Saltillo, Coah.- Tras su llegada, los casinos no sólo atrajeron fuertes inversiones y generaron empleo, también desataron una nueva epidemia: la ludopatía. Un trastorno que antes se llevaba a cuestas con más trabajo, ya que para estar inmerso en los juegos de azar no había más que apuestas clandestinas, el bingo hasta la madrugada o las loterías de los domingos.

CUIDADO

Según autoridades médicas, quien cumpla con al menos cinco de los siguientes síntomas puede padecer ludopatía:

1.Preocupación. El sujeto tiene pensamientos frecuentes sobre experiencias relacionadas con el juego, ya sean presentes, pasadas o producto de la fantasía.
2.Tolerancia. Como en el caso de la tolerancia a las drogas, el sujeto requiere apuestas mayores o más frecuentes para experimentar la misma emoción.
3.Abstinencia. Inquietud o irritabilidad asociada con los intentos de dejar o reducir el juego.
4.Evasión. El sujeto juega para mejorar de su estado de ánimo o evadirse de los problemas.
5.Revancha. El sujeto intenta recuperar las pérdidas del juego con más juego.
6.Mentiras. El sujeto intenta ocultar las cantidades destinadas al juego mintiendo a su familia, amigos o terapeutas.
7.Pérdida del control. La persona ha intentado sin éxito reducir el juego.
8.Actos ilegales. La persona ha violado la ley para obtener dinero para el juego o recuperar las pérdidas.
9.Arriesgar relaciones significativas. La persona continúa jugando a pesar de que ello suponga arriesgar o perder una relación, empleo u otra oportunidad significativa.
10.Recurso a ajenos. La persona recurre a la familia, amigos o a terceros para obtener asistencia financiera como consecuencia del juego.
Ahora, afirman los especialistas, la oportunidad y disponibilidad de las casas de apuestas, los ambientes cómodos, sin censura y a la mano, han exacerbado a quienes de por sí ya tenían cierta adicción al juego, a los que sus impulsos los llevan a apostar hasta el límite, sangran la economía familiar, delinquen o se endeudan.

Las luces de las maquinitas, el confort que rodea a los casinos y la falta de prevención sobre lo que se puede desencadenar, han llevado a quienes caen en la adicción a los juegos de azar a recurrir a centros de tratamiento ubicados en otros estados para tratar de salir de este trastorno que los lleva a la quiebra y a la depresión.

ADICCIÓN EN AUMENTO

Según el Manual Diagnóstico-Estadístico de Trastornos Mentales, la ludopatía anteriormente se llamaba juego patológico o tahurería, haciendo referencia a que la mayor parte de los jugadores y tahúres, que empleaban gran cantidad de tiempo y dinero jugando, eran varones y, en suma, afectaba a una de cada 100 personas, la mayoría hombres.

Ahora, afirma el director del Cesame, Guillermo Solís Perales, el panorama ha cambiado.

“La prevalencia o frecuencia de estos trastornos va en aumento, anteriormente la ludopatía era de menos de 1% y ahorita vemos frecuencias hasta del 5 por ciento. Cinco de cada 100 tienen el diagnóstico de juego patológico.

“De ser de menos del 1% pasó al 5, y actualmente hay estudios en que la ludopatía refiere un índice mayor por lo que esto va en ascenso”, y afirma que “es el esposo el que muchas veces pide la ayuda para su mujer”.

“La prevalencia va para arriba, está tendiendo en superar el sexo femenino al masculino.

“La relación hombre-mujer anteriormente era incluso estigmatizada hacia los varones jugadores, de cartas, de juegos de mesa, actualmente se sabe que es un problema homogéneo y que tiende a predominar e ir hacia arriba en las mujeres.

“Sobre todo en edades de los 15 a los 35 años, lo que tiene repercusiones importantes a nivel laboral porque hay gente que pierde su trabajo por este tipo de problemas, ausentismo, se angustian tanto que abandonan el trabajo, a nivel familiar dejan sus obligaciones y quehaceres familiares por irse al juego en horas que no son adecuadas”.

Y es que la persona afectada por la ludopatía suele perder el sentido del tiempo que ocupa en esta actividad, que termina por interferir en su actividad laboral, estudiantil o incluso pacientes que olvidan recoger a sus hijos, llegan tarde a la escuela o que desde que abre el casino están en contacto con el juego.

“Son muy pocas las personas que saben el momento adecuado para retirarse. Una persona con juicio ‘normal’ gana cierta cantidad de dinero, dice: ‘Hasta aquí juego’, lo toma y se va. Un ludópata no tiene un juicio práctico sobre lo que es la cuestión económica, sino más bien sobre el hecho de mitigar su ansiedad y no tener un control de impulsos sobre el juego.

“Son personas que piden prestado, empeñan cosas, que van a las casas de empeño o meten su tarjeta de crédito y después no saben cómo saldar este tipo de situaciones económicas, suelen afectar la economía familiar y muchas veces el dinero que estaba destinado a recibos de la luz o agua, a cuestiones muy básicas, desgraciadamente son utilizados para gratificar esta enfermedad o pobre control de impulsos que se llama ludopatía”.

El aumento en la incidencia, señala, no es sólo que se trate de una enfermedad subdiagnosticada, sino de disponibilidad.

“Si tú ves en cualquier ciudad, no refiriéndonos específicamente a Coahuila o Saltillo, anteriormente el tipo de sitios de apuestas, de lugares en los cuales se jugaba baraja, gallos, eran lugares muy circunscritos, era ir al hipódromo y no estaba aquí, o al autódromo a las apuestas y tampoco lo había, y ahora lo tenemos al alcance de la mano.

“De cero casinos habrá ahora más de una decena, hay mas disponibilidad para que tú hagas algo que te gusta hacer, pierdes el control y afecta tu estado mental. Ahora hay muchos sitios donde la gente no tiene que amontonarse, horarios amplios y lógicamente que las personas con la enfermedad diagnosticada tienen la disponibilidad todo el tiempo”.

¿DÓNDE ATENDERSE?

“Un paciente que ya le está generando a su familia un impacto, que le está pegando a la economía, a los tiempos, que está afectando la dinámica familiar, laboral, social, debe acudir con un profesional de la salud mental.

“Debemos entender que la ludopatía no es el simple hecho de ir a jugar, de que le gusta hacerlo, sino que al ver el lado de afección debes considerarlo como una enfermedad, como el alcoholismo. Cuando afecta social, familiar y laboralmente, entonces el paciente es candidato a acudir con un especialista”.

Sin embargo, afirma, regularmente el paciente no tiene conciencia de la enfermedad y la familia siente que su pariente no requiere de un alto hasta que se ve afectado.

“En consulta refieren que se gastó lo de los recibos de la luz, teléfono, una letra del carro, que no fue por los niños a la escuela y ahí ya puedes requerir de un tratamiento de farmacología, sicoterapia a la persona que ya está muy afectada por la ludopatía”.

Y si bien los pacientes no llegan al Centro de Salud Mental refiriendo que padecen ludopatía, en muchas ocasiones los estados de ansiedad y depresión tienen ese fondo.

“Hay gente que viene por las consecuencias de la enfermedad, porque está muy ansiosa, deprimida o trae problemas de sueño, muchas veces esos trastornos son porque el paciente es un jugador, sin embargo el paciente no te lo dice de entrada.

“Te dice que tiene problemas para dormir, que se siente cansado y fatigado, con pobre concentración en el trabajo, y coincide en que ocurrió cuando empezó a jugar. Detrás de la depresión hay un problema que ha ido en aumento”.

Asimismo, sostiene que la evolución y el pronóstico de esta enfermedad suele dar buenos resultados cuando se combina la disposición del paciente, terapia, fármacos y en casos extremos el internamiento.

“El internamiento sería una opción en un caso severo de ludopatía, donde el individuo ya perdió los estribos, está endeudado, deja de importarle su dinámica familiar y ahí sí la opción es que para que no gaste dinero y mientras encuentra la opción más adecuada es internarte, ponerte contención y un límite mecánico para que no sigas jugando.

“Después tienes que buscar fármacos que ayuden al individuo con el componente biológico de control de impulsos y a aliviar la ansiedad y a regular el ciclo del sueño; porque suelen traerlo al revés, juegan en las madrugadas y duermen una buena parte del día.

“Las loterías son lugares pequeños, circunscritos a un horario, el casino sabe cómo hacerte sentir bien y él ganar, aunque pierdas el concepto del tiempo y el dinero, la suerte o la habilidad no tiene nada que ver, no se trata de ganar dinero porque el jugador compulsivo no gana y se retira, y cuando lo pierde todo vuelve por la revancha”, afirma el doctor Guillermo Solís.

AYUDA FORÁNEA

Para Javier González Herrera, director del Centro Samadhi para el tratamiento del juego compulsivo, el índice de ludópatas en aumento se refleja directamente en los pacientes que buscan ingresar al centro ubicado en la capital de Chihuahua.

“Recibimos gente de toda la República Mexicana, incluso de fuera del país, de Centro y Sudamérica, pero si hago un balance de enero de 2010 a la fecha, la gente de Coahuila es la que ha tenido más representación con nosotros en todos los estados de la República, especialmente de Torreón y Saltillo.

“Sería difícil sacar una cifra, habría que ver los registros, pero es el estado que más ha tenido representación de la República, y vaya que hemos recibido gente de muchas partes: México, Puebla. Veracruz. Quintana Roo, San Luis Potosí, Nuevo León, Chihuahua, Sonora, Sinaloa y Baja California”.

‘NO ESTOY CONTRA LOS CASINOS’

Javier González Herrera dijo estar totalmente de acuerdo con la apreciación del director del Cesame en Coahuila, que la ludopatía es un asunto de oportunidad y que si hay casinos, aumentan los jugadores. Sin embargo, apuntó que aunque suene contradictorio, no está completamente en contra de los casinos.

“Controversialmente generan empleos directos e indirectos, inversión, mueven la economía, pero el problema radica en que en México no nos preparamos adecuadamente para tener casinos porque no existe una legislación apropiada ni métodos o mecanismos de prevención y tratamiento de la ludopatía.

“Ocurre como siempre, no prevemos y tenemos que reaccionar a los problemas”.

En Estados Unidos, afirma, aunque ya tienen un problema serio hay también una fuerte cultura de la prevención y juego responsable

“Hay grupos, clínicas, asociaciones privadas y gubernamentales, que no están en contra de los casinos sino a favor de ayudar al jugador compulsivo y aquí no, soltaron las concesiones y los permisos para casinos sin un marco legal apropiado ni mecanismos de prevención”.

Peor una mujer en una cantina

“Y en México, al juego no se le ve como una adicción, sino como un vicio y hay muy poca información al respecto. Socialmente el juego es aceptado, da un poco de glamour andar en el casino, no es como ver a una mujer entrar a una cantina sola, en cambio si entra al casino no pasa nada, porque así se acostumbra, no se ve mal.

“Realmente el juego era muy de hombres, pero tras la llegada a México de los casinos, especialmente de las máquinas y el bingo, se les dio un espacio a las mujeres donde pueden desarrollar el problema. Las carreras de caballos, de autos, las apuestas deportivas son muy de hombres pero ahora, es un 50 y 50 la relación de hombres y mujeres de un rango muy amplio de edad, de 20 hasta los 65 años”.

Sin embargo, afirma, lo que empeora la situación es la nula información que existe al respecto.

“Si vas a aventarte a dar concesiones de casinos, sin verla parte social y la adicción, se tendrá un problema de salud pública y social. No hay estadísticas, gráficas ni nada, en esto como en todo en este país, se necesita de una tragedia para que alguien decida hacer algo”, señala Javier González director del centro Samadhi.

COSTOSO TRASTORNO

Para el director de Samadhi, la ludopatía es una enfermedad y una adicción que, dependiendo del grado en que se encuentre, se llega al punto en el que ya no es suficiente una ayuda sicológica ambulatoria de una o dos veces por semana, o acudir a un grupo de autoayuda.

“Los grupos de autoayuda son muy buenos; en Torreón y Saltillo hay grupos de jugadores anónimos pero hay gente que no tiene suficiente con eso y que necesita más porque su grado de depresión, culpa y resentimiento les afecta tanto que están al borde del suicidio.

“Son personas a las que es mucho mejor canalizarlas a que reciban un tratamiento profesional en lugar de que estén vulnerables en el grupo. Desde mi punto de vista, cualquier persona que tenga un problema de juego en mayor o menor escala necesita un tratamiento porque una persona que ya tiene ese problema en alguna escala, está muy vulnerable a recaer en cualquier momento.

“No se trata de dejar el juego sino de trabajar desde adentro para evitar tener esa recaída”.

Un tratamiento profesional, afirma, ayuda a entender el porqué se juega, las motivaciones y situaciones de cada individuo, porque si éstas no se resuelven, afirma González Herrera, “la persona está expuesta a recaer en cualquier momento porque está plagada de culpa, la vida lo tiene incómodo y a través del juego encuentra el escape”.

58 MIL PESOS y 35 DÍAS

La ludopatía, como el resto de las adicciones, afirma el director del centro de tratamiento contra el juego compulsivo, “no se curan”; sin embargo, si se les enseña a encontrar una manera sana de vivir, la calidad de vida de su paciente y de su familia mejora.

“Es como el alcohol, un alcohólico no puede volver a beber, es un día a la vez. Es lo mismo con la ludopatía, hoy no debes ir a jugar. Sí se genera un vacío al dejar de jugar, pero se le da algo a cambio, un programa de recuperación, un plan de vida.

“De curar, curar, no existe una curación, pero lo que se encuentra a cambio es una manera de vivir mucho, infinitamente mejor a la que tenemos mientras estamos jugando”.

Y considera que no es nada caro considerando que muchos de los jugadores solían perder enormes cantidades de dinero en detrimento de ellos y sus familias.

“Sí tiene un costo, somos una institución privada que cuenta con sicólogos, siquiatras, médicos, nutriólogos, asesores espirituales, profesores de educación física y yoga, gente de cocina, mantenimiento, que están al servicio del paciente.

“Son instalaciones cómodas, adecuadas para que una persona se venga 35 días para su tratamiento, hay un costo de dinero pero la pregunta es cuánto vale tu vida, tu recuperación, tu estado emocional, salvar tu matrimonio, el trabajo o a tu familia.

“El costo que tenemos nosotros es de 58 mil pesos por los 35 días, mil 650 pesos diarios. Suele pasar que se acaban fortunas enteras y la familia ya no tiene 50 mil pesos para pagarlo, se acaban el dinero, pero a mucha gente se le hace hasta barato porque eso lo perdían en apuestas en un mes o en dos semanas.

“Pero independientemente de si es mucho o poco o si tienes acceso a ese dinero, vale la pena porque está en juego la vida. Esta enfermedad o adicción te mata, acaba con tu familia, trabajo o el matrimonio y a final de cuentas es la mejor inversión en tiempo y dinero que la persona puede hacer”.

AMENAZA A FAMILIAS

Y aunque el problema aún no se ve reflejado en las familias de niveles económicos inferiores, la Procuraduría de la Familia no descarta que se presente un mayor número de casos con este problema que por lo pronto, afirma la coordinadora de Sicología de la Procuraduría de la Familia. María de la Cruz Portes Núñez, afecta a sectores de mayores recursos.

“No se presenta una gran cantidad de casos, tal vez por el nivel socioeconómico, por el ingreso que perciben las personas que nos visitan más, no se presenta una gran cantidad de casos. No digo que no existan porque sí los he llegado a ver, pero no como para que una mamá o un papá pierda de vista el cuidado de sus hijos.

“Los casos que llegan a la Procuraduría de la Familia no son significativos en número, es un trastorno más que una adicción, es una dificultad en el control de los impulsos, la persona no se puede detener aunque sepa las consecuencias que va a traer para su casa, familia y bolsillo.

“No les importa y siguen jugando a sabiendas de que no deberían porque están trastornando la economía familiar, en esos casos podemos decir que no es típico básicamente por el estrato socioeconómico”.
Sin embargo, afirma, una familia afectada por este trastorno “sufre problemas económicos y la ausencia de la persona que lo padece que pasa horas en los salones de juego o en las loterías, o en el juego con las amigas en donde se pierden cantidades importantes de dinero, por lo que se afecta no sólo el renglón económico sino la relación afectiva y de convivencia”.

¿Ve en un futuro que pudiera llegar a ser un problema que finalmente rebote a nivel de la Procuraduría de la Familia?

“Probablemente. Si el Centro Estatal de Salud Mental lo está percibiendo así, tarde o temprano van a llegar esas familias que hasta ahorita no se han presentado en una manera significativa e importante y probablemente si aumenta, llegue a reflejarse”.
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