tipo de investigaciones permitirá a los neurólogos a desarrollar terapias individualizadas de dietas para un mejor funcionamiento del cerebro.
| Comparte ese artículo: |
|



