Matías es uno más en la extensa fila que busca empleo. En su casa sus dos hijas dejaron la preparatoria para emplearse, mientras que él se ha dedicado a la venta de artículos usados, dentro del empleo informal, sin olvidar el momento en que su vida se derrumbó.
“La pasa uno muy crítico, especialmente los que tenemos familia, ahorita ya no tengo (hijas) estudiando por lo mismo que estoy desempleado, mi hija estaba en la preparatoria y se tuvo que salir”, dice Matías Rodríguez, mientras sostiene su solicitud de empleo, pues desde septiembre perdió su fuente principal de ingresos.
“Yo me doy contra el suelo. Lo que sientes que te pasará es lo peor, en ese momento se derrumba todo, sentía que fue mi error, es mucha desesperación y estrés. Pasé casi 10 días pensando pero me liberé, ahorita sobrevivimos con el sueldo de mis dos hijas; una gana 800 pesos”, sostiene el padre de familia, quien se dedica además a vender en los mercados ambulantes.
Dentro de todo lo malo de la situación en el caso de Matías sus redes sociales han funcionado para sacar adelante su hogar acostumbrado a la estabilidad, pero la otra cara de la moneda se refleja en el lapso de aceptación de la pérdida del empleo que puede ser un factor de estrés peligroso para las personas.
LOS RIESGOS
“El desempleo es peligroso, sobre todo cuando el que pierde el trabajo es responsable de los hijos, es bastante peligroso para deprimirse y quitarse la vida, significa perder el porvenir, la seguridad de las necesidades básicas, como comer, tener techo y vestir a los hijos”, sostiene Jana Petrzelova, catedrática de la Facultad de Psicología en la UAdeC.
Sin embargo, la aparición del estrés, la depresión, la ansiedad y suicidio que puede desencadenar el desempleo dependerá de las redes de apoyo. “Deben ser factores protectores, por ejemplo el dinero ahorrado, u otras personas que trabajan que pueden sostenerme durante cierto tiempo”, dice la psicóloga.
Si no funcionan estas redes de apoyo, el individuo, que se encuentra en una situación de estrés o depresión, puede reflejar conductas como el insomnio, desorden en el régimen alimenticio, carácter conflictivo, poco tolerante y provocar crisis en pareja, y una comunicación agitada con quienes le rodean, hasta llegar a enfermedades psicosomáticas, como las cardiovasculares o gastrointestinales, y en otros de los casos el suicidio, advierte.
“Algunas personas están más expuestas al estrés… lo estamos viendo, los suicidios suben, son 5 casos en el mes o más, y tienen que ver con problemas existenciales y la pérdida de trabajo”, dice Jana Petrzelova.
MUJERES SALEN POR NECESIDAD
Sociológicamente hay otro ángulo para ver cómo afecta el desempleo en las familias, pues después de que el hombre es expulsado de las áreas productivas, la mujer busca emplearse también, algo que culturalmente el sexo masculino no está preparado para aceptar, y asumir su nueva función en la casa.
“Cuando el hombre pierde su lugar en el trabajo hay un desequilibrio social: más padres de familia en las casas y menos mujeres en sus casas, porque empiezan a autoemplearse para apoyar a su compañero, y no es malo, pero la autoestima del hombre se va de pique, hay más suicidios en hombres que mujeres, ese ser que era el más fuerte se ve minimizado por ellos mismos en lo que aceptan su condición”, señala Zoila Hernández Blanco, socióloga de la Facultad de Comunicación de la UAdeC.
Los papeles se cambian, menciona la socióloga. La estructura mental se cambia, hay una contradicción y si es una familia madura se cambian los papeles y siguen trabajando de la mano, en igualdad, pero si existe el pensamiento de que es ‘el hombre de la casa’, en su papel el hombre se va a las parrandas y se gasta lo poco que se tiene.
“Hay un detrimento de la estructura familiar porque el hombre no asume las nuevas responsabilidades y no hay una guía para los hijos, e inician los problemas”, manifiesta Hernández Blanco.
GUERRA DE FAMILIAS
La carencia de empleo ha desatado índices de actos violentos en los hogares. Expertas en el tema señalan que las cifras han aumentado hasta en un 80% a raíz de la crisis económica, pues mientras que en los primeros meses del año albergaban al menos tres casos, hoy están saturadas, fenómeno que antes sólo se repetía en verano.
“El desempleo lo consideramos como una razón para que desate un acto violento porque hay frustración en los hombres, porque en la construcción de cultura nos han enseñado que los proveedores son los hombres”, apunta Rosa María Salazar, experta en violencia intrafamiliar y Directora de la Red Estatal de Refugios para Mujeres.
Sucede entonces que en los hombres hay una gran frustración que se transforma en tensión y estrés y puede desencadenar en intentos de suicidio y adicciones como una manera de desfogarse, y actos agresivos más fuertes hacia su esposa, sobre todo cuando ella les empieza a proveer, pues se sienten dañados en su autoridad.
“El punto de desempleo como un detonador de violencia… lo hemos visto en nuestra curva de atenciones en el refugio. De julio a septiembre presentan los puntos más altos; octubre, noviembre y diciembre disminuyen los ingresos de familias. Pero este año es sorprendente. en todos los refugios estamos llenas y más en los de Saltillo donde hay casi 17 mujeres víctimas de violencia extrema”, apunta Rosa María Salazar.
Este fenómeno no se daba en años anteriores-. “Estamos a principios de marzo y desde que empezamos estamos llenos, cuando antes teníamos dos o tres. Aquí entra la teoría de que el asunto del desempleo tiene que ver en el incremento de violencia, y son mujeres de nivel 4 de riesgo”, indica la experta.
NEGRO PANORAMA
La crisis ha traído un 80% de incremento de violencia en los hogares coahuilenses, que se refleja aquí mismo en la Región Sureste, donde, según un estudio de la Fundación Luz y Esperanza, casi un 60% de las mujeres se encuentran en un nivel de riesgo, pues podrían llegar a matar a sus agresores o morir en sus manos.
Los suicidios suben pues, de acuerdo con la psicóloga Jana Petrzelova, son cincos caso cada mes y tienen que ver con problema existenciales y la pérdida de trabajo, cuando la persona busca falsos refugios y la vulnerabilidad es más grande en medio de los miles de hombres y mujeres que aún siguen sin empleo.
| Comparte ese artículo: |
|



