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Ciudad de México.- Los problemas económicos orillaron a Omar Gato Ortiz a aceptar dinero de un vecino del fraccionamiento donde vivía.
Un amigo íntimo de la familia, quien por temor a represalias pide guardar el anonimato, explicó a Excélsior que la desesperación había llegado al tope, “incluso, con varios de nosotros mostró un descontento porque decía que lo habíamos olvidado, pero siempre lo apoyamos moralmente”, afirma.
En abril de 2010, el ex portero del Monterrey fue suspendido dos años por haber resultado positivo de la sustancia hidroxycut.
“Desde que se dio a conocer la sanción quedó cancelado su contrato con Rayados y por lo mismo, dejó de percibir un sueldo con nosotros”, afirmó Jorge Urdiales, presidente del club Monterrey.
Omar Ortiz, apodado el Gato desde los 19 años, cuando fue promovido al primer equipo con el Monterrey, es un hombre que confundió los caminos.
Obsesionado por su peso y los tatuajes —tiene más de 20 en todo el cuerpo—, quedó comprometido en su situación económica lo que obligó a que su esposa Jessica, trabajará durante el tiempo que estaba suspendido.
“Prácticamente vivía al día”, relata el amigo de la familia, “pero esto tiene poco. Un vecino se acercó a él al año de la sanción y comenzó a darle dinero para ayudarlo”.
El informante jura que en la familia Ortiz temen por sus vidas debido a que ayer por la tarde, la esposa del portero, Jessica, recibió una llamada del mencionado vecino para reclamarle de haber levantado el acta por la desaparición de su marido. En la familia creen que le están cobrando los favores del dinero prestado.
“Tiene poco: de octubre para acá cuando Jessica nos contó que llamaron al Gato para una comida. De ahí empezaron las preocupaciones, sólo sé que es alguien pesado del cartel del Golfo, aunque el Gato ya estaba más calmado porque pudo pagar la casa que tenían. Lo vi en Monterrey por esas fechas, cuando empezaba la liguilla. Estaba tranquilo, me dijo que esperaba que se cumpliera el castigo para jugar de nueva cuenta en abril.”
Omar Ortiz al principio de su desempleo impartió una clínica en una academia de McAllen, Texas, en una escuela de futbol privada, pero después se quedó sin sustento alguno y preocupado por dar dinero a los seis hijos que tiene, dos de un primer matrimonio y cuatro de su actual compromiso.
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