Fernando Ibarra, originario de Torreón, estudió en el instituto Goya de los Ángeles donde aprendió la teoría del color y para su compañero de exposición, Guillermo López, sus cualidades radican en la capacidad para mostrar un “dibujo anatómico de los toros y en que es un tipo de pintura muy expresiva (…) hay una limpieza del color y un efecto lumínico difícil de alcanzar en un pintor común y corriente”, dijo.
Guillermo López es “un enamorado del arte, inmerso en el oro finísimo de la tauromaquia” destacó el lagunero Fernando Ibarra y agregó que el pintor con el que comparte la muestra “no se limita a los siete colores del arcoíris, sino que nos presenta toda la luminosidad que el pintor lleva dentro”. Finalmente el también torero agradeció al Circulo Taurino Grana y Oro A.C. de Saltillo por su contribución a la muestra.
Homenajes y símbolos
Con estilos muy distintos, los pintores hacen homenajes a grandes toreros. Guillermo López, por ejemplo, retrata a Arturo Gilio (rodeado por los fierros de las ganaderías que toreó), al “Juli”, al doctor Carlos Cárdenas (médico de la plaza) y a Valente Arellano. Pero también muestra algunos paisajes relacionados con el ruedo, como un torero soñando, o una bailaora que se mueve al ritmo de las guitarras.
Fernando Ibarra, con un estilo menos realista, inmortaliza a Antonio Becerril (un charro torero al que se le ha hecho poca justicia y que llevó su traje charro a grandes plazas españolas), en su obra también se encuentra Manuel Jiménez “El As de Oros”, Fernando Cárdenas y un gran toro mexicano que pasta en su hábitat natural.
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