Sin importarle los hechos que había cometido, Antonio Cruz Torres, de 34 años, seguía tranquilamente en su recámara, donde lo sometieron sus propios consanguíneos para entregarlo a las autoridades.
Desagradable sorpresa se llevó Luis Salvador García, al llegar a su domicilio en la colonia Ignacio Zaragoza y ver a su pequeña de 5 años llorando, igual que su sobrina de 6 años.
Preocupado comenzó a cuestionarlas sobre los motivos por qué las lágrimas rodaban por sus mejillas, pero tras lograr tranquilizarlas, le explicaron que habían sido agredidas por Antonio.
Como pudieron y con sus palabras, le indicaron que Cruz Torres, quien habita en la casa marcada con el 903, de la calle Sauce, interrumpió sus juegos para hacer tocamientos obscenos a las niñas.
El coraje se apoderó de Luis Salvador, quien acudió en busca de su suegro Hernán Pedroza Cerda; para contarle los terribles actos que cometió Antonio Cruz para complacer sus bajos instintos.
Para evitar que Antonio escapara, decidieron enfrentarlo y retenerlo para posteriormente entregárselos a los agentes de la unidad 7570, que llegaron a prestar auxilio.
Fingiendo inocencia en los momentos que estaba en las celdas, el detenido aseguró que desde su arribo a la casa ya las menores estaban llorando, pero no les prestó atención.
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