Mérida, Yuc.- En una estrecha vía que comunica a las comisarías de Cholul y Sitpach existe aún un casco de hacienda que se le conoce como "La Casa Embrujada", ya que se cuentan infinidad de historias de terror de la que fuera una próspera y bella finca a finales del siglo XIX y hasta principios del XX, cuando entró en decadencia el henequén y muchas haciendas terminaron en el abandono y actualmente en ruinas.

Se dice que la casa principal, de estilo colonial europeo, con acabados de lujo, escalinatas de mármol y bellas ornamentaciones en las paredes en sus tiempos de esplendor, cuando el llamado "oro verde" era el principal motor de la economía de Yucatán, ahora es usada por algunas sectas satánicas para realizar ahí misas negras y otros ritos diabólicos, pues se han hallado en el lugar veladoras negras y animales sacrificados por esos seguidores de Lucifer, como gallinas y gatos negros, así como pintas en las paredes, alusivas al amo de las tinieblas y hasta un pentagrama en el ya vetusto piso de la mansión.

En ese viejo caserón se han cometido al menos dos asesinatos, el más reciente, hace unos cuatro años, cuando unos sujetos bajaron de un vehículo a un individuo y lo mataron de un balazo.

También, a corta distancia del espectral lugar, hace ya varios años arrojaron el cuerpo descuartizado de un sujeto que fue asesinado por su pareja, ambos veracruzanos. El cuerpo había sido mutilado y puesto en varias bolsas, tiradas cerca una de otra, en un radio de 100 metros a lo sumo. La asesina dijo que cometió el espeluznante crimen porque su marido la maltrataba mucho, además de que tenía varias amantes.

Pero la fama de sitio diabólico que adquirió la vieja y lúgubre edificación fue por historias que han pasado de boca en boca por los habitantes de esas comisarías, algunos ya con más de 90 años de edad, como don Filomeno Poot Yam, oriundo de Yaxché Casares pero que en sus tiempos de ejidatario pasaba casi a diario por la hacienda, y quien asegura que ahí se le apareció la legendaria Xtabay, y que despavorido corrió por el monte hasta llegar a su casa de paja, aunque afirma que en el trayecto la malévola aparición le desgarró su camisa de cotín y le hizo unos arañazos en la espalda, e incluso sintió fétido aliento a muerto de la bella mujer. Pero ésta es otra historia de terror.

Una de las leyendas que se cuentan de esta antigua finca es que cuando corría el año de 1910 y ya soplaban vientos revolucionarios en el campesinado de todo México, el entonces amo de la hacienda maltrataba a sus empleados, a los que tenía casi como esclavos. Incluso, el día de la paga los humillaba arrojándoles, desde el balcón principal, las monedas al piso para que las recogieran.

Fue así que en una ocasión cuando el hacendado regresaba en su carruaje, luego de un largo viaje por Europa, los campesinos, molestos y envalentonados porque la Revolución ya había estallado en todo el país, bajaron del coche de caballo al déspota patrón y lo mataron a machetazos en la mera entrada de la hacienda. Entonces aquí viene la parte fantasiosa del relato, cuando se cuenta que los verdugos, para robarle el dinero que traía, lo bolsearon, pero al hacerlo notaron que debajo del pantalón del muerto, éste tenía una cola de diablo. Leyendas que le agregan los ancianos que cuentan esta tétrica historia.

Otra narración tenebrosa sobre esta finca, basada en una publicación del periodista Jorge Moreno, conocido investigador de lo paranormal en tierras de Mayab, es la que cuenta que cuando la hacienda estaba en su máximo esplendor, de pronto los dueños decidieron dejarla y abandonarla. Los empleados que ahí trabajaban se ofrecieron para darle mantenimiento, pero los propietarios se los prohibieron, pues les dijeron que la casa estaba maldita.

El origen de esa maldición, decían, estaba relacionado con una pareja de enamorados que pronto contraería nupcias, pero en la época de las grandes haciendas, cuando la "Casta Divina" era dueña de la vida de sus empleados, aún se practicaba el "derecho de pernada", o sea, que la novia tenía que pasar su primera noche con el amo, entregándole a éste su virginidad.

Sin embargo, esa bárbara costumbre no era practicada por el dueño de la hacienda de Cholul, pero su capataz, que estaba enamorada de la joven que pronto se desposaría, quiso hacer valer ese "derecho".

El caso es que unos días antes de la boda, la futura esposa fue a visitar a una amiga, que era la amante del capataz, y estando en casa de ésta la muchacha se sintió mal y tuvo un desvanecimiento, por lo que su anfitriona la acostó en una hamaca y salió por ayuda. En ese momento llegó a la casa el capataz, que aprovechando que su novia no estaba y que la joven próxima a casarse se hallaba desmayada, la poseyó.

Tras la violación, la joven mancillada le contó todo a su futuro esposo, que estaba ebrio en ese momento celebrando sus últimas horas de soltero. Este, enfurecido, tomó su machete, fue a ver al capataz , lo mató y le cercenó el miembro, el cual arrojó a los perros. Sin embargo, cuando se le bajó la borrachera, arrepentido de su horrendo crimen terminó ahorcándose en un árbol en los terrenos de la hacienda.

Se cuenta que los padres del suicida practicaban la brujería, por lo que maldijeron el lugar para siempre y entonces los empleados y la servidumbre empezaron a asegurar que veían el cadáver del novio colgando del árbol, o la fantasmal figura del capataz penando por la hacienda, además de que empezaron a ocurrir otras calamidades, como una gran baja en la producción de henequén que provocó la pobreza en todo el lugar hasta que sus dueños decidieron abandonarla definitivamente.

Otra historia, un tanto más fantasiosa, cuenta que el dueño de la hacienda viajaba mucho y dejaba sola a su joven esposa y a sus dos gemelitas, por lo que la mujer, de la que algunos campesinos decían que era bruja, empezó a practicar la zoofilia (relaciones sexuales con animales) con un caballo negro que había en el establo de la hacienda.

El caso es que un día llegó el patrón y sólo encontró a las pequeñas mellizas, quienes estaban con las sirvientas y no con la madre. Empezó a buscar a ésta y un mozo le dijo que la había visto entrar en el establo. Entonces el marido se encaminó al lugar y cuál fue su sorpresa que descubrió a su esposa fornicando con el equino. Ofuscado, tomó un machete y asesinó a la "infiel" y luego, ya en plena enajenación, también victimó a sus dos hijas, para luego quitarse la vida de un balazo.

Entonces, tras la desgracia, los peones abandonaron la hacienda y ésta quedó en ruinas.

Estas son las tres escalofriantes historias que rodean la fantasmal construcción, pero ninguna está plenamente comprobada. Ya el lector sabrá si cree o no en estas macabras narraciones. Pero lo que sí es una realidad es que ahí, como señalamos al principio, algunos practicantes de hechicería van por estas fechas a realizar ritos diabólicos y que también ha sido escenario de al menos dos espantosos crímenes.