En el marco de la celebración del Día Mundial del Autismo, hay en México más de 40 mil niños a quienes se les detectó algún grado de retraso, pues esta enfermedad no tiene una sola cara, sino varias, y siempre cambiantes. En nuestro país, uno de cada 750 niños es diagnosticado autista.
La Asamblea Mundial de Salud describe el autismo como un trastorno neurológico, el cual afecta el funcionamiento del cerebro y causa problemas de interacción social, comunicación verbal y no verbal, así como cambios en los patrones de comportamiento.
Las causas de la disfunción cerebral neurobiológica no es clara, pero hay una diferencia en la capacidad intelectual; también en los autistas, el habla y el lenguaje no aparecen o lo hacen tardíamente.
Un autista es difícil de detectar a edad temprana, dado que los síntomas se confunden con los de un pequeño retraído, incluso chiflado, o también con los de otras enfermedades que tienen características similares, como el Síndrome de Asperger. Hasta el cuarto mes de vida, algunas veces, el bebé autista puede pasar desapercibido, pues es cuando los padres generalmente notan que no hay respuesta o reciprocidad, ya que no extiende los brazos, no llora, no pide las cosas, o señalan.
El autismo afecta cuatro veces más a los hombres que a las mujeres, y se dice que obedece a mutaciones genéticas, pero puede existir en cualquier etnia o cultura, ya que cada vez se tiene un mayor registro de casos, probablemente porque ahora el diagnóstico es más eficiente que en décadas anteriores.
En algunas ocasiones son personas altamente agresivas, sin embargo, las caras del autismo son diversas y variables, pues en los casos más extremos, los autistas no logran articular palabra, mientras que otros son excelentes escritores.
UNA VIDA ‘NORMAL’
Los grados son diversos: el más grave es aquel en el que el autista no puede hablar ni comunicarse de manera alguna, mientras que un grado mínimo de autismo es cuando el pequeño se comporta retraídamente, sin interactuar con otras personas.
Sin embargo, ser autista no es sinónimo de fatalidad o desesperanza, pues dependiendo del nivel de afectación es la posibilidad de que el niño pueda realizar ciertas actividades que le permitan, de cierta manera, ser menos dependiente.
Los niños aprenden mediante la repetición, ya que se concentran en pequeños detalles, como las rutinas, las cuales adoptan y llevan a cabo con religiosidad, y es imposible, o más bien poco probable, que se salgan de ella durante toda su vida.
Así es Luis Fernando, adolescente autista de 18 años, quien viste a la moda, perfectamente combinado con su playera cuello polo y sus bermudas en tonos caqui, sin una sola arruga o mancha, a pesar de que acaba de realizar su paseo por el jardín.
Luis Fernando es uno de esos amantes de la perfección, de la rutina, ya que todos los días se ducha al menos dos veces al día, pues es obsesivo de la limpieza; también se viste, se peina, y se perfuma; para quedar igual que siempre, como está acostumbrado a verse.
Así son algunos de los niños autistas, que mientras presentan deficiencias en algunos aspectos de su comportamiento, como la interacción social, en otros se desarrollan en verdad, como en el caso del autismo leve. Niños y jóvenes pueden tener una existencia feliz y funcional cuando reciben oportunamente el tratamiento adecuado, pero para lograrlo necesitan ayuda médica y el apoyo de su familia, la cual debe hacer a un lado los estereotipos sobre lo que es normal.
Desprenderse de los prejuicios y del concepto de “normal” es lo primero que deben hacer los padres de un pequeño con este padecimiento, quien se comportara de todas las formas imaginables, e incluso las que la imaginación no alcanza a entender. Hay quien lo padece a una baja escala, por lo que esa persona podrá estudiar una carrera o tener un trabajo, pues desarrollará el lenguaje y la interacción social; sin embargo, no todos se comportan igual.
DE LA MANO
Si bien el autismo no tiene cura, es altamente tratable mediante programas educativos de modificación de conducta, los cuales deben aplicarse pacientemente por los padres de familia o familiares, así como por maestros o especialistas.
En Vida y Autismo es una asociación civil que fue conformada por ocho familias en octubre de 2007, sin recursos, pero con amor y ganas de sacar adelante a los niños que enfrentan este padecimiento, llevándolos de la mano, mostrándoles el mundo, y enseñándolos a percibirlo y reaccionar ante él. Actualmente, la asociación civil atiende a 35 niños con terapias y atención especializada de lunes a viernes, escuela para padres, así como con actividades recreativas los sábados, en los que se integran a los padres de familia y a la sociedad en general.
La inquietud de Vida y Autismo es el futuro de quienes padecen esta enfermedad, pues son personas que no están integradas en el sistema educativo, dado que asisten a los Centros de Atención Múltiple, CAM, incorporados a la Secretaría de Educación Pública, pero al cumplir los 15 años ya no reciben atención.
A decir de Orta Canales, el programa educativo de los CAM especifica que será hasta los 15 años que los pequeños con alguna discapacidad serán instruidos ahí, pues una vez completada la edad requerida, son canalizados a talleres laborales en los que se trata de enseñarles algún oficio, no obstante, con quienes padecen autismo no se puede.
“Los niños autistas son personas agresivas en algunas ocasiones, que no te pueden manejar un martillo, un horno caliente por ejemplo, que son los oficios que se les enseñan ahí”, señala Orta Canales. Ahora, Vida y Autismo pugna por un lugar especial en las escuelas integradoras, con un tratamiento adecuado para los autistas, lo que les ha sido negado en innumerables ocasiones, bajo el argumento de que no se puede hacer diferencia con cada discapacidad.
Buscan un futuro prometedor para sus niños autistas, pues el plan de la asociación civil es instituir una microempresa que les permita desenvolverse y sostenerse económicamente, ya que hay en otros estados del país casos exitosos ya documentados, como DOMUS, una lavandería en la que, con la ayuda de asesores, los jóvenes trabajan por ellos mismos una vez que aprendieron rutinas.
Otro plan es la construcción de una casa de retiro para autistas, ya que, como en todos los casos de discapacidad, existe entre los padres el temor por el destino y bienestar de sus hijos una vez que ellos fallezcan.
ALERTAS
Síntomas de autismo en los niños:
» Casi nunca atiende cuando se le llama.
» No señala con el dedo para mostrar su interés.
» No ha desarrollado el lenguaje oral o ha perdido esa capacidad.
» Tiene lenguaje, pero lo usa de manera repetitiva. Además, no se refiere a sí mismo correctamente (por ejemplo, dice: “Tú quieres comer”, cuando quiso decir: “Quiero comer”).
» Ríe o llora sin motivo aparente.
» Prácticamente no reacciona ante lo que ocurre a su alrededor.
» Parece que no se interesa por los demás.
» Sonríe poco y no mira al rostro de la persona que tiene enfrente.
» Generalmente no se relaciona con otros niños y no los imita.
» No suele mirar hacia donde se le señala.
» Es muy sensible a ciertas texturas, sonidos, olores o sabores.
» Tiene movimientos extraños, repetitivos.
» Hace berrinche y se resiste a cambios ambientales o de rutina.
» Tiene apego inusual a algunos objetos o a estímulos concretos.
» Usa los juguetes de manera peculiar (girarlos, tirarlos, alinearlos).
» No participa en juegos sociales, simbólicos o que requieren imaginación.
» Sus juegos son repetitivos.
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