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El Mundo | Madrid.- James Joyce (Dublín, 2 de febrero de 1882– Zúrich, 13 de enero de 1941) moría al poco de comenzar la Segunda Guerra Mundial. Su nieto, Stephan Joyce, se convirtió con el paso de los años en el único familiar vivo del autor de “Ulises”, pasando a gestionar toda la herencia de su abuelo. Pero su excesivo celo por proteger la integridad de su familia (de su abuelo y su tía Lucía, de personalidad perturbada) le hicieron impopular, ya que boicoteaba las iniciativas que surgían en las que se usaba material de su ascendiente: cobraba regalías casi por cualquier cosa, incluso por citarle.
Cuando en 1991 parecía que todo iba a resolverse, ya que en esa fecha los derechos de autoría literaría expiraban pasando la obra a ser de dominio público, una nueva ley europea amplió el plazo original de protección de los derechos de autor de los 50 hasta los 70 años.
Pero 2012 ha llegado, poniendo fin al excesivo empeño del albacea, que llegó incluso a destruir más de mil cartas que había recibido Joyce de su hija Lucía. Los derechos de autoría, protegidos durante 50 años y su posterior ampliación hasta 70, han imposibilitado también la investigación académica en torno a la obra del autor. Afortunadamente, ya se pueden publicar y citar sin referencia o pago obras como “Dublineses”, “Retrato del Artista Adolescente”, “Ulises” y “Finnegans Wake”, según informó el diario “The Irish Times”.
Pero Joyce no ha sido el único intelectual (ni seguramente sea el último) que ha visto mermada la difusión de su obra por la legalidad imperante. Antes ha habido otros, tal y como resumía el diario “The Independent”: la hermana de Jane Austen quemó casi todas sus cartas y probablemente los familiares de Lewis Carroll arrancaron hojas de sus diarios.
En otras ocasiones, son los propios escritores los que interfieren en la difusión de su obra: Beckett dejó especificado que ninguna mujer debía tener un papel protagonista en su obra dramática “Esperando a Godot” y Mary Shelley o Kafka solicitaron que sus cartas se quemaran tras su muerte.
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