Desde hace tres semanas la zozobra de lo incierto se alberga en sus corazones, pues prácticamente todos los vecinos de esta arteria son testigos de que entre la 01:00 y las 05:30 de la madrugada, lo que catalogaron como un llanto lastimero se entrelaza en el viento desgarrando la noche sin explicación lógica.
“Uno tiene miedo porque parece que está en la ventana; al principio pensamos que era el aullido de un perro, pero un perro no te pone los pelos de punta, además de que los perros de la colonia se quedan callados, miran hacia los mezquites pero no ladran ni se acercan, como si tuvieran miedo”, relató Paulina, vecina del lugar, quien afirmó que desde ese entonces su familia no ha podido conciliar el sueño.
El fenómeno sonoro nace en el predio a cielo abierto que se encuentra ubicado a un costado del campo deportivo “Chacho” Córdoba, entre un conjunto de mezquites, pero a la fecha ningún vecino ha logrado avistar algún ente físico que ponga fin a su incertidumbre.
“Sabemos que miedo debemos tener a los vivos, pero esto sí te estremece. Los perros como que ven algo y de ratito se viene el grito muy fuerte; mi hija se levanta como a las 5:15 para ir a la prepa y todos los días la escucha, me dice: mami platícame, pero platicamos y se oye más fuerte, es un grito sostenido”, dijo Paulina, quien tiene su hogar justo frente a la arboleda.
“La primera vez (que la oyeron) salimos a buscar a ver qué era pero no encontramos nada, el sonido se escucha en la calle y se va alejando; pero como ya tenemos muchos días así, ya hasta nos juntamos en el porche a platicar con los vecinos mientras esperamos a que se escuche el llanto”, agregó la mujer, quien da albergue en su patio a los incrédulos sólo para compartir el miedo que provoca el sonido.
“Nosotros (su familia) tenemos por costumbre juntarnos en las noches para platicar, pero estos días la gente viene porque aquí es donde se escucha primero; yo trato de ya no hacer caso, si quiere que grite, ya fueron muchos días sin dormir”, explicó Paulina.
La supuesta presencia fantasmagórica aparece después de un silencio profundo de los animales caseros y de corral que habitan el lugar.
“Ya tratamos de tomarlo a juego pero sabemos que se va a oír algo cuando los animales se quedan atentos al monte y no se mueven, como si vieran algo que los asusta, y de ratito viene el llanto”, sostuvo Paulina, quien agregó que su sobrino logró grabar en video el lastimero quejido.
Ramón Zamora es el jovencito, quien venciendo el miedo y alimentado por la curiosidad, se apostó en su hogar por la madrugada para celular en mano tratar de capturar el fenómeno.
“Son como cuatro quejidos largos pero no se escuchan perros al fondo, sólo el llanto, pero sólo alcancé a grabar uno de los lloridos antes de que desapareciera”, dijo el preparatoriano.
La versión de estas personas fue reforzada por Zoila López y Ernesto Luna González, también vecinos del lugar, quienes a diferente hora han lidiado con el miedo que provoca este sonido.
“Primero escuchas como un quejido, luego un llorido profundo, como un eco pero bien recio que hasta te levanta.
La recámara la tenemos atrás, pero en cuanto la escuchamos mi marido y yo salimos corriendo para ver si de perdido la conocemos, porque ya lleva todo este tiempo que no nos deja dormir” manifestó Zoila López, con un dejo de resignación y risa mezclados.
La mujer, quien tiene 21 años de vivir en esta colonia, relató que son varias las vecinas que han decidido prender veladoras y esparcir agua bendita en su hogar, como medida para alejar lo que aseguran es un alma en pena.
“El sonido se queda en los porches, retumba, yo he escuchado seguidos cuatro lloridos súper recio y se te enchina la piel; en el grupo de oración de la colonia ya hasta pedimos para que el alma descanse en paz, porque no es cuestión de que una o dos personas la haya escuchado, ya somos todos”, refirió Zoila López.
Por su parte, Ernesto Luna González, comerciante y vecino, detalló su encuentro con lo que aseguró es el alma de “La Llorona”.
“Eran alrededor de la 1:15 de la madrugada del sábado, iba para mi casa cuando escuché el llanto de una señora, la expresión de dolor era indiscutible, no escuché que hablara, pero gritaba llorando de una forma que se le pone a uno el cuero chinito”, dijo el entrevistado.
Al cuestionársele sobre la existencia de alguna leyenda en el lugar que llevara a algún indicio del temor colectivo, comentó que en la época de la Revolución, supuestamente el lugar era utilizado para fusilar a los enemigos.
“A este lugar le decían Estancias de Caballada, era lugar de paso para los vaqueros y los antepasados decían que aquí se hacían zanjas y enterraban a los fusilados, pero ahorita escuchar a una mujer quejándose es algo alarmante.
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