Una cita ciegas en la Central de Autobuses los llevó a conocerse hace más de dos años y luchar juntos: “Me costó trabajo, ella ya sabía lo de su enfermedad, su propósito no era lastimarme, me decía que no me podía aceptar como pareja. Su idea era que tenía otra pareja, pero me fui dando cuenta de los problemas que estaba pasando y Dios nos puso en el camino a una doctora del DIF y empezó su atención del cáncer”, relata Juan Manuel López, ahora esposo de Antonia de la Cruz.
“Él así me aceptó y yo lo acepté con sus problemas y aquí estamos luchando para salir adelante”, dice Antonia, rodeada de harina y todos los ingredientes que utiliza para llevar a cabo su nuevo proyecto.
Desde la pequeña cocina que hace 5 meses convirtieron en panadería los dos cuentan que han pasado momentos muy difíciles: Juan Manuel es un hombre pensionado a sus 43 años de edad a causa de úlceras varicosas en su pie izquierdo, y Antonia dejó de ser la mujer activa que era por padecer cáncer de mama.
“Yo me sentía muy mal, cuando me pasaron a quirófano me decían los doctores: ‘Sólo un milagro te puede salvar’; yo sabía que Dios era el que me iba a salvar, pero mi papá me ayudó mucho, era mi fuerza para salir adelante; todos me ayudaron, mi familia y él, que siempre me esperó”, dice Antonia al relatar uno de los momentos cruciales en su vida.
Su cabello florece luego de pasar por un proceso de quimioterapia, pues aparentemente el cáncer se ha esfumado. Mientras ayuda a su esposo a endulzar las donas de azúcar cuenta sus tragos amargos: para ella es triste reconocer que ya no puede salir a trabajar en casas o cuidando enfermos como antes lo hacía, porque las fuerzas no le alcanzan.
Los golpes en su vida han sido muy fuertes, empezando con el cáncer y la muerte de su padre en septiembre pasado: “Él ha estado todo conmigo en todo momento, reconozco su esfuerzo; no es fácil, pero tampoco es imposible”, afirma la mujer entre lágrimas.
EL SUEÑO: ‘UN HORNITO’
Mientras fríe las donas en la estufa que tendrá más de dos décadas, Juan Manuel explica que en un día pueden hacer casi 100 o 120 donas, pues sus instrumentos son muy rústicos.
Un vaso y un envase les sirven para hacer las formas redondas una por una; utiliza dos palitos de madera y un recipiente de plástico para freírlas.
Ataviados con delantales, cuentan que aprendieron la técnica de una sobrina de la señora Antonia, se levantaban a las 5:30 de la mañana para instruirse en el proceso de elaboración de donas y ahora sueñan con hacer repostería.
“Nuestra actividad surge por la necesidad que tenemos los dos. Estamos enfermos, él de sus pies y yo de cáncer de mama, pero nuestros recursos son limitados y no podemos hacer muchas; además, a nuestra estufa no le funciona el hornito y quisiéramos hacer repostería para ofrecer más productos”, explica Antonia.
Hacen donas diariamente, de chocolate y de azúcar, mismas que Juan Manuel (pese a su enfermedad en el pie) sale a vender casa por casa en las calles de las colonias 23 Noviembre, Girasol o Guadalupe Victoria.
En un día pueden sacar 150 o 200 pesos, un monto variable que los ayuda para pasar los días, pues la pensión de Juan Manuel es muy poca.
El amor es el ingrediente que eleva sus vidas, es como la levadura que tienen sus donas que tras reposar se transforman en figuras perfectas, y es ese amor es el que los lleva a contar su historia para mover el corazón de quien los pueda ayudar.
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