Miguel García | Sergio Cisneros | Saltillo, Coah.- Se torea como se es”, pregonaba el padre del toreo moderno, Juan Belmonte. Cada matador, por su manera de interpretar el toreo en la plaza, dice más de sí mismo que sus propias palabras.
¿Quién es?

» Nombre: Manuel “Manolo” Mejía
» Fecha y lugar de nacimiento: 21 de mayo de 1965 en Tacuba, Distrito Federal, México.

Alternativa

» Fecha: 22 de enero de 1983
» Lugar: León
» Padrino: Eloy Cavazos
» Testigo: Antonio Lomelín y Miguel Espinosa “Armillita Chico”
» Ganadería: San Martín

Confirmación en La México

» Fecha: 27 de enero de 1985
» Lugar: México
» Padrino: Antonio Chenel “Antoñete”
» Testigo: Eloy Cavazos
» Ganadería: De Santiago

Confirmación en Las Ventas

» Fecha: 3 de julio de 1994
» Lugar: Madrid
» Padrino: Jorge Manrique
» Testigo: Julio Norte
» Ganadería: José Escolar
Pero en exclusiva para Zócalo Saltillo y sin opción de mostrarlo en el ruedo, el torero mexicano Manolo Mejía hizo gala también de elocuencia en el habla para brindar un retrato a los aficionados mediante una charla sostenida en la ganadería Nuevo Colmenar.

Sin exabruptos, con un ritmo templado similar al de su técnica con la muleta, el llamado diestro de Tacuba expresó a través del lenguaje y con elegancia su pasión más intensa en la vida: la tauromaquia.

VER VIDEO: Manolo Mejía, matador de mil batallas

De carácter sobrio, él no habla mucho inmediato. Su fama es de humilde, en contraste con otros matadores. De figura robusta, no muy alto, evocó ese día sus tardes de gloria y los secretos de su arte bajo la lluvia de Galeana, Nuevo León, con los mugidos de las vaquillas a su espalda y el aroma combinado de la carne asada y el estiércol remojado.

Cuando su trabajo de tentador acabó, las dudas debieron emanar para conocer al hombre abierto a instruir sobre la fiesta brava. Pero cuando el tema llegó a su clímax, no hizo falta más que robar horas al reloj.

AL FILO DEL DRAMA

Con 38 años de trayectoria en el medio, aún la espada no le pesa para ejecutar con maestría la máxima suerte. Diez años pasó como becerrista y novillero, pero vestido de luces está por llegar a los 30 sin vivir un instante lejos del miedo ante el toro bravo de media tonelada, armado con una cornamenta letal.

“Nunca lo pierdes”, señaló. “Lo bonito de la profesión es dominar el miedo, transformarlo y transmitirlo en emoción a los aficionados… Es una ventaja que tenemos. Sabemos pensar con miedo”.

Tampoco la muerte lo deja en paz, aunque cuando más cerca estuvo de la tumba fue en el campo, sin afición ni jueces. Pero torear es su forma de realizarse como ser humano.

“Hay para quienes su pasión son los libros o la pintura, otro tipo de actividades”, explicó. “En nuestro caso, sí valen la pena esos 15 minutos de miedo, de presión y responsabilidad”.

¿Entonces un torero jamás pierde el miedo?

Desde que llega uno a la plaza empieza a sentir ese hormigueo, ese latir del corazón más acelerado. Se siente miedo, presión. El torero que lo niegue, creo que está mintiendo.

En un momento dado todos recibimos volteretas y cornadas. Pero dicen que somos de otra pasta, de otro material. La adrenalina que nosotros manejamos es otra.

¿Qué orilla al torero a estar ahí?

El entender un toro desde su salida al ruedo, lo que hacemos con el capote, las banderillas y la muleta, coronar la lidia y la faena con una estocada en el primer viaje, hacer que toda una plaza llena esté pidiendo a gritos los máximos trofeos para uno, es indescriptible. Lo llena a uno de mucha satisfacción, emoción y gloria.

Aunque aceptó que en todo hay límites, “a veces no estoy tan consciente”, dijo recordando que lidia con la muerte encarnada en la imponente figura del toro bravo. “Atropellamos la razón muchas veces por trascender más y no dejarse ganar la pelea con los alternantes, no dejarse opacar por la entrega o la forma de sentir de otros toreros”.

LOS SECRETOS DE SU ARTE

Considerado uno de los mejores tentadores del país, el diestro de Tacuba entendió que la práctica hace al maestro. Afinar su estilo, aunque sea un especialista ya, es su consigna tras 28 años de haber tomado la alternativa en León, Guanajuato, el 22 de enero de 1983, con Eloy Cavazos como padrino y ante un ejemplar de la ganadería San Martín.

“Hay que estar vigentes y defender un sitio que se ha ganado”, enfatizó. “Hay que estar metido en lo suyo. Lo comparo con la vida. El doctor nunca deja de estudiar o actualizarse”.

“Los toreros tienen que estar metidos en el campo, tentando, toreando, asistiendo a festejos cuando no se torea, visitar ganaderías, observar porque así se aprende mucho”, añadió.

Torero de mil batallas, el matador rebasó las 900 corridas y concedió su segunda alternativa a Hilda Tenorio, la primera mujer en hacerlo en la Plaza México, así como 20 confirmaciones más.

A su vez, ha sido padrino de 10 matadores en el interior del país. También estuvo en la corrida cuando el Embudo de Insurgentes festejó el 50 aniversario. Allí ha hecho el paseíllo durante 64 tardes, ha cortado 24 orejas más un rabo y ha indultado a un toro.

¿Cuál ha sido tu mejor crítico?

Yo mismo. Pero otra persona, mi papá. He visto muchos compañeros de generación que tenían el reconocimiento del papá pero no esa crítica dura ni esa presión. Él me hacía poner los pies en la tierra… para que no sienta que tengo todo controlado, que me puedo conformar porque todo está realizado y alcanzado.

¿Cómo se llega a descubrir un ejemplar en la lidia?

Hay que ser muy observador con el comportamiento desde que entra al ruedo, cómo sostiene las carreras, cómo obedece los capotes de los subalternos, cómo se comporta con los picadores.

Los toros tienen distinto comportamiento durante su lidia. Hay que estar muy pendiente, observar e ir analizando para saber cuándo cambiar el procedimiento, seguir luciendo y que la gente vea una buena faena en ascendencia.

¿No hay margen de error?

No debe de haber. Los percances o cornadas son errores humanos, del torero. A lo mejor, te lo hace un toque no propicio, quitando el engaño de la cara del toro. En lugar de cruzarse un paso hace uno de más. No debe equivocarse para que no le cueste la vida.

¿Vale la pena jugarse la vida en cada faena?

Sí vale la pena, porque haces algo que te gusta, te apasiona y ha sido tu vida. A veces no hay palabras para explicar la sensación que se vive al manejar esa adrenalina a tope.

Muchas veces uno ve los aplausos del público, se siente completamente pagado y satisfecho de poder con un poco de valor, de manejar los capotes y llevar las embestidas de los toros, entusiasmar al público al grado de hacerlo que se levante a aclamarte como impulsado por un resorte. No se compara con nada. Vale la pena vivir todo eso.

¿Hay un límite?

En todo hay límites. Hay ocasiones en que si da un paso más está al límite de la cornada y le puede costar la vida. Pero a veces vale la pena arriesgar, dar ese extra.

¿En ese frente a frente hay alguien en ventaja?

Hay quien dice que el toro está en desventaja, pero yo creo que no. El toro se defiende, ataca. Los toreros tenemos la muleta y un capote para darle curso a las embestidas de los toros. Pero estamos en igualdad de circunstancias.

Aunque en este caso se supone que el hombre, por su inteligencia, tiene una ventaja por encima del animal. Pero a veces esa inteligencia si no le das el respeto al astado, se puede perder la batalla delante del toro. Al final de cuentas el toro es más valiente que el torero porque termina perdiendo la vida.

¿Hay un estilo que predomine en la fiesta?

Hay estilos y gustos para todo. Antes había mayor diversidad. En este momento han querido encasillar a los toreros en una misma línea. Antes había el torero valiente, el torero artista. Si ven a un torero gordo y más robusto, piensan que se salió del prototipo.

Sin embargo, hay otros que buscan las palmas a través de otros recursos. Siendo uno de los más tradicionales, el matador reconoció: “En la fiesta hay que hacer innovaciones pero tampoco caer en lo chusco, en lo grotesco. Es válido siempre que no se abuse para ganarse el aplauso”.

Aficionado, su papá le inculcó la fiesta de los toros, desde los 8 años él toreó en la plaza Antonio Velásquez y a los 15 de edad debutó como novillero en La Florecita. Pero él no desea que su hijo de 10 años entre a este medio de ganarse la vida o perderla.

Aunque recalcó que en México “han nacido mejores toreros que ‘El Juli’, pero no se les da el mérito ni proyección como se las dieron a él”. “Aquí tardan en madurar porque falta la oportunidad y continuidad; en cambio, en España siempre están toreando”, agregó.

¿PERDÓN O EJECUCIÓN?

A pocos pasos del final, hay un viaje en fracción de segundos que hace del torero un triunfador o alguien más del montón. Si se cuajó una faena estupenda de largo aliento con la muleta y el capote, el nerviosismo invade la plaza.

El matador desenvaina el estoque y posa la mirada en su blanco, pero el público exige el indulto con sus pañuelos blancos mientras el torero quiere el máximo trofeo… ‘Manolo’ Mejía se ha visto en el mismo dilema.

En la Plaza México sumó más de 60 corridas, cortó 24 orejas y es de los pocos que ha cortado rabos, como el de “Desvelado”, de Manuel Martínez, y que ha indultado, como “Zalamero”, también del desaparecido diestro regiomontano.

¿El indulto es un triunfo para el torero?

Es un triunfo compartido. Mucha gente piensa que el indulto es más importante que el rabo. No. Es igual de importante cortar un rabo que el indulto. La gente tiene razón en pedir un indulto, si el toro lo merece, pero otros no quieren que el torero entre a matar para que no se pierda con la estocada todo lo que ha realizado.

Quieren que todo sea redondo, quieren premiarlo y no quieren ni una manchita para entregarse como ellos quieren. Pero cuando se conjuga todo y se corta ese rabo, es una emoción que no se puede describir con palabras.

El hecho de que se indulte un toro siempre tiene que contar con la colaboración del ganadero. Cuando se indulta un toro, se comparte el triunfo. Cuando se corta el rabo, también tienes que darle un reconocimiento al ganadero porque produjo ese toro que te hizo triunfar así. Siempre estamos relacionados para bien o para mal.

Para el ganadero es muy importante regresar un toro a los corrales como semental. Pero por otro lado, va a ser más fácil que pidan sus toros para cotizarse y crear un prestigio.

¿Qué debe tener un toro para merecer el indulto desde tu particular punto de vista?

Bravura, calidad, nobleza y dar embestidas. Que no vayan de más a menos.

¿Hay malos jueces?

Sí, porque su criterio a veces no te deja alcanzar un triunfo probable. No sé si pongan por delante su gusto en cuanto a la interpretación del toreo por lo que realmente está pidiendo la gente. A veces no lo entienden y sus decisiones influyen contra el deseo del público.

UN PRÓXIMO ADIÓS

En una tienta un toro le da un tallón a otro y éste sale corriendo hacia ‘Manolo’ porque ya lo había estado viendo. “La cerca era vieja con el alambre flojo y los palos ya estaban podridos. Tuve la fortuna de estar cerca de un árbol. El toro hizo el viaje y cuando el toro iba muy franco a mí, vi que no se iba a frenar”, relató.

“Gracias a Dios reaccioné… Brinqué la cerca pero como estaban flojos los hilos no alcancé a conservar el equilibrio y caí al piso. Regresa el toro pero gracias a Dios se estrelló en el árbol”, finalizó. Ahora cada triunfo y derrota tienen un sabor especial.

¿Cuál es el mejor momento de Manolo Mejía?

Triunfar en la Plaza México, consagrarse como figura del toreo, que todos los comentarios y las opiniones se unifiquen a favor de uno, que todo mundo sienta que ha sido capaz de meterlos a todos en lo que uno realiza, transmite y logra hacer en el ruedo.

¿Cuál es el momento que tienes grabado, tu mejor faena?

Hay varias pero siempre hay una por encima de todas. Creo que fue cuando cortamos el rabo en la Plaza México (toro “Desvelado”, de Manolo Martínez). Es indescriptible, se llega a un éxtasis muy grande que no se compara con ninguna situación en la vida.

¿Por qué estar tan compenetrado después de 38 años en los toros, también con el ser tentador?

Porque así lo requiere la fiesta de los toros. Es una profesión en la cual debes estar al 100% todo el tiempo y hay mucha competencia. Hay nuevas generaciones atrás que están tratando de anticiparse y ganar los lugares de las figuras del toreo.

Pero estoy consciente de que hay etapas y ciclos y hay que cumplirlos y todo lo que empieza llega a su fin.

¿Cuándo llegaría el retiro?

Siempre hay un momento y el mío está acercándose. Me gustaría cumplir toreando 30 años como matador y decir adiós, porque hay generaciones que vienen empujando y abriendo paso.

Esto es de transición, es lo que uno hace para el cambio generacional y estoy del lado de los que van de salida. Espero cumplir ese deseo como torero milenario, activo en 30 años.

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