Piedras Negras, Coah.- Un prolongado cansancio, un agudo dolor de cabeza y continuos sangrados por la nariz, fueron los primeros signos de la enfermedad de Bryan Daniel Barrera Quintero, de 16 años. Cursaba el tercer grado de secundaria, cuando su estado de salud paulatinamente empezó a decaer.

De ser un adolescente lleno de energía, que gastaba casi siempre en sus cascaritas de futbol, con Jorge su hermano mayor y sus amigos de la colonia, cayó preso de la debilidad y el desgano.

María Elena Leyva, de 63 años y abuela del menor, atribuía los malestares al sol, hasta que los dolores de cabeza, después en la espalda baja se intensificaron, y su tono de piel adoptó un color grisáceo.

“En el ISSSTE, los doctores decían que era deshidratación, y lo mantuvieron con suero, pero al ver que cada vez se veía peor, una vecina me dijo que lo lleváramos a otra parte, ya no quería comer y el dolor no se le quitaba con nada”.

El dos de enero de 2011, tras semanas sin mejoría, finalmente su abuela llevó a Bryan a consultar a con un médico de una farmacia Similar, bastó ver el aspecto del joven para que el médico preguntara a los familiares si contaba con algún servicio médico de salud.

“Le dijimos que tenía ISSSTE y ordenó que lo trasladaran inmediatamente a la clínica, recomendó un estudio de médula ósea y fue hasta el momento que dieron los resultados que llegaron los especialistas: El diagnóstico fue Leucemia Linfoblástica Aguda.

El crítico estado de la enfermedad demandaba traslado de inmediato a la Hospital Regional de Monterrey, y fue al día siguiente que Bryan fue enviado, con las torretas encendidas, la ambulancia hizo poco más de tres horas de camino, mientras que su nieto llevaba apenas dos puntos de hemoglobina, recordó María Elena Leyva.

20 unidades de sangre fueron requeridas para la recuperación de Bryan. Así como fue necesario iniciar tratamiento de quimioterapias para atacar el cáncer que invadió su sangre.


Dos años desaparecida


La historia de Bryan, el segundo de tres hermanos, además de su enfermedad, se recrudece por la ausencia de su mamá, María de los Ángeles Quintero Leyva, de oficio policía, de la que no volvió a saber desde hace poco más de dos años, que desapareció sin dejar rastro.

Es así como con sus hermanos Jorge y Juan, sus abuelos María Elena y Marcos Quintero Jasso, el joven ha enfrentado un año de lucha contra su enfermedad, por la que desde enero de este año ha sido necesario someterse a un riguroso tratamiento de quimioterapias.

“Inició con tres quimioterapias de 20 horas, después se las redujeron a dos y al mes le aplicaron sólo una, aunque inicialmente los médicos recomendaron tres años de quimioterapia, al parecer será en enero, un año después de ser diagnosticado, que lo den de alta, así solo tendrá que acudir a chequeos”.

Residente en la colonia Esfuerzo Nacional, Bryan, concluyó su educación secundaria en el sistema abierto, al terminar, no obstante su enfermedad, un padrino lo exhortó a continuar estudiando, y fue así como decidió ingresar al CBTIS 34, en donde asiste actualmente al segundo semestre.
Por ahora Bryan no tiene planes, se siente tranquilo, cuenta con el respaldo de sus abuelos, sus hermanos y amigos.

En la escuela no le ha ido tan bien como habría esperado, más por las complicaciones de su enfermedad que por sus ánimos, en ocasiones ha perdido los exámenes cuando se tiene que trasladar a recibir su tratamiento a Monterrey.

Lejos de desanimarse, el joven poco a poco recobra fuerzas, ha regresado a las canchas y cuando está en el hospital convive con otros pacientes, los invita a distraerse conversando con ellos o viendo la televisión.

De su papá, tiene pocas noticias, radica en Ciudad Acuña, cuando supo de su enfermedad lo fue a ver al hospital, después ya no volvió a saber de él.

Hace menos de un mes, por complicaciones derivadas de la diabetes que padece, le fue amputada una pierna a Marcos Quintero Jasso, abuelo de Bryan.

Precisamente, él y sus hermanos, dependen enteramente de los ingresos que obtiene su abuelo de una modesta pensión y de su abuelita, que por años trabajó como empleada doméstica y actualmente se dedica a elaborar repostería, planchar ropa ajena y tejer bufandas.

“También recibimos una pensión de dos mil pesos mensuales del municipio, cuando estaba el licenciado Pepe Maldonado, nos prometió la pensión del 100 por ciento, después lamentablemente falleció y nos quedamos con los dos mil pesos”.


Tejiendo vidas con esperanza


Debido a que el ingreso familiar es destinado principalmente al pago de los servicios básicos del hogar, y para la alimentación, María Elena se vio en la necesidad de recurrir al Grupo de Apoyo a personas con Cáncer, en donde expuso el caso de su nieto en octubre último.

“Las hijas de la señora con la que trabajé por 26 años, me dijeron que fuera al GAC, que ahí me podían ayudar, me están apoyando con la comida de los cinco días que estamos en Monterrey, el autobús lo paga el ISSSTE”, comentó.

Doña María Elena empezó a tejer bufandas que realiza con bastidores desde hace tres años, las elabora por pedido y en la tarea de hacerlas la apoya, Bryan, que ha encontrado el gusto por tejer.

También apoya a su abuelita en la elaboración de dulces para contribuir de algún modo, al esfuerzo que hace por sacarlo adelante a él y a sus hermanos.

Doña María Elena se siente orgullosa de que a pesar de lo doloroso que ha sido enfrentar la enfermedad de Bryan, él se mantenga en pie de lucha, dispuesto a no decaer y pasar esta etapa como una difícil experiencia.
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