“Primero me sentía muy mal, estaba deprimida porque yo quería verlos caminar, correr, como los demás niños, pero no era así”, platicó la joven madre de 36 años.
A César, de 10 años, desde que nació se le detectó un tumor en el cerebro, en un lugar donde no era posible operar, pese a tratamientos que pudieron conseguir por medio de donativos de médicos, el pequeño tuvo daños que hoy lo dejan imposibilitado para caminar y hablar, aunque el milagro esperado sucedió, el tumor de César desapareció.
Lizeth tiene tan sólo 7 años y, al poco tiempo de nacida, le fue detectado hidrocefalia, dejándola al igual que su hermano con secuelas físicas y mentales.
Desde hace dos años, los pocos ingresos familiares que ascienden a 800 pesos a la semana, han obligado a sacar a sus hijos de los tratamientos que necesitan para sobrellevar sus males.
“Ya lo voy superando gracias a Dios, y unidos mi esposo y yo le damos batalla y la ayuda, como el doctor que me daba los medicamentos, y ahora ellos se han puesto en el camino gracias a Dios, como una esperanza, ojalá nos puedan ayudar”, comentó.
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