Tags: saltillo, prueba de confianza, polígrafo
Saltillo, Coah.- ¿Estamos en el año 2010? No, en el 2011. La respuesta que ella dio fue incorrecta, porque la calma había sido interrumpida por los nervios de estar sentada frente a un monitor. Parece sencillo responder cuando nada esconde, pero la mente ha entendido que será sometido a prueba y el cuerpo, inevitablemente, reacciona.
Este aparato, que se parece a los equipos de las unidades de cuidados intensivos que registran los signos vitales del paciente, muestra los cambios fisiológicos involuntarios de una persona sometida a un estímulo; en este caso, a un interrogatorio.
Cuando una pregunta amenaza al entrevistado, entre otras razones por el temor a ser descubierto en algo que quiere ocultar, se producen alteraciones en el pulso, en la frecuencia cardiaca, en la tensión arterial y en la respiración.
El polígrafo los detecta y los traduce en curvas graficas, que un experto del Centro de Evaluación y Control de Confianza de la Fiscalía General de Coahuila debe analizar para determinar si hay reacciones indicativas de que miente o dice la verdad.
La primera impresión que ella tuvo al someterse a la prueba del polígrafo es la de estar sentada en una silla eléctrica. Hay cables que rodean el pecho y el abdomen, aditivos con sensores que se conectan a los dedos, una faja en el brazo igual a la de los aparatos para tomar la presión sanguínea y bajo los pies, dos tablas negras sensibles. El cubículo es pequeño y las paredes son blancas, nada cuelga de ellas ni tampoco algún objeto que pudiera distraer a quien se tiene bajo el polígrafo.
Cinco preguntas frente al polígrafo computarizado fueron lanzadas al aire. Cada movimiento del cuerpo y sus sensaciones se traducen en curvas de colores en el monitor, donde se monitorean las respuestas, así se interroga a los encargados de la seguridad pública de Coahuila, desde los altos mandos hasta los policías municipales.
Saúl Garduño, director del centro, asegura que la prueba tiene una confiabilidad de 99%. Tal vez en ese uno por ciento restante, alguien pueda dominar su mente y manipular a su cuerpo, pero bajo la presión que ejerce sobre el cuerpo pareciera casi imposible.
“Se evalúa bajo esquemas confidenciales y la prueba dura cerca de 4 horas en una entrevista personalizada, a puerta cerrada y con un experto polígrafo, capacitado por el CISEN en la Ciudad de México”.
“¿Te gusta tu trabajo?” Sí, contesta ella. Y las curvas de colores suben y bajan en el programa computacional. Esa misma pregunta se puede realizar a los empleados de la Fiscalía coahuilense y decenas más. Nadie, salvo los polígrafos, tiene acceso a los cuestionarios.
Los cuestionarios son confidenciales y si se sospecha de alguien en particular, se añaden preguntas en las que pudiera reflejar indicios de su culpabilidad.
Desde el 20 junio de 2009, cuando inició operaciones el centro, se han llevado a cabo más de 6 mil evaluaciones y a la fecha en el estado los mandos superiores y medios han sido valorados en su totalidad, mientras que actualmente se evalúan a las corporaciones municipales.
El polígrafo, junto con las pruebas toxicológicas, psicológicas, médicas y socioeconómicas cuestan mil 200 pesos al Estado. Todas son realizadas por personal capacitado, bajo estándares confiables y acreditados con parámetro y protocolos de seguridad nacionales e internacionales.
En el Centro de Evaluación y Control de Confianza trabajan 63 coahuilenses especializados en polígrafo, psicología y manejo de personal, lo que coloca a Coahuila como el tercero de siete estados que cuentan con este nivel de certificación.
El monitor es un espejo de los sentimientos y emociones que habitan a la persona en ese momento. El interrogatorio finaliza y el cuerpo se relaja. El personal del centro ayuda a retirarse los sensores y aditamentos.
“El examen poligráfico fortalece los niveles de confiabilidad, se ha dicho que si repruebas el polígrafo repruebas control de confianza, pero no es así, éstas son pruebas integrales, con resultados integrales, cada una aporta elementos para el resultado final, no sólo se puede evaluar un solo aspecto” afirma Saúl Garduño.
El silencio impera en la sala, los resultados son favorables.
LA VOZ NO MIENTE
Frente al micrófono uno tiene que leer en voz alta 50 palabras que parecen comunes, pero que 10 de ellas no pueden fingirse, ninguna persona las pronuncia de la misma manera. “Las lee en voz alta, por favor”.
Perro, casa, compañero, hijo, padre… la lista parece interminable, mientras se registra la voz a través de un programa de grabación especializado y en el que automáticamente se genera un archivo de audio, que después sirve para aportar elementos en casos de extorsión telefónica.
La Torre Eiffel, la Muralla China, el Calendario Azteca y otras siete imágenes también se tienen que describir ante el micrófono que está sobre el escritorio gris y del que detrás está sentado un empleado del centro de confianza.
Éste, como la mayor parte de las áreas en donde se realizan las pruebas, son espacios pequeños que buscan mantener concentrado a quien está presentando las pruebas. No hay olores, ni sabores, ni distracciones, sólo un ambiente sobrio y serio.
Garduño explica que el Centro de Evaluación y Control de Confianza tiene como base evaluar y certificar la confianza de las personas que trabajan en el área de seguridad. El control de confianza forma parte del esquema de profesionalización de los policías, busca los valores sólidos en el sustento de la cultura de la legalidad.
Opera un sistema de selección, sostiene el funcionario estatal, que facilita la selección del personal, instrumenta un proceso riguroso y sistemático del personal en activo y proporciona elementos que faciliten la toma de decisiones para que pueda ingresar al sistema de seguridad pública.
En la evaluación toxicológica, que la mayoría de las veces es sorpresa, se realiza bajo un plan de trabajo para visitar las policías municipales, a donde se trasladan agentes del Ministerio Publico, abogados, químicos y personal del centro.
Las pruebas psicológicas se realizan por computadora y de forma escrita, así como la investigación socioeconómica, en la que se estudia el estilo de vida del aspirante, lo que gana él y su familia, que concuerde con sus bienes materiales, que en suma son aplicadas en un plazo no mayor a los cuatro días.
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