Revista Saltillo | De nada valdrá su tono, sus ojos húmedos al hablar y el temblor que se percibe en sus manos, Jonathan seguirá siendo residente del albergue Ejército de Salvación porque su madre prefirió la vida con su nueva pareja, y no recuerda cuándo fue la última vez que vio a su padre.

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Su abuela, con más de 70 años, es su única familia. La ve cada viernes, junto con sus primos y vecinos. Allá en la colonia Loma Linda Jonathan tiene contacto con la realidad. “Me gustaría ser doctor cuando me saquen del albergue, porque sí me gusta estar aquí, me dan de comer y duermo bien, no me gritan”.

Jonathan es parte del grupo de niños en situación de riesgo dentro del albergue Ejército de Salvación, él, igual que el resto, refleja en la mirada el daño que a su corta edad les ha dejado la irresponsabilidad de sus padres.

De nada les vale ya llorar, son niños que no piden más que comida y techo; muchos son retraídos, otros inquietos. Un recorrido por cuatro albergues evidencia la tristeza y el sufrimiento que a corta edad la vida les ha mostrado, las historias son crudas en la voz de los inocentes.

La violencia doméstica que se vive en los cientos de hogares coahuilenses, aunada al crecimiento de consumo de alcohol y drogadicción lleva a los padres a maltratar y desatender a los hijos. Existen 48 albergues en el estado, de los cuales 44 son privados y cuatro públicos.

El problema es grande y grave. Estadísticas de la Procuraduría de la Familia en Coahuila revelan que 733 menores se encuentran en albergues; 279 internos por la dependencia y 454 voluntarios, son niños que tienen de 2 a 15 años.

Los casos de abandono, ya sea en casas hogar, orfanatos, viviendas o en la calle son reportados a la Procuraduría de la Familia, entidad encargada de recibir a los pequeños e iniciar una investigación, explica la titular, Teresa Araiza Llaguno.

“Al recibir a los menores abrimos un expediente para integrar los datos de los niños, agotamos todas las posibilidades para localizar a algún familiar que pueda hacerse cargo del menor”.

La dependencia informa que los tipos de maltrato infantil más frecuentes son omisión de cuidados, maltrato físico, psicológico, abuso sexual, abandono y explotación laboral.

De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), los casos más dramáticos de maltrato infantil se dan en países como Estados Unidos, México y Portugal, donde 80% de las personas que agrede a los menores son sus padres biológicos, mientras que el 20% restante se refiere a familiares, profesores y vecinos.

“Los internan por situaciones económicas, para que tengan una educación más rígida, para sacarlos del entorno en que viven, pues hay peligro; sin embargo, estos niños los vigilamos para estar pendientes de que no se rompan las obligaciones que tienen los padres con ellos, porque a lo mejor un niño que entra voluntariamente, después puede convertirse en un caso de riesgo”, explica Araiza Llaguno. “Antes no se consideraba el alcoholismo y drogadicción como causante, pero llegamos a ver que cuando este tipo de adicciones no son controladas, el niño se la pasaba en el albergue, porque los papás recaían y su estancia con ellos les hacía una vida insegura”, ejemplifica.

Se trata de evitar largas estancias de los niños en estos sitios, por lo que la Procuraduría otorga un plazo perentorio para que se tome una decisión sobre el proyecto de vida del menor, máximo seis meses, pero al niño que no lo visitan en tres meses, al mes se puede iniciar el proceso de la pérdida de la patria protestad.

En este sentido, Araiza Llaguno menciona que antes de las reformas al Código Civil del 28 de diciembre de 2008, si en un juicio de pérdida de patria protestad los demandados no daban respuesta, el caso se turnaba a segunda instancia. Ahora esto no sucede, pues se termina en la primera instancia y se le da la oportunidad de que en menos tiempo el menor acceda a otra familia.

LA CICATRIZ DEL ABANDONO


El ruido se escucha al fondo, parece que proviene del patio de La Casa de los Niños. Risas infantiles y suaves voces que platican provocan un ambiente nostálgico que llega hasta la oficina de Victoria Ramos del Bosque, directora de la casa hogar.

En las paredes amarillas están pegados algunos dibujos que por sus formas parece fueron hechos por manos pequeñas. Con sus años de experiencia, Victoria afirma que la preocupación por los niños que quedan solos, producto del abandono de sus padres y la delincuencia, es una política que poco a poco se ha ido estableciendo en Coahuila, pero aún queda mucho por hacer.

Afirma que para que sea realmente eficaz, sus directrices deben venir de la propia sociedad y el Gobierno, a fin de crear condiciones que permitan mitigar, al menos en parte, el trauma que provoca en los niños el momento en que se ven solos, sin nadie que se preocupe por ellos. Casos de todo tipo que le han estrujado el corazón ha visto. Los esfuerzos se hacen en conjunto para recuperarlos y devolverles la esperanza de la niñez, la etapa en que los juegos y la diversión deben ser los protagonistas, no la violencia y el descuido.

Los cuerpecitos dicen más que las palabras.

Las miradas y el color de piel no pueden ocultar que el niño dejó de ser prioridad para sus padres.

“Físicamente se les ve el deterioro, presentan un retraso psicomotor importante algunos, mal nutridos, en ocasiones con desnutrición de segundo grado. Niños deprimidos por falta de estimulación, necesitan que los abracen, obviamente carecen de calor humano”, comenta Ramos del Bosque.

Ella relata que debido al cuadro depresivo con que llegan los niños, el sistema inmunológico baja y se vuelven enfermizos, lo que también se refleja en su inestable estado emocional.

“Cada niño reacciona de diferente manera, hay unos que cuando llegan son muy agresivos, otros hacen berrinche continuamente, otros se aíslan y se deprimen, otros duermen mucho. Cada niño es diferente y saca su problema emocional de alguna manera. Imagínate cómo se han de sentir si fueron agredidos por personas en la que depositaron toda su confianza, sus seres más cercanos”.

La Casa de los Niños lleva 11 años de trabajo y se creó para atender a niños que estaban en los cruceros vestidos de payasos, vendían chicles o limpiaban parabrisas, que principalmente provenían de colonias de la periferia de Saltillo.

Esta asociación ha definido un perfil para identificar al niño en riesgo: que viva en pobreza o pobreza extrema, que sus padres sean analfabetas o sin primaria terminada, vivan dentro de una familia disfuncional, que sean víctimas de violencia intrafamiliar, que algún miembro de su entorno directo sea adicto o que padezca una enfermedad incurable y/o presente una situación extraordinaria de abandono.

Los menores no duermen dentro de la casa hogar, pero cuentan con un expediente que incluye un estudio socioeconómico, ficha médica, así como evaluación pedagógica y dental, que es necesario para llevar un control, ya que dependen de familiares como abuelos, tíos o padrinos, y en algunos casos de madres solteras.

Dentro, a los 300 niños que atienden, les dan asesoría de español y matemáticas, además de servicio psicológico. Son menores de 6 a 18 años, 60% son niños y el resto niñas.

LA CRUDA REALIDAD

No era la primera vez que “Juanita” se iba sola de la escuela a su casa, en la colonia Morelos. Nadie iba por ella hacía un año. Ahora está sentada en una silla pequeña azul. Dobla la ropa en el dormitorio de las niñas en el albergue Ejército de Salvación, en la colonia Del Valle.

Tiene una capacidad para 40 niños, pero sólo 15 se encuentran internados. Su flujo ha disminuido debido a que en 2010 un caso de abuso sexual a una pequeña salió a la luz pública, causando revuelo sobre el funcionamiento y regulación de casas hogar en la entidad.

Sin embargo, la capitana Mercedes Vargas de Montalvo, quien hace apenas dos meses, junto con su esposo, tomaron el control del albergue de Saltillo, asegura que en Ejército de Salvación se busca precisamente eso: salvar a los niños de una deprimente realidad.

“Aquí llegan niños con necesidades económicas, hijos de madres solteras, viudas, divorciadas, separadas, incluso abuelas que tienen custodia. Mamás que trabajan por turnos y que de plano no saben qué hacer con sus hijos”.

Entran el domingo a las 5 y media de la tarde. Muchos son hijos de madres solteras.

“Queremos darles a los niños lo que no tienen en su casa, son niños que no tienen papás, que tiene problemas familiares y se trata de llenar esos espacios para que no caigan en vicios”. Ejército de Salvación es un lugar limpio, pero pequeño. Se mantiene de donativos, según explica la capitana Mercedes, y a través de actividades artísticas se pretende sanar el alma de los pequeños.

“Laura”, de 11 años, dice que está mejor en el albergue que en su casa. De hecho, no le gusta salir con sus abuelos porque se aburre. Pero la capitana Mercedes le dice “no chiquita, tú sabes que eso es parte de lo que se tiene que hacer para que todos estén bien”, y la pequeña sonríe.

Lleva un año en la casa hogar y ha mejorado en quinto de primaria. Tiene una amiga, “Ana”, una de las seis niñas con las que comparte el dormitorio. Aparentemente todo funciona bien en el albergue y no hay de qué preocuparse.

“A mí sí me pegaban, cuando no hacía caso y por la nada, porque mi papá tomaba mucho, desde que mi mamá se fue también le pegaba a mi abuelita, y entonces me trajeron aquí al albergue y aquí no me pegan”, asegura la menor. EN ESPERA DE UN FUTURO

Las historias de abandono se entrelazan, todas son parecidas, niños que fueron abandonados por sus padres o que salieron de su casa por malos tratos y vejaciones.

Niños que aún tienen a la madre que los orienta, aunque sea de lejos. Todos tienen cabida en la Casa Hogar San José, que forma parte de la Orden Lasallista y el Colegio Ignacio Zaragoza. Pero hay reglas, una de ellas es que al interior no se permite que el tutor o los familiares de los menores se desentiendan.

Laura Torres, trabajadora social de la casa hogar, explica que el perfil del niño que llega es el descontrol: no tiene horarios para comer ni para levantarse, no tiene clara la imagen de una autoridad. “No tienen un guía en casa, aquí se les pide que obedezcan las reglas. Que coman verduras, es cuestión de los valores, ellos traen una carga emocional muy fuerte”.

Recorriendo la casa San José, Laura explica que el grado de violencia e irresponsabilidad de los padres se ha acrecentado en los últimos años. “Los padres cada vez pierden más fácil el control y dicen: no puedo más, mejor lo entrego a una casa hogar o lo abandono, esto no puede ser así, el niño nació para crecer en familia, ellos son responsabilidad de sus padres”.

Las historias siguen. Como la de “Pancho”.

Lleva más de un año como interno y se ha superado, es tímido al hablar y evita contestar preguntas. “A mí me dejaban con mi abuelita, mi mamá se iba a trabajar todo el día y no tengo papá”, cuenta.

Tiene los ojos color miel y el cabello castaño. Afuera del salón de clases aguarda el recreo. Faltan dos minutos, sueña el timbre y corre a la cancha a jugar futbol.

A diferencia de otras casas hogar de Saltillo, la San José, como la de la Aldea Pepita de Valle Arizpe, monjas y hermanos lasallistas les dan apoyo espiritual, además de la comida y el trecho diario.

“Hay actividades de oración, de reflexión, son niños que aparte de un cuidado físico y psicológico, necesitan lo emocional, por eso se les enseña a orar, a que perdonen a sus padres, a que entiendan que la vida también tiene una parte espiritual”.

Se imparte una misa, que le sigue a las clases de ejercicios espirituales, a través de cantos, reflexiones y oraciones en grupo, pero no sólo a los niños, cerca de 80 que actualmente son atendidos, sino también a los tutores y las madres de los pequeños.

“Nosotros buscamos una recuperación de la familia, reconstruir el tejido que se rompió, pedimos a las madres que vengan una vez por semana a cumplir con dos horas de servicio, de lo que sea, aquí en la casa, porque es una manera de establecer la corresponsabilidad, y el niño sabe que está en una casa hogar, nunca se le esconde”.

Laura explica que después de una vida rota, resquebrajada en la infancia, hay una esperanza de recuperación, si de verdad se cuenta con el apoyo de la familia. Aunque es inevitable que la vida en el albergue marque a los niños.

“No hay manera de borrar que pasaste por un albergue, por una casa hogar. El hecho siempre estará ahí, forma parte de la historia de los niños, ese dejo de abandono, del rechazo, violencia, del descuido es imborrable, pero para eso existimos instituciones, para apoyarlos

‘LO HICE POR ÉL’

Aracely Ramírez es de cuerpo delgado. Tiene 31 años, pero aparenta más. Llena una tina de agua cerca de la cancha de la Casa Hogar San José. Es madre soltera y aún se pregunta qué pasó para que su familia se desintegrara.

“Éramos una familia muy feliz, no sé qué nos pasó, no entiendo todavía, sé que fue de los dos, pero no sé qué pasó”. Se atreve a contar su historia porque no quiere que la gente piense que es una madre desobligada.

“Yo lo hice por él, lo hice por él”, repite una y otra vez. Aracely dejó a Fidencio Javier, de 9 años, hace tres meses en la casa hogar. “Ya no lo pude mantener, económicamente mi ex pareja no me apoya con salario, yo trabajo y es muy poco, más que nada no tenía apoyo de quién me lo cuidara”.

Tiene tres hijos. El más grande se crió con su abuela materna y el otro está en segundo grado de preescolar. Mientras que Fidencio Javier pasa los días en la casa hogar.

“Estoy contenta porque el niño está a gusto, estoy muy a gusto yo también. “Es muy duro, pero lo hice para que 'mijo' salga adelante, yo gano 600 a la semana, estaba pagando renta y mi mamá me prestó un cuarto para que yo completara y aun así no completo”.

Aracely trabaja de 8 a 8 en una fábrica como operaria, “conecto puro cable para los carros”.

Hace semanas le fue diagnosticado un tumor en uno de sus senos. “Tengo un problema de salud, estoy enferma, también por eso lo hice, tengo la cita para el próximo mes para que me digan qué sigue, primeramente Dios que todo me ayude”.

La suegra de Aracely es la tutora del pequeño. Ella cada semana visita al menor para ayudarlo con sus tareas y apoyarlo emocionalmente.

En el futuro se ve con sus hijos, “¿Que cuál es mi proyecto a futuro? Tener a mis hijos, tenerlos conmigo, una familia, pero desgraciadamente ahorita no se puede”, dice con los ojos húmedos.

BAJO LA LUPA

Luego de que en agosto de 2010 saliera a la luz el abuso sexual de cuatro menores en el albergue Ejército de Salvación, y dicha instancia fuera clausurada temporalmente, los albergues y casas hogar de Coahuila deben regirse por el Reglamento para Instituciones Públicas y Privadas que Albergan a Menores de Edad en el Estado de Coahuila.

Aunque el documento solicita tener a la vista el plan de emergencia, previamente aprobado por la Subsecretaría de Protección Civil, así como la licencia para operar de acuerdo con el estatuto, en los albergues recorridos por Zócalo Saltillo no se encontró ninguno.

Los directivos de las casas hogar Ejército de Salvación, San José, Casa de Los Niños y Aldea Pepita de Valle Arizpe informaron que dicha papelería sí fue solicitada por la Procuraduría de la Familia y en ocasiones realizan inspecciones para conocer las condiciones en que viven los menores.

La casa Ejército de Salvación aún no contrata a la psicóloga y al especialista en nutrición, personal con el que debe contar cualquier institución de este tipo, de acuerdo con el citado reglamento, pues su directora, Mercedes de Montalvo, aseguró que no se cuenta con el recurso monetario, pero está en trámites de contratación.

Al respecto, la procuradora de la Familia aseguró que los 46 albergues operan bajo regla en la entidad.
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