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hace 4 años
[Especial]

Madres y bebés comparten la sentencia

Leticia Espinoza

12 menores viven en Penales de Coahuila, de quien deberán de separarse al cumplir 3 años

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Saltillo, Coah.- Aquí se escuchan los balbuceos y el llanto, mientras que las paredes blancas de las celdas se llenan de color con los juguetes y la ropita de bebé: le llaman el módulo de los bebés. Por este espacio han pasado pequeños que nunca imaginaron que tras un año de vida tendrían que separarse de los brazos de sus madres porque ellas deben seguir en reclusión.

Por estos días él módulo de los bebés sólo se encuentra a habitado por dos niños de uno y cuatro meses de edad, quienes viven en la reducida celda que le asignan a sus madres.

NACEN EN PRISIÓN

Angélica se convirtió en mamá por primera vez en las celdas, ahí conoció el amor de madre y el amor de pareja, ahí consiguió una segunda madre para su hijo José Juan tras firmar el matrimonio igualitario. Yaneth otra de las madres en reclusión anhela salir pronto porque ya sabe lo que es separarse de sus hijos, y al cabo de once meses sucederá lo mismo con el pequeño Diego.

Durante los dos últimos años, cinco bebés han tenido como primer hogar el Penal de Saltillo ya que, de acuerdo a la ley de Ejecución de Penas y Reinserción Social, sólo pueden estar ahí durante un año mientras, que en los Penales femeniles la estancia se alarga a los 3 años.

ADIÓS DEFINITIVO

Leticia Rivera Soto, Directora del Centro penitenciario, dice que 2% de los hijos de internas han tenido que separarse de manera definitiva de sus madres porque ni ellas, ni sus familias han sido aptas para educarlos: “dos muchachas que entraron hace 3 años por secuestro no avalaron ante la PRONNIF quedarse con sus hijos, ni la familia, por la economía o la falta de valores, los pusieron en guarda y custodia en Casa Hogar y luego los dieron en adopción”.

GANAR SU LIBERTAD

En Torreón se han canalizado 10 menores a la Casa Hogar Padre Manuelito, fundada para los hijos e hijas de internos e internas en penales. Sin embargo, en la mayoría de los casos los niños de madres en reclusión quedan bajo el cuidado de las parejas o la familia de las internas.

“La idea es que los niños se adapten a la vida en libertad y que ellos no cumplan una pena por un delito que ellos no cometieron, por eso la ley es bien especifica y es por ello que no tenemos tantos niños, tienen que salir a hacer su vida normal con las familias de las internas cuando las madres cumplieron con los cuidados básicos”, señala Apolonio Armenta titular de la Unidad de Ejecución de Penas y Reinserción Social.

BENDICIÓN EN EL ENCIERRO

Para las madres sus hijos representan una bendición en medio de la pena que purgan, la mayoría de las veces porque pagan por un delito en el cual sus parejas las involucraron.

“Sus hijos son un aliento de vida, las muchachas que tienen aquí sus hijos, en sus hijos se resguardan, para una madre el hijo es lo más importante, por eso nosotros desde que están embarazadas se les está concientizando poco a poco que no toda la vida lo van a tener aquí”, comenta la directora del Penal Femenil saltillense.

MADRE POR PARTIDA DOBLE

Elisa conoció a Angélica en la maquiladora que se encuentra adentro del Cereso, la habían trasladado y no sabía que se convertiría en la segunda madre del pequeño que ahora carga en sus brazos.

“Ella llegó y un día estábamos en la celda en el módulo, empezábamos platicar y un día me dijo: ‘voy a tener un bebé’, ella tenía dos meses, yo meses antes había perdido un bebé, yo le rogaba a Dios que me lo regresara, quería una pareja y llegó el amor de una manera muy diferente, porque al mismo tiempo llegó con un bebé”, dice Elisa.

Angélica es callada, prefiere que Elisa hable de su propia historia, sin embargo, ella es la madre biológica de José Juan, el pequeño que hace cuatro meses “vio la luz por primera vez” en el Penal.

“Ser madre cambió mi vida, ya no soy tan atrabancada”, pronuncia con voz bajita Angélica, quien fue sentenciada a 24 años de reclusión por el delito de homicidio y que tras 7 años de pagar por este delito cuenta los días para obtener el beneficio de la pre liberación.

A seis meses de haber firmado el matrimonio igualitario, Elisa aloja la esperanza de salir en los próximos meses, tiene fe en que se comprobará que ella no fue cómplice del delito que su ex pareja cometió, le pide a Dios salir pronto para hacerse cargo de los dos hijos que la esperan y el pequeño José Juan.

“Tenemos planeado, si Dios quiere y me dan mi libertad, llevármelo yo para que vaya a una guardería y, si Dios quiere, a Angélica le faltaría menos para salir”, comenta Elisa.

Las dos llevan puesto un chaleco, es el uniforme de la maquiladora donde laboran de 7:30 a las 15:00 horas para solventar las necesidades de su pequeño y pagarle a otra de las internas por cuidarlo, mientras que los tiempos de descanso en la fábrica los utilizan para estar pendientes del niño.

Por las noches meten una cuna a la celda de Angélica, y ya no hay espacio por nadie más que ellos dos, es en esos momentos en los que ella piensa que ojalá y algún día su pequeño se convierta en doctor.

UNA ‘MENTIRA BLANCA’

En el mismo módulo, detrás del hule transparente que cubre la reja para que no entre el frío en la celda, se alcanza a ver Yaneth. Cumplió 20 años y le ha dicho a sus dos hijos que estudia en una escuela para ser policía. Ella anhela verlos pronto para que conozcan a su nuevo hermanito, Diego, quien nació hace un mes.

Tras casi 2 años de estar en prisión acusada de complicidad en un homicidio, su embarazo la tomó por sorpresa: “Yo no sabía, me estaba cuidando y como en mayo fui con la doctora porque se me había detenido mi periodo y me dijo que ya tenía tres meses, para mí él es una bendición muy grande”, dice.

Recuerda que fue un parto rápido, a las 5:00 de la mañana empezaron sus dolores y, cuando su hijo nació en el Hospital General, a ella la esperaban sólo las custodias en lugar de su familia:

“Ser madre aquí es muy duro, porque en sí una está acostumbrada a que se te enferman y vas y corres a la clínica para atenderlos y con la vacunas igual, aquí lo tiene que sacar Trabajo Social para llevarlo a checar, para una madre son momentos muy importantes igual que el parto, esta vez fue muy diferente, me hubiera gustado ver a mis familiares pero ellos no pueden estar aquí porque viven en Piedras”.

La joven madre sueña con salir pronto para llevar a sus hijos de la mano al kínder, para verlos crecer, educarlos y concluir su carrera de enfermería.

En Coahuila 12 menores viven en reclusión junto con sus madres en los tres penales femeniles de Saltillo, Piedras Negras y Torreón. Las madres habitan en módulos separados al resto de las internas, aunque poseen las mismas características que el resto.

De acuerdo a las autoridades penitenciarias se les cubren las necedades de salud y alimentación de los niños en algunos casos, como en Saltillo, las madres laboran para sacar adelante sus hijos, mientras que grupos religiosos y altruistas se ocupan de llevarles ropita y juguetes.
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