Por lo menos hoy, el andar de trasnochadores, el tránsito de vehículos, son ecos que permanecen ahí mientras otros duermen.
Esos ruidos se escuchan en toda la calle Victoria. Unos metros después de pasar Xicoténcatl, sobresale una tienda azul que permanece ahí desde hace varios días bajo un árbol.
Es el nuevo “hogar” de un trabajador que durante 27 años ha ofrecido sus servicios a la Clínica del ISSSTE y que hoy se siente ofendido, humillado.
La situación no es para menos, el ver mandos que permanecen como piedras gigantes sin que puedan ser removidas, aun cuando obtuvieron un lugar con presunta documentación apócrifa, obligó a Bernardo Moreno a plantarse ahí, afuera de donde hasta hoy sigue siendo su centro de trabajo.
Los 2 grados centígrados que alcanza la temperatura ambiente durante la madrugada, producto del frente frío número 11, no son un razón para que renuncie a su sueño, ése que comparte con cientos o quizá miles de derechohabientes que desde hace casi dos años piden a gritos atención médica, medicamentos y, sobre todo, un trato respetable de las autoridades que encabezan esta institución.
JUNTO A UN ÁRBOL
En un momento de desesperación, con un grillete ató sus plegarias a un pino, quien lo ha acompañado durante las primeras 100 horas de su odisea.
Su mundo se reduce a un espacio de dos por dos. Durante la noche duerme, en el día se levanta, se sienta, platica con la gente, y vuelve a su tienda de campaña para dormir un poco. Ésa ha sido su rutina durante la última semana, días en los que su estómago no ha recibido un bocado.
El organismo ya resiente y le pide a gritos que renuncie, pero su corazón se niega a abandonar sus ideales, sigue al pie del cañón. No será tan fácil renunciar a esta protesta, la cual llegó luego de una serie de represalias en su contra por pedir un buen trato, un ambiente de trabajo digno y exigir su derecho a la salud.
CON DOS COBIJAS
Apenas se oculta el sol, Bernardo se protege con un suéter y encima se pone una chamarra, no parece muy cálida, pero es suficiente para impedir que el frío se cuele por debajo de su ropa. Encima un pants, doble calcetín, y tenis. Esto ayuda a soportar un poco las bajas temperaturas que le roban el sueño hasta que se queda dormido por un par de horas, esto si la vida nocturna del primer cuadro de la ciudad se lo permite.
Dos cobijas son suficientes para seguir adelante, una la sacó de su casa, la otra se la regaló un amigo quien, preocupado por su situación, se apiadó de él y se la entregó para minorar el embate de las bajas temperaturas, las cuales hasta el momento no han sido factor para que le pase por la cabeza renunciar y continuar su vida normal como si nada hubiera pasado.
Son las 4:00 horas y el cansancio le gana, tiempo en el que la circulación de vehículos cesa, al igual que el paso de transeúntes. Los sonidos que anunciaban la llegada del fin de semana se convierten en un silencio total que hasta hace que se escuchen los latidos del corazón. Ese que no ha parado, sigue palpitando, cada vez con más fuerza, con más firmeza.
Comenta que nunca imaginó estar en esta situación, quizá la fortaleza la trae de su Torreón querido, la llamada “Ciudad de los Grandes Esfuerzos” donde aprendió a seguir sus ideales, sus sueños, y a luchar por lo que le pertenece.
Allá dejó una parte de su familia, los 12 hermanos que procrearon sus padres siguieron su camino en otras partes de la República e incluso en los Estados Unidos. Hoy kilómetros los separan, pero un teléfono móvil los une.
Ese aparato está ahí, debajo de las cobijas, mientras Bernardo lo ve con tristeza, como en espera de tener noticias de sus hermanos o de sus hijos, los cuales se negaron a esta huelga, a este grito de desesperado; sin embargo, él renunció hasta a su sangre con la intención de hacer el cambio, ése que tanto añoran adultos, ancianos, y niños que hoy, carecen de un buen servicio de salud.
Apasionado por la vida, comenta que el tiempo que pasaba con sus hijos y que hoy no tiene se ha convertido en una losa cada vez más pesada.
Cuando parece que va a flaquear, saca fuerza de la nada y retoma su camino, algún día entenderán sus tres adolescentes a quien les dijo “Cada quien sus ideales; yo te respeto los tuyos, tú respeta los míos”, y salió de su casa para no regresar, no hoy.
Amanece un día más y espera, ¿qué? Ni él lo sabe, no ve un futuro claro, sólo ve pasar frente a él injusticia cuando los mandos llegan a su centro de trabajo. Sólo voltean, sonríen sarcásticamente y siguen su camino. No hay respuesta a su huelga, ni habrá, comenta.
Aún así, no puede renunciar, ahora representa a miles de personas que todos los días se acercan y de una u otra manera lo alientan a seguir adelante, a pesar de que su sonrisa es cada vez menor, y sus ojos conforme pasan los días se entristecen más ante la falta de justicia. Ahora sólo se apiada de la justicia divina, ante la falta de la justicia del hombre.
» Bernardo Moreno se encadenó a un árbol en la calle Victoria, justo enfrente de las oficinas de la Delegación del ISSSTE.
» El trabajador del organismo demanda la renuncia de Andrés Barba, delegado estatal, debido a las numerosas fallas en el servicio médico, principalmente.
» Desde que inició la huelga, no ha probado alimento, sólo se le ha proporcionado suero para que no se deshidrate.
» Durante 27 años ha sido trabajador de la Clínica del ISSSTE y aprovechó su periodo vacacional para protestar.
| Comparte ese artículo: |
|



