Discriminación de género
La primer barrera es sin duda la más conocida, no porque se haya tratado de la primera en levantarse o por ser la primera que se derribó, sino porque es la que puede potencialmente afectar al mayor número de personas en el mundo, la discriminación hacia las mujeres. Poco más del 50% de la población mundial son mujeres y estas han sido históricamente relegadas a un lugar secundario en el manejo de los destinos del mundo. Existe un vínculo entre la discriminación hacia las mujeres y el sistema económico, toda vez que el poder económico estuvo siempre en manos de hombres y las pocas mujeres que sobresalieron siempre llevaron el estigma de querer destruir el orden establecido. La primer barrera que cayó fue la llamada liberación femenina o lucha por la equidad de derechos de la mujer y que se inicia con la simbólica conquista del reconocimiento del derecho al voto femenino. Este proceso de eliminación de la discriminación hacia la mujer aún continúa, pero los progresos son muy importantes. Angela Merkel, por ejemplo, primer ministro alemán, una mujer que lleva los destinos del país más poderoso de la euro zona. Cierto que aún falta mucho por hacer, puesto que la mayoría de las conquistas han sido institucionales, pero aún falta el campo de batalla del día a día. Jefes que para promover a una mujer le piden favores sexuales, modismos y chistes ofensivos, así como la promoción del cuerpo femenino como mercancía ó aparador publicitario. Todas conductas que podemos considerar justificables, difusas ó hasta inocentes.
Discriminación de raza
La segunda barrera también es muy conocida porque se trata del icono de la discriminación, la discriminación étnica. Es conocido por todos el famoso discurso de Martin Luther King Jr. “I have a dream”, del 28 de agosto de 1963. Este discurso habla del día en que esa segunda barrera caería finalmente. Cuando en 1994 Nelson Mandela se convirtió en el primer presidente de piel oscura de Sudáfrica, país donde hasta 1991 se tuvo institucionalizada una política de segregación racial, parecía que esa barrera había finalmente caído. Más aún cuando en noviembre del 2008 Barack Obama se convirtió en el primer presidente de esa misma etnia de los Estados Unidos, país conocido en todo el mundo por su particular xenofobia y tendencias racistas. No obstante la aceptación de los miembros de “raza negra” en la sociedad estadounidense, aún persisten conductas discriminatorias hacia ciertos grupos por motivo de su origen étnico. No solo en los Estados Unidos, donde ahora el blanco son las personas de origen “hispano”, sino también en nuestro propio país. De acuerdo a los datos del INEGI, en México los estados con mayor población indígena como Chiapas y Oaxaca también son los que presentan un menor índice de Desarrollo Humano, lo que demuestra que en nuestro país persiste una discriminación hacia las etnias originarias. Expresiones tales como “indiorante” resultan peyorativas, despectivas. La exacerbación del “orgullo azteca” cuando juega la selección pero al mismo tiempo la negación de cualquier vínculo directo con “los indígenas” hablan de una hipocresía cultural que es discriminatoria por temor al qué dirán. Nuevamente, estas son conductas que podemos considerar justificables, difusas ó hasta inocentes.
Discriminación de preferencia sexual
La tercer barrera es la barrera de la preferencia sexual. Si bien la liberación sexual tiene relativamente poco tiempo y se ha visto opacada por la vinculación directa con la expansión de la pandemia del VIH, la aceptación de la diversidad sexual comienza a cristalizarse en el discurso institucional con hechos tales como la legalización de los matrimonios homosexuales que ya son una realidad en el Distrito Federal y otras entidades del país. Por el relativo poco tiempo que lleva esta lucha, aún es mal vista la existencia de conductas como el trasvestismo y el transgénero, las cuales con otras expresiones de sexualidad más allá de las etiquetas de gay ó lesbiana. Incluso, la comunidad lésbico-gay aún es rechazada en muchos lugares por el sólo hecho de su preferencia sexual. Si bien es cierto que en algunos ámbitos las personas homosexuales ya son plenamente aceptadas, aún existe entre la mayoría de la población el estigma de “maricón” y “marimacha”, utilizados inclusive para insultar, así como las presiones y falta de apoyo por parte de los familiares, lo que dificulta aún que estas personas se manifiesten abiertamente sobre su preferencia. Los chistes, las burlas, el rechazo de los “putos”, son conductas que lamentablemente podemos considerar justificables, difusas ó hasta inocentes.
Discriminación por clase social
La cuarta barrera es la barrera de la condición socioeconómica, la barrera capitalista por definición, como lo describía Marx, la famosa lucha de clases. Esta es una barrera que apenas está comenzando a ser atacada. Con las manifestaciones de los movimientos de “los indignados” y similares se pone énfasis en el malestar que existe especialmente entre la población joven ante la falta de movilidad social. “Hijos de la prole” es una expresión que se hizo famosa en México gracias a la hija del principal contendiente a la presidencia del país, una joven que ha vivido toda su vida rodeada del lujo y comodidades y que poco puede entender realmente de ese país que su padre aspira a gobernar. Sin embargo, su expresión demuestra el desprecio que, así como ella, tienen muchas personas adineradas hacia los estratos socioeconómicos medios y bajos. Como muestra, se tienen a las dos jóvenes detenidas por agredir a unos policías en Polanco, en la ciudad de México, el insulto que profirieron fue: “asalariado”. Es una realidad la discriminación por motivos socioeconómicos, como si el haber estudiado la carrera en una universidad privada diera garantía de capacidad, cuando en la realidad se demuestra lo contrario. Ningún premio Nobel ha dado la educación privada a México, la Universidad Nacional Autónoma de México ha dado dos, Mario Molina y Octavio Paz. Esta barrera es una realidad cuando se discrimina socialmente al que no posee vehículo, cuando se estigmatiza al que no puede comprar ropa de marca, al que no puede pagar la entrada al antro de moda, cuando se rechaza al que no es sujeto de crédito. Uno de los mayores obstáculos para combatir la congestión vial en las ciudades en México es el hecho de que el vehículo es símbolo de estatus. De hecho, la avidez de dinero para adquirir un medio de escapar de la discriminación socioeconómica es tan poderosa entre muchos mexicanos que por eso la delincuencia organizada siempre tiene una base social alimentándola. Todas estas son conductas que podemos considerar justificables, difusas ó hasta inocentes.
Discriminación a personas con capacidades diferentes
La quinta barrera es la barrera de las capacidades diferentes. Si bien es cierto que la tasa de empleo de las personas con capacidades diferentes ha aumentado en los últimos años, también es cierto que cuando llega un momento difícil, son ellos los primeros en perder el empleo. Respecto a las ciudades y ambientes construidos, a pesar de que en otros países se han logrado avances significativos, en México la accesibilidad para estas personas es aún deficiente. Existen personas con capacidades diferentes que han sido reconocidos en ámbitos como la música y el deporte, pero rara vez consiguen el éxito que tienen sus pares normales. Por otro lado, cabe destacar que un científico que es considerado de los más brillantes de finales del siglo XX y principios del siglo XXI, Stephen Hawking, sufre de parálisis casi completa de su cuerpo. Actualmente consideramos normal la existencia de personas con capacidades diferentes pero pocas veces nos ponemos a reflexionar sobre el verdadero límite que la sociedad les ha impuesto para su crecimiento personal. Aún recuerdo en la elección presidencial del año 2000, cuando ciertas personas me comentaban sobre el candidato Gilberto Rincón Gallardo, diciendo que ellos no votarían por él, porque no podían “imaginar al país siendo gobernado por alguien deforme”. Eso es discriminación, pero también son conductas que podemos considerar justificables, difusas ó hasta inocentes.
Discriminación por la apariencia
La sexta y última barrera, esa que no se ha tocado aún, sencillamente porque es la más difícil de vencer, implica derribar los más profundos condicionamientos que se nos han sido impuestos, los condicionamientos sobre lo que es bello y lo que no. La sexta barrera es la barrera del aspecto físico, de la apariencia. No se trata de un asunto de modas, ni de un asunto de vanidad, sino de un tipo de discriminación del que casi no se habla sencillamente porque hacerlo implicaría aceptar que las concepciones actuales de belleza son una imposición. En nuestra sociedad la belleza y el aspecto físico están sobrevalorados. La discriminación, la estigmatización por motivo de la apariencia física es real. Tan solo con ver la televisión nos damos cuenta de eso, tan solo con mirar las revistas de moda esto se hace evidente, inclusive en el requisito que algunas empresas solicitan de presentar un currículum vitae “con fotografía”. La discriminación es la negación sistemática de las mismas oportunidades que al resto de la población. En este sentido, a los que poseen sobrepeso, a los que tienen baja estatura, a los que sus rostros no corresponden mínimamente con el modelo anglosajón de lo atractivo, a todos ellos se les niegan sistemáticamente oportunidades. Este tipo de discriminación es el más común en el día a día. ¿Cuántos jóvenes agregan a alguien a sus redes sociales sólo porque les gustó la foto del perfil?, ¿Cuántas mujeres rechazan a un hombre solo por la apariencia?, ¿Cuántos empleadores rechazan personas con sobrepeso argumentando que no son suficientemente proactivos? ¿Por qué en las películas y series de televisión se nos trata de imponer un modelo de belleza que para empezar ni siquiera corresponde con la realidad mexicana? Esta es la barrera más difícil de derribar porque implica confrontar los gustos de las personas, gustos que les fueron impuestos desde el sistema económico como modelo de lo aceptable. Y en este terreno, que tiende a ser demasiado del ámbito privado, la estructura institucional tiene poco que hacer. Especialmente con este tipo de discriminación, las conductas mostradas las podemos considerar justificables, difusas ó hasta inocentes.
México le ha comprado sus estereotipos a los Estados Unidos, pero mientras que en la sociedad estadounidense estos estigmas han servido para reafirmar la identidad nacional al diferenciarse de “los otros”, en México además de segregar, la aplicación de estos estereotipos conlleva un profundo enquistamiento de cada uno de los grupos resultantes, porque en México, como no se cumple completamente con los parámetros impuestos por el “American Way of Life”, además de separarse de “los otros”, por medio de la discriminación hacia los demás se trata de probar la pertenencia al “nosotros”.
Aún falta mucho camino por recorrer, pero lo que falta debe pasar necesariamente por un cambio interno de cada ser humano a fin de reconocer los comportamientos discriminatorios que cometemos. Pero también debe pasar por una aceptación, primero por una auto aceptación total para posteriormente pasar a una aceptación de los demás sin necesidad de medirlos según parámetros diseñados por un sistema económico cuyo único objetivo es el de generar ganancias.
Fuente: JOIN
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