Cuatro hijos dependen de ella y su esposo Pablo Martínez Castillo; que desde hace tiempo encuentra empleos temporales como ayudante de albañil, pero nada fijo. En los últimos días ha tratado de emplearse como obrero de maquiladoras, sin éxito.
En la escuela Emiliano Zapata de la colonia Buenos Aires, en donde estudian sus hijos menores, el director conoce la situación de la familia; cuando se puede, la ayuda con alimentos que ya no usarán en los desayunos calientes para que sus niños tengan que comer.
Actos como éste, son familiares para María Concepción, sobre todo desde diciembre de 2009 cuando a Jesús, el segundo de sus hijos que el próximo 26 de noviembre cumplirá 12 años de edad, le fue detectado Linfoma de Hodgkin.
La historia de Chuy
Una tos inusual y la sorpresiva aparición de una bola en el cuello de Jesús en septiembre de 2009, poco antes de cumplir 10 años, preocupó a María Concepción, que de inicio pensó que podría tratarse de paperas.
Aunque la familia era derechohabiente del Seguro Social, por la cercanía, optó por atender a su hijo en el dispensario médico de la colonia Ramón Bravo y después en el Centro de Salud de la colonia Buenos Aires, de donde lo canalizaron al Hospital General.
El inesperado aumento de la bola en el cuello del menor y los pocos resultados hasta el momento del medicamento, llevaron a un pediatra del Hospital General a ordenar exámenes de laboratorio y no descartar la posibilidad de un cáncer.
“Un pediatra de apellido Ríos me dijo que necesitaba pedir una biopsia porque él creía que podía ser algún tipo de cáncer, y que si tenía seguro social buscara atender al niño ahí”.
En el Seguro se encontró de todo… desde un médico que le dijo que no fuera escandalosa, que su hijo no tenía nada y que estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua, hasta un médico que le dijo que estaba “invadido”.
“Muchas personas dicen que el cáncer si se detecta a tiempo es curable y si no le haces caso es mortal, ése era mi miedo, que si no lo atendían rápido mi hijo se fuera a morir de cáncer, una cuando escucha de eso luego lo relaciona con la muerte, y pensaba si quizá a mi niño se le detecta a tiempo tiene salvación”.
Finalmente tras la aprobación de directivos del Hospital General de Zona Número 11 del IMSS, se practicó la biopsia y el jefe de pediatría confirmó la sospecha, Linfoma de Hodgkin fue el diagnóstico.
Chuy, como le dicen en su familia, es un niño sensible no se repone de las burlas de sus compañeros de la escuela desde que perdió el cabello a causa de las quimioterapias.
Es poco expresivo, sin embargo no esconde el enojo que le provoca ser señalado, sólo desea recuperarse y llevar una vida normal como cualquier niño de su edad.
Desee que sólo fuera una pesadilla
A partir de la enfermedad del niño, cuando despertaba, su madre, deseaba que no fuera más que una pesadilla.
“A mi hijo no le dolía nada, él quería seguir jugando, no entendía por que tenía que ir al Seguro”.
Así, tras el diagnóstico, el envío a la Clínica 25 del IMSS en Monterrey fue inmediato. Ocho quimioterapias cada 21 días por ocho meses, recibió Jesús.
“La primera vez que lo mandaron a Monterrey, hice de todo para conseguir dinero, sólo me fui con 200 pesos y recuerdo que hasta anduve pidiendo limosna en las pulgas Mitras, en ese tiempo no sabía nada del GAC”.
“Era la semana negra” para ver cómo iba a reaccionar a la quimioterapia, estuvo 15 días y a partir de entonces una semana cada 21 días.
“Supe del GAC por una amiga, ahí me empezaron a ayudar con una cantidad para el gasto de traslado; para sacar dinero hago tamales, vendo platillos, alguna rifa, y por debajo del agua un boteo entre familiares, conocidos y amistades, así podía llevar algo de dinero para los alimentos y dejar para mis niños”.
Al concluir el tratamiento en Monterrey, el especialista ordenó un gamagrama con galio, servicio del que carecía el Seguro Social.
“El doctor dijo que si podía le hiciera el estudio por fuera, le dije que no podía pero haría lo posible, se lo tuvieron que hacer en el Hospital Muguerza, me decían que el galio es difícil de conseguir, que sólo hay en Alemania”.
Con un boteo que fue posible con apoyo del GAC, un permiso que con dificultad consiguió en la Presidencia Municipal, en donde le dijeron que sólo podía pedir en las colonias y no en cruceros, salió con sus hijos y sobrinos a conseguir su objetivo.
“Del GAC recibí una parte del dinero, una persona que no quiso que se supiera me ayudó con una cantidad y con la venta de tamales y el boteo pudimos juntar los ocho mil pesos del estudio en casi dos meses, se me hacía un imposible si con dificultad lograba juntar 800 pesos cada mes para ir, allá todo cuesta, bañarse, lavar la ropa”.
Los resultados fueron favorables, no se encontraron células malignas, y el médico decidió sólo ponerle citas para observar la evolución en la salud de Jesús.
Una recaída
En agosto de 2011, antes de regresar a la escuela e iniciar el sexto grado, la enfermedad de Jesús reincidió, la inflamación en el cuello regresó y una vez más tuvo que iniciar el tratamiento de quimioterapias, ahora más agresivo para combatir al linfoma.
“Se quedó peloncito otra vez y le da vergüenza…no lo puede superar, por eso no ha ido a la escuela, también por las defensas bajas, se queja de reumas y por los efectos de las quimioterapias le produce mucho asco”.
De acuerdo a María Concepción, el doctor es optimista y dice que si una vez pudieron bajar las bolas del cuello de Jesús, lo pueden hacer otra vez, a él le pide que le “eche muchas ganas” y tal vez le vayan a dar radiaciones, comentó.
Para la mamá de Jesús, las oraciones le dan fortaleza, “mi mamá que es cieguita hasta tres rosarios se avienta para poder ayudarlo, creo que Dios nos ha ayudado mucho en todo este tiempo a través de tantas personas.
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