No obstante de haber pertenecido a la organización saltillense, donde prácticamente comenzó su carrera, el originario de Río Bravo, Coahuila, también reconoce la labor de los Tigres de Cancún, a quienes llegó a dirigir y admira por la entrega de cada uno de sus jugadores en el terreno de juego, lo cual los ha caracterizado a través de los años y se ha reflejado en la constancia que han logrado en los playoffs.
Neutro, esa es la palabra que menciona el ex ligamayorista al referirse a estos dos conjuntos, no tuvo preferencia por alguno en la Serie Final en la que su expresión fue: ¡va a ganar el que juegue mejor!
Hoy, después de que Saraperos obtuvo el título, Mora considera que los más beneficiados con este “regalo” son los aficionados, quienes habían mantenido la esperanza viva durante muchos años, esperando ese campeonato que por fin se ha dado.
“Hay que sufrir para merecer”, dice, y eso es precisamente lo que le sucedió al conjunto verde; sufrió pero ganó, tuvo muchos obstáculos que pudo superar para llegar a conquistar el máximo anhelo de un equipo.
Recordando su experiencia en la final del 71 refiere: “Sentí tristeza cuando perdimos con los Charros de Jalisco, claro que duele, y qué bueno que hoy estos muchachos lograron el campeonato que se nos negó en aquella ocasión”, menciona, “el beisbol es infinito, nadie te dice que las cosas son fáciles”.
Andrés Mora se siente satisfecho por el desempeño de Saraperos y Tigres en la Serie Final; ambos lucharon para llegar a ella y fue un premio haberlo logrado.
Sin embargo, tenía que haber un campeón y hoy se dio; Saraperos logró la corona que nunca había tenido y que ahora comparte con toda su afición.
Marcelo Juárez
El “ya merito” quedó en el pasado; la supuesta maldición que persiguió a los Saraperos durante muchos años ha quedado borrada con el título logrado en este 2009.
El legendario Marcelo Juárez, jardinero central en los inicios del equipo saltillense, fue uno de los jugadores a los que le pesó de sobremanera el haber quedado con esa marca, la cual inició con las derrotas de Saraperos en las finales de 1971, 1972 y 1973.
A pesar de los resultados, el ex sarapero no considera como fracasos el no haber podido conseguir el título en esas tres ocasiones, pues, para él, las circunstancias de los partidos se dieron de tal manera que el equipo saltillense no pudiera ganar.
“En el beisbol pasan muchas cosas, nada está escrito y tiene que haber un ganador, desafortunadamente nos tocó a nosotros ser el equipo que perdió y a raíz de eso nació el mote del ‘ya merito’ por la cercanía que tuvimos para lograr el campeonato”, menciona.
“Es una situación que de alguna manera pesa porque uno fue parte de aquellos juegos que significaron el comienzo de esa frase”, dice, “qué bueno que ahora ya todo quedó en el pasado, que esa supuesta maldición queda borrada con este triunfo”.
La primera derrota de 1971 fue dolorosa; Juárez recuerda que la frustración y la tristeza estuvieron presentes en él y en sus compañeros por mucho tiempo.
“Fue una situación que no podíamos aceptar, se sentía un ambiente de suma tristeza y no había nada, ningún consuelo en ese momento, veíamos a los otros (Charros) cómo ellos disfrutaban de ese título, ese título que estuvimos acariciando y que se nos fue de las manos, pero que hoy ya tenemos y nadie nos lo va a quitar”, indica.
Ahora habrá que pensar en otra frase que sustituya el “ya merito”; Saraperos es campeón, nadie se lo puede quitar, se escribe una página más en su historia, la mejor página que puede tener este libro de recuerdos.
Felipe
Es raro no verlo en los juegos de Saraperos, apuntando algún análisis o recordando una vieja jugada en el palco de prensa del Parque Madero. Su expresión entusiasta, apretón de manos enérgico y una sonrisa clara, proyectan una vitalidad en el ex sarapero casi inusitada en un hombre de su edad. Sin embargo, como un fiel apasionado del beisbol -además de haber jugado el deporte ráfaga- es paciente en su silla a la hora de pensar, descifrar la estrategia de los mánager actuales y cimbrar con un aplauso los oídos de la prensa en el momento cuando encuentra la clave.
Así vive Felipe Leal el beisbol desde Saltillo, y ahora también lo narra desde una cabina de radio. Pero según sus palabras, hoy lo disfruta más evocándolo y sobre todo su etapa enfundado en el Sarape.
“El 70 fue el primer año (para Saltillo). Se empezó aquí y dijeron: ‘¿qué necesitamos hacer para que se levante el equipo?’ Y compraron jugadores. Fue un año bueno, porque la gente fue, querían beisbol. Habían tenido Liga Central, era una región netamente beisbolera. Entraron al 70, una temporada bajo par, porque lógicamente entras con un equipo de expansión, no hay jugadores buenos. El siguiente año don Jorge invierte y con el equipo ganamos la división, (cuando) nos toca jugar contra Jalisco”, relató.
Nacido en Matamoros, Tamaulipas, desde niño el ex sarapero se mantuvo en una condición física envidiable, conservándola en la actualidad.
“Toda mi vida ha sido alrededor del deporte…Tuve la oportunidad de jugar del lado americano basquetbol, luego fui a la universidad con una beca de beisbol en Edimburgo, Texas; jugué en la Liga Otoñal con Saltillo; he estado en la Liga Norte de Coahuila; jugué 15 años en la Liga Mexicana y 11 en la Liga del Pacífico”, expresó.
“Yo firmé con los Diablos Rojos del México, era mi equipo, fue el equipo que me scouteó con Ramón ‘Hachita’ García; ya me habían scouteado varios años, porque yo jugué en la Liga Norte de Coahuila y en la Liga Otoñal, prácticamente te ven 3 ó 4 años, pero yo quería jugar en Estados Unidos”, hasta que lo logró con los Angelinos de California al ser vendido por los pingos de México.
Sin embargo, una leve lesión en el brazo lo obligó a regresar a México, y bajo la custodia de Tomás Herrera, su antiguo mánager en Diablos Rojos, entró a los Saraperos de Saltillo en el 71.
Tras jugar sólo una temporada en el equipo, Leal dejó estampado su recuerdo en la memoria de la afición al lograr el título del mejor serpentinero en repartir “chocolates”, pues en el ’71 registró 223 abanicados; además, obtuvo el récord de mayor número de ponches en el Madero con 16.
Más tarde, cargó sus maletas y se marchó con todo y su potente brazo a Puebla, Monterrey, Chihuahua, Laredo y Tampico.
No obstante, como ha sucedido con algunos peloteros de la franela verde, el encanto de las mujeres saltillenses los ha sujetado a la ciudad del Sarape.
“Aquí me casé, conocí al amor de mi vida y aquí tengo viviendo desde el 80; prácticamente yo ya soy saltillense, con excepción de que me fui 6 años de director de deportes a Tamaulipas”, explicó.
| Comparte ese artículo: |
|



