Monclova, Coah.- Apenas iban a dar las cuatro de la mañana de este lunes y Sotera Valles Aguirre ya se había levantado. La mujer, sexagenaria igual que su esposo, se encaminó al Bulevar Gustavo Galaz, en su natal Castaños, para abordar a las seis en punto un autobús que los llevaría a Paredón, Coahuila, para visitar a “La niña Adriana”.

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“Ya van como diez veces que voy a ver a “la niña”, comentó la mujer, devota seguidora de Adriana y del Niño Fidencio. “Tuve un tumor canceroso detrás del hombro derecho y ella me curó: el tumor ya no creció, y ya no me duele. Antes lloraba mucho, por las noches me volvía loca del dolor... pero gracias a la niña ya puedo dormir bien”.

Actualmente la fama de Adriana Pérez Ayala -mejor conocida como “La niña Adriana”-, es la razón principal de la trascendencia del ejido.

La joven, que actualmente está por cumplir 19 años, es conocida más allá de los límites de Coahuila porque presuntamente posee el don de aliviar todo tipo de males gracias a la ayuda de Dios y el Niño Fidencio, el legendario curandero originario de Espinazo, Nuevo León.

De lunes a viernes, Adriana recibe pacientes llenos de fe y esperanza que buscan acabar con sus propios males o los de sus familiares.

Durante la visita de Zócalo al ejido el pasado lunes, “La niña” recibió cuatro autobuses ocupados a su media o máxima capacidad provenientes de Monclova, Saltillo y Múzquiz, así como de Apodaca, Nuevo León. Así mismo, acudieron a pedir su ayuda cerca de 25 familias que llegaron al lugar a bordo de sus propios automóviles.

Entre los fieles visitantes a la casa de la familia de Adriana, quien vive con sus papás, se cuenta que ella no cobra por atender a los enfermos. Sin embargo, mucha gente ha sabido aprovechar para su propio beneficio la fama de la joven: alrededor de su hogar se ofrecen tacos, refrescos, recuerdos y paletas de hielo.

Además, dentro de la casa se venden algunos de los productos que la misma Adriana receta, así como llaveros y fotografías con su imagen y rosarios.

LA CASA DE “LA NIÑA”

Justo al descender del autobús, los representantes de cada línea de transporte se aproximan a la casa de Adriana.

Ahí, reciben de manos de uno de los colaboradores de Pérez varias fichas enumeradas para repartir a los pasajeros, quienes de esta manera tendrán su turno asignado para entrar a verla.

Para cuando el camión de Monclova llegó al hogar de Adriana, cerca de las 8:40 de la mañana, los turnos ya superaban los 115 “pacientes”. A Sotera y a su esposo, Francisco Alemán Hernández, les tocan los turnos 130 y 131.

“La niña hace sus cosas con seriedad, pero es muy linda gente”, dice Sotera, mientras trata de encontrar un asiento libre en el atiborrado pasillo del hogar de Adriana, que ya estaba repleto de personas que esperaban su turno.

“Yo supe de ella porque la anunciaban en el radio hace años. La primera vez que vinimos, este hombre -dice, dirigiéndose a su esposo- no creía en nada. Esa vez le trajimos a una hija, estaba chiquita... en un descuido que tuve se metió tres cotonetes en el oído y se andaba quedando sorda, no oía nada. Aparte le salían sangre y pus”.

Según la mujer, gracias a Adriana -quien tenía 9 años en aquel entonces- su hija se curó sin necesidad de someterla a una operación para extraerle los hisopos.

“Me dio un aceitito para mi hija para que se lo pusiera en los oídos”, prosiguió Sotera. “Después, cuando ya estuvimos en la casa, uno a uno los cotonetes se le salieron solos de las orejas. Yo misma me di el gusto de romperlos”.

El pasillo de la casa, que funge como “sala de espera”, está contiguo a un cuarto cerrado en el que Adriana atiende a los enfermos.

Las paredes de dicho pasillo, pintadas de celeste, están tapizadas de fotografías y testimonios escritos que dan fe de los supuestos poderes de la joven.

Según los documentos, firmados por gente oriunda de varias partes de la República Mexicana, Adriana ha sido capaz de curar úlceras, tumores, ceguera, problemas en los riñones, quistes en los ovarios, dolores en los huesos e incapacidad de procrear, sólo por mencionar algunos males.

Así mismo, por doquier hay imágenes de Jesucristo, La Virgen de Guadalupe, Juan Pablo II y por supuesto, del Niño Fidencio.

Por último, bocinas instaladas en el techo del pasillo reproducen una y otra vez cánticos dedicados al Niño.

“La niña no cobra nada”, dijo Alemán, quien visitó a Adriana por unos dolores que padece en la pierna izquierda.

“La gente le puede dejar algo, pero no es obligatorio. Ella lo que quiere es curar a la gente, no cobrarle... tampoco exige que le compren sus rosarios”.