Saltillo, Coah.- Palmas solitarias, interminables planicies y cerros inhóspitos donde casi nadie detiene la mirada, son la materia prima que nutre la obra del paisajista Carlos Farías.

El resultado, en parte, de la observación de aquellos parajes solitarios se conjuga en la muestra “Tierra y Piel en Gris”, que fue inaugurada ayer en el Museo Rubén
Herrera.

Una cierta serenidad caracteriza la obra de Carlos Farías, sus trazos delicados y sus colores tenues provocan una sensación de sutileza, y sus interminables paisajes inspiran lo que el desierto: una infinita reflexión.

En “La Cresta”, por ejemplo, el color de los rayos del sol apenas acarician la piel de una montaña y en “Cerro de 14” la neblina parece un manto que cubre un solitario cerro, poblado sólo por una pequeña familia de palmas.

Fascinación por el paisaje

Para Carlos Farías, la observación es básica para su trabajo y disfruta perderse en el desierto, porque es un lugar “donde puedes enfrentarte a ti mismo” y además porque le permiten “abstraer algo para plasmarlo en su obra”,.

Sumergido en esos paisajes, el pintor saltillense explota sus sentidos, distingue el olor de las hierbas desérticas, de los cactus, las palmas y la gobernadora.

Farías recuerda cómo en su infancia se subía al techo de su casa para observar la ciudad, así aprendió a ver el tiempo transcurrir inalterable y esa misma práctica la realiza ahora: desde algún cerro cercano adivina el murmullo de la ciudad.
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