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Logra maestra Primer lugar estatal en evaluación docente

Siboney Alvarado

En el marco del Día Internacional de la Mujer, que se conmemora este 8 de marzo, la maestra Ana Elizabeth Peña Wong comparte...

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Piedras Negras, Coah.- En el marco del Día Internacional de la Mujer, que se conmemora este 8 de marzo, la maestra Ana Elizabeth Peña Wong comparte su experiencia tras obtener el primer lugar de la evaluación docente en Coahuila, en la clave de directiva en educación especial.

Cuando la maestra Lizzy, como le llaman sus allegados, decidió estudiar una carrera profesional, antes de pensar en dedicarse a la educación, su primera opción fue la medicina. Por razones económicas de su familia, lo que creyó que sería su vocación fue reemplazada por lo que hoy forma parte de su vida: La educación especial.

El empeño que ha cimentado durante 31 años de trayectoria no ha sido producto de la casualidad, ni tampoco el resultado que obtuvo al colocarse en primer lugar en el estado dentro de la Evaluación de Desempeño Docente 2015, aplicada en noviembre por conducto del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), creado en 2002, por decreto presidencial.

En su caso, la evaluación fue para reafirmar su permanencia al frente de la Dirección de la Unidad de Servicios de Apoyo a la Educación Regular número 37 (USAER), que ocupa como comisionada desde hace seis años; esto, de acuerdo a lo que estipula la cuestionada reforma de educación en México.

Peña Wong es originaria de Piedras Negras. Aquí estudió a finales de los años 70 en la desaparecida Escuela Normal Básica, para después migrar durante cinco veranos a la Normal Regional de Especialización de Saltillo, de donde egresaría como licenciada en deficiencia mental.

“En 1984, en el primer año que ingresé a la licenciatura comencé a trabajar en el Centro de Atención Múltiple de Allende junto a dos maestras, fuimos pioneras de la entonces Escuela de Deficiencia Mental, que no existía físicamente, nosotras tres fuimos casa por casa a buscar a los alumnos con discapacidad intelectual o síndrome Down”.

Narra que ante la falta de integración e inclusión que existía en esa época, era común que los padres mostraran resistencia para que sus hijos con necesidades educativas especiales recibieran educación.

“La presidencia municipal en aquel entonces con el presidente Tito Rocha, nos asignó a una persona que nos guiaba a las casas en donde había niños, así comenzamos, nos prestaron el antiguo edificio de Correos en la parte de arriba, ahí trabajamos las maestras que íbamos diariamente desde Piedras Negras, fue una experiencia muy bonita porque fue de comenzar de cero”.

Entrevistada en la intimidad de una austera oficina que forma parte de su área de trabajo, dentro de las instalaciones del CAM 34, hace en escasos minutos, un recorrido por sus recuerdos. Vestida con la formalidad de la maestra tradicional, con un blazer en color blanco y blusa roja, enmarcado su look por discretos accesorios en oro, imprime emoción en sus palabras cuando habla.

“Personalmente yo quería estudiar medicina, ese siempre ha sido mi gusto, pero como no había tantos recursos para irme fuera, le dije a mi mamá, dame chance de estudiar enfermería, pero como ella era enfermera, me dijo que sí era muy bonito, pero eligiera otra opción, así terminé la Normal, pero sentía que no era lo que yo necesitaba”.

Recuerda que con el apoyo de su mamá, María Wong Guerrero y su familia, se inscribió en la especialización y al conocer el contenido de la carrera, se dio cuenta que sin estar relacionado directamente con la medicina se acercaba a lo que ella buscaba.

“Desde hace seis años soy directora, pero en la tarde sigo siendo maestra especialista, es algo muy emocionante, me gusta mucho trabajar con los alumnos, con los padres y con los maestros, es algo que me apasiona; 31 años de trabajo te enseña muchas cosas, te sensibiliza, te ayuda a no quedarte ahí, siempre estás en la búsqueda de nuevas estrategias, de nuevas alternativas”.

“Los maestros no estamos asustados por un examen”
Ante las críticas que han girado en torno a la evaluación de los maestros, sobre todo en el interior del país, la maestra Lizzy asegura que los maestros no están asustados por un examen.

“Estamos asustados de las formas, te dicen: Si no lo presentas te podemos correr, puedes perder esto, no es un incentivo, no es que no lo quieras hacer, se puede decir de otras maneras, es lo que se exige “para” cuando nosotros estamos dispuestos “a”, porque el mismo desarrollo profesional te lo exige, el primer principio pedagógico es lo que marca: Centrar la atención en el alumno y en sus necesidades”, dice.

“Siempre hemos estados abiertos a evaluarnos, sabemos que tenemos que ir a cursos para poder estar actualizados, para ir a la vanguardia de lo que te piden, pero quizá toda la revuelta ha sido por la forma en que lo te lo dicen, es lo que te implica estrés; con 31 años de servicio algo se me queda”.

La maestra Lizzy sostiene que al contar con 31 años de experiencia no estaba obligada a presentar la evaluación, cuyos resultados conoció en febrero último.

El examen, de acuerdo al INEE, debería estar orientado a maestros con cinco años a 20 años de trabajo, por lo que ella en virtud de esto estaría exenta.

Para presentar el examen que tuvo una duración de ocho horas, en un encuentro que se realizó en el Instituto Tecnológico de Piedras Negras, debió solicitarlo previamente a las oficinas de la SEP en la Ciudad de México y a la autoridad oficial en el estado. Presentarlo representaba un reto: Medir su capacidad frente a las exigencias de la nueva reforma.

“Fue un examen muy pesado porque fueron ocho horas frente a la computadora, las primeras cuatro de conocimientos, pedías permiso para ir al baño pero el reloj seguía, las otras cuatro horas fueron de hacer una planeación anual, fue sentir el apoyo de tu familia que te llevó el lonche, porque solo tenías una hora para comer y no alcanzabas para llegar a la casa”.

Para la docente, obtener el resultado más alto dentro de su categoría a nivel estatal es producto de la práctica que ha ejercido en más de tres décadas de servicio.

“Es bueno saber que cuentas con los elementos que te están pidiendo, al final de cuentas estamos en constante capacitación, saber que cuentas con los elementos que ellos necesitan encontrar en un directivo es satisfactorio y más porque últimamente hemos sido muy atacados, se cuestiona la capacitación del maestro, de alguna manera demostramos que sí lo estamos”.

Al preguntarle con quién comparte su exitoso resultado, hace una pausa y con quebranto en su voz por la emoción, atina a decir que con un montón de gente.

“Me da mucho sentimiento porque en los últimos años nos hemos enfrentado a diversas situaciones, he incluso hemos sido considerados obsoletos los maestros que tenemos más de 30 años de servicio, se cree que las evaluaciones están dando la pauta a los más jóvenes y el demostrar que somos capaces, vale la pena”.

“Comparto esta satisfacción con mi familia, me da mucho sentimiento porque puedes ver que ellos viven contigo tu esfuerzo, al ser sábado en la mañana y esperan que les hagas de almorzar y tú te vas a un curso...”, dice entre lágrimas contenidas.

“Ellos me vieron antes del examen subiendo evidencia a la 1:00 de la mañana, mi hija a un lado mío, porque no tengo todas las habilidades digitales que ellos necesitan, me vieron andando en todas las escuelas buscando evidencias... Asustada...”.

El niño del maletín
Antes de concluir, para la maestra Lizzy es imposible no mencionar una anécdota reciente que resume parte de las satisfacciones personales que ha encontrado a lo largo de su carrera como docente de educación especial.

“Hace años, llegué a una escuela como maestra de apoyo, había un niño que era relegado por todos, recuerdo que usaba un maletín, era un niño muy arregladito, pero no había accedido a la lecto-escritura, entonces como llegué como maestra especialista me lo mandaron, comencé a trabajar con él poco a poco, no aprendía a leer y escribir y batallamos mucho”.

“Seguía con su maleta, inclusive en la hora del recreo, todo mundo se burlaba de él, lo vi hasta quinto año en donde lo dejé, aprendió a leer y escribir y ya iba más o menos, me cambié de escuela y dejé de saber de él.

Hace algún tiempo estaba yo parada en la fila en HEB y veía que un señor joven se me quedaba viendo, yo me sentía incómoda porque se me quedaba viendo, se me acercó y me preguntó: -¿usted es la profesora Lizzy?-, y le digo: -Sí-, me dice: -Yo soy...-, y me da el nombre y me dice: -Ya soy doctor”-.

Para la docente, un examen de evaluación no es determinante, es más bien circunstancial.

“Quizá los maestros que no salieron suficientes fue por circunstancias adversas, no sabes qué les pudo haber pasado, si iban enfermos, si tuvieron algún problema, si la computadora fue algo que fue un obstáculo, un resultado de un examen no te dice que tu desempeño no es bueno, no es determinante, lo determina el perfil de egreso de los alumnos, ahí te puedes dar cuenta”.

“En lo personal, le doy gracias a Dios porque me dio el tiempo, la paciencia, porque fue un examen muy duro, porque tienes que estar frente a la computadora ocho horas y a mi edad, para los que no tuvimos desde un principio conocimientos de computación, implicó un mayor esfuerzo”.

En dos años más, la maestra Lizzy estará en edad de jubilarse, sin embargo, en tanto se llega el tiempo se centra en replantear sus metas y objetivos a futuro, por lo pronto se ha inscrito para presentar este año el examen de evaluación para la clave de director en otro turno.

“Implica seguir estudiando, seguir preparándome y seguir motivando a las muchachas que pertenecen a mi centro, tres de ellas que también van al examen y motivarlas que no dejen de estudiar y darle para adelante, no nos queda de otra”, finaliza.
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