Eduardo García| Saltillo, Coah.- Gualberto Aguilera Fuentes confiesa que cuando su esposa murió y sus hijos se casaron se vio inmerso en una soledad avasalladora, se dio por completo a la bebida, a tal grado, que no sabía ni dónde comenzaba el día ni dónde dormía por las noches.

“Siempre andaba borracho, hasta que un día terminé durmiendo la mona en la municipal”, dice sobre el día que lo detuvieron.

Era 25 de diciembre, lo recuerda porque se la pasó de cantina en cantina con sus camaradas, “dizque festejando”, comenta con una sonrisa torcida, pues al dirigirse a su domicilio golpeó un automóvil y lo último que recuerda son los barrotes de la prisión.

“Pos sí, andaba ‘hasta atrás’, pero pos ya cuando caes al hoyo, pos caes y no te queda de otra más que aguantarte”, expresa resignado.

Según Gualberto, el encierro le sirvió para darse cuenta que su vida todavía tiene sentido, pues sus hijos, desde que está preso, han acudido sin falta los días de visita para estar con él para apoyarlo, sin embargo él no permitió que le pagaran la fianza, prefirió trabajar al interior del Cereso y hacerse responsable del monto total, que asciende a 3 mil 900 pesos.

“Durante siete meses he estado trabajando en la maquiladora, ahorrando, y gracias a Dios ya completé la fianza, así que dentro de pocos días ya estaré libre”, dice orgulloso de sí mismo por el logro obtenido.

Asegura que la cárcel le cambia la vida a cualquiera; a sus 43 años, Gualberto pensaba que nada podía sorprenderlo, pero sus compañeros le han dado una nueva y mejor visión del mundo, pues a pesar de los diferentes conflictos emocionales de cada interno, la lucha por superarse es un común denominador entre ellos.

“Trabajé como trailero más de 19 años y viví muchas situaciones, pero nada comparado con lo que se vive encerrado con esta gente, aquí sí que estás completamente solo, y unos hasta la vida se quieren quitar”, agrega.

Pero las experiencias también fueron positivas porque, con todo y las actividades de rutina, a Gualberto a veces le parecía que el tiempo no transcurría, por lo que decidió aprender a cocinar y a trabajar la madera.

“Nunca me pasó por la cabeza que yo pudiera hacer cuadros, mesas o repisas, no sabía ni cocinar un huevo con frijoles, se me hacía muy complicado, pero aquí aprendí”, dice orgulloso.

Ahora lo más importante para Aguilera es recomenzar la relación que creía perdida con sus hijos, darle seguimiento a su recuperación de su adicción a través de Alcohólicos Anónimos, para no recaer en la bebida y evitar mayores consecuencias, pues a pesar de lo aprendido tras las rejas, es una experiencia que no desea repetir.












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