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Memoria histórica: Las Revolucionarias

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No se sabe cuántas fueron pero existieron. Las mujeres que participaron en el movimiento Revolucionario al mando de Carranza

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Memoria histórica: Las Revolucionarias
Foto: Ruta Libre | Cortesía.
Paola Aguirre Praga | Fotografía Gerardo Ávila | Video Elí Escobedo | Saltillo, Coah.- La del centro con el pelo suelto, hilos negros que combinan con la piel morena, mira fijamente a la cámara. Lleva carrillera y una carabina. Las dos de los costados tienen los ojos perdidos. A blanco y negro, sus largas faldas cubren las piernas, más allá de la rodilla, llegando al tobillo.

Es un día de 1914. El autor de la foto es desconocido, pero la imagen fue captada enaquel año en que el país atravesaba por un cambio social. Las muchachas se yerguen, están de pie, sin sonrisa, con cara parca, pero firmes a la causa de la Revolución.

Una fotografía, testigo de la historia de la Revolución Mexicana. Tres mujeres replegadas, con las amplias enaguas, las blusas holgadas y el cabello largo son constancia de la lucha armada en la que se vio inmerso México entre 1910 y 1917. De las protagonistas no se sabe su nombre ni a que tropa pertenecían.

Para entonces, la imagen más común de la mujer en México era más o menos así: ama de casa, cocinera, costurera, madre, esposa, hija y hermana. Pero viajemos por un momento a los primeros años de 1900.



La situación y el hartazgo no eran cuestión de género.En México se vivía una etapa política dictatorial. Más de 30 años del general Porfirio Díaz en el poder habían dado grandes logros económicos y estabilidad política, pero con alto costo social y una gran desigualdad.

El 80% de la población mexicana dependía del salario rural. Las tiendas de raya eran comunes en ejidos y comunidades, pagaban en mercancía y se ofrecían créditos. Con este esquema se lograba que los campesinos se quedaran endeudados de por vida, tan solo por adquirir productos de la canasta básica.

Este panorama, además de las crisis en el sectoracadémico, educativo y económico provocaron la agitación de sectores de la población, sin importar la clase social. Nacieron clubes antireeleccionistas en contra de la dictadura y que se oponían a otro mandato de Porfirio Díaz.

El principal opositor fue el coahuilense Francisco I. Madero, quien desde Coahuila preparó el terreno para el levantamiento de armas. Entonces inició la Revolución, conocida como Maderista y que en 1910 logró la renuncia de Díaz y la llegada de Madero a la presidencia.

Después, con la usurpación de Victoriano Huerta en la presidencia que arrebató a Madero Venustiano Carranza, entonces gobernador de Coahuila encabezó en Monclova, una convención a la que acudieron representantes del movimiento revolucionario de Chihuahua Sonora y Coahuila.

Ahí fue ratificado el Plan de Guadalupe, la unión de las fuerzas de los tres estados en un solo ejército y el compromiso de Carranza para cumplir el pacto, que le convirtió en el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y líder de la rebelión en el norte.

El movimiento, que contó conla participación de los distintosgrupos, sectores y clases que trataban de darforma a una nueva nación, tenía un objetivo claro: un proyecto nacionalistaque además, involucró y movilizó al campesinado, la población más numerosa de esos años,a los obreros, la clase media y a la burguesíanacional.

Ahí estuvieron presentes las mujeres. A veces haciendo unfrente común,otras en forma independiente yotras más enfrentándose entre sí, pero integradas al movimiento. Estos acontecimientos que fueron modificandoa México, también fueron transformando la vida de las mujeres.



Sin embargo, a pesar de que Coahuila es considerado cuna de la Revolución, no cuenta con la suficiente investigación sobre la actuación de las mujeres que formaron parte de ella y que aportaron su conocimiento, trabajo y vida a las tropas.

Documentos históricos nacionales, hablan de cerca de dos mil mujeres participaron en diversas actividades como enfermeras, soldaderas, telegrafistas y maestras durante esta etapa.

A pesar de que han transcurrido 102 años de la gesta revolucionaria, son pocos los reconocimientos que se han hecho a las mujeres coahuilenses, así como nulas las investigaciones realizadas sobre el tema, pues la mayor parte de la bibliografía disponible en Coahuila se centra en la documentación de las hazañas de Francisco I. Madero y Venustiano Carranza, además de los generales, coroneles y pilotos.



Otra de las bibliografías disponibles es el compendio de seis tomos del archivo Casasola, en donde se documentan más de mil fotografías de la Revolución Mexicana, pero de las que menos del 20% corresponden a mujeres, y menos del 5% a coahuilenses.

Documentar sus nombres, actividades, fechas de nacimiento y muerte, así como sus labores desempeñadas esuna tarea pendiente para el gobierno del estado y el federal. Nunca terminaremos de saber cómo fue que esas mujeres decidieron salir de su casa para convertirse en nómadas revolucionarias, pero sus hazañas, sobreviven hasta nuestros días.

ESAS MUJERES

Mientras que a nivel nacional existe una mayor cantidad de publicaciones que refieren a la imagen de la “Soldadera” y la “Adelita”, en la entidad apenas se nombran en escasa bibliografía, resguardada en el Archivo Municipal de Saltillo y la Biblioteca Central.

Martha Eva Rocha, autora de diversos ensayos históricos sobre el papel la mujer en la Revolución Mexicana, señala que al rastrear la participación social de las mujeres durante el Porfiriato se descubrió su presencia en el escenario político, en parte como resultado de la mentalidad de "modernidad y progreso" que caracterizó a aquella época.

Al inicio del Porfiriato, en 1878, las mujeres apenas podían ir a la escuela, pero su paso por las aulas fue creciendo poco a poco. Mientras que el 58.3% del profesorado eran hombres y el 25% mujeres, para 1900 la proporción se había invertido en 32.5% hombres y 67.5% mujeres y en 1907, 21.7% hombres y 78.2% mujeres.

De acuerdo con Rocha, el padrón de mujeres con estudios universitarios eran mínimos, pues con profesión universitaria las estadísticas de 1900 mencionan a dos abogadas, tres dentistas, 24 médicas y 13 farmacéuticas.

No es fácil explicar el perfil de esas mujeres ante la falta de información sobre la actuación de las mujeres en la Revolución. De ellas se sabe poco, pues en comparación con el acervo existente que documenta el actuar de los hombres que integraron el movimiento, desde el rango más alto hasta el más bajo, sobre las mujeres se conoce a detalle la figura de “Adelita” o “Soldadera”.

La imagen de la soldadera que se conoce desde hace más de cien años es producto de la Revolución: la recrean los corridos, la vemos en las fotografías luciendo carabinas y cananas, la inmortalizan los pintores, la veneran las nuevas generaciones.

Se volvió inspiración de novelas. Sus hazañas de coronelas y mujeres mandonas, de carácter fuerte y aspecto frío y altanero las distinguen.

Hubo coahuilenses. De soldaderas, de maestras, de enfermeras, de pensadoras. Mujeres que en la época en que únicamente se les otorgaba espacio en la cocina de su vivienda, en el patio, lavando la ropa de sus padres, hermanos, hijos y tíos, salieron a buscar justicia.

LA CORONELA



Antes de morir pidió que la enterraran de pie. No quería quedarse acostada después de la muerte. En tierra inhóspita no lo soportaría, no así, no encerrada en un ataúd, después de años de haber sido una mujer impaciente y activa. Revolucionaria.

Era Amadita para su círculo de amigos, pero La Coronela para muchos. No se casó, tampoco tuvo hijos, pero se entregó a la causa revolucionaria. Amada Muzquiz Lópezno temía a las armas.

Nació un 28 de marzo de 1888 en Melchor Múzquiz, Coahuila. Sus padres Severo Múzquiz Aguilar y Refugio López Tavares, la recibieron como su segunda hija, en una familia de cinco hermanos: Elvira, Amada, José, Teresa y Petra.

Pero además, tuvo ocho medios hermanos, que fueron procreados por su padre con Mary Jones Musset. Juan José, María Rosa, Francisco, Simón, Guadalupe, Antonio, Alejandro y Severo formaron parte de su familia.

Su infancia y parte de su adolescencia las vivió en la ranchería del “Cedral”, ahí su padre se hacía cargo de un rancho agrícola y ganadero. No se sabe cuál fue el motivo exacto que llevó a Amada a sumarse a la revolución, pero si la pasión con que ayudó a la causa.

De generación en generación, ese carácter fuerte que la definía y las anécdotas de sus andanzas han protagonizado los relatos que hasta la fecha, su sobrino bisnieto, Alejandro Múzquiz recuerda con orgullo.

Concede una entrevista, aclara, con el único objetivo de mantener vivo el legado de su tía. Docente de secundaria y radicado actualmente en Múzquiz, Alejandro se ha encargado de rastrear cualquier dato relacionado con la participación de Amada en el movimiento armado.

“En 1910 se incorpora a la lucha, siendo una de sus actividades conseguir armas y parque para los combatientes. Por sus acciones y participación en esta gesta histórica recibió múltiples reconocimientos y en cada aniversario de la firma del plan de Guadalupe, el 26 de marzo era una de las invitadas principales” explica.

Por esa época, Amada, junto con su medio hermano, gestionó con autoridades federales la creación del ejido Morelos, en Múzquiz. Sitio que hasta hoy tiene pobladores dedicados al campo.

“El trabajo de ella consistía en pasar las armas y las municiones del Río Bravo para la zona conocida como minas La linda, eran cargamentos en mulas y carretones, la otra parte por Acuña. Las traían, las ocultaban en una casa de Múzquiz destinada para el fin, luego se repartían a sargentos, comandantes para las guarniciones que estaban instaladas en Múzquiz, ella las conseguía, guardaba y entregaba”.

“El tener la pólvora en su casa, el ponerse al tú por tú con varones, no era fácil, pero siempre estuvo protegida por los mismos líderes de ese tiempo y altruistas de ese tiempo, nativos de la región”.

En su vida civil, al término de la Revolución, Amada ocupó diversos cargos como el ser jefa de aduanas, en el municipio de Piedras Negras, a principio de la década de los cuarenta.

Y fue en esta misma época, quepor iniciativa propia, construyó en un predio de su propiedad en las entonces calle de Ferrocarril, cercana Puente de Alvarado, en la Ciudad de México, una casa amplia con sótano.

Ahí, Amada daba albergue a personas de bajos recursos que viajaban de Coahuila o de otras partes del país para realizar trámites de gobierno o buscar un empleo a la capital. De esa misma casona, una área especial era utilizada para convivir en ocasiones especiales con políticos y funcionarios.

A las reuniones era común encontrar a personajes como el general Dámaso Cárdenas del Río, Rómulo Sánchez Mireles, entonces delegado del ISSSTE, el doctor Eduardo García Cepeda y el profesor Federico Berrueto Ramón.

Era Amada quien cocinaba o supervisaba a otras mujeres para que prepararan platillos norteños como el menudo, la barbacoa, el machacado y las tortillas de harina.Era una mujer fuerte, mal hablada y recia.

Nunca olvidaba su pistola. Amada siempre estaba armaday sus amigos y cercanos sabían que tenía relación con cinco o seis presidentes de la República, que después de la Revolución continuó su labor como gestora. Era conocida por ser diferente, por ser una mujer fuera de época.

No se sabe el motivo por el que le comenzaron a llamar “La Coronela”. De habladas y recuerdos, se dice que aparentemente fue su don de mando la razón del mote.

La literatura de la época documenta que de acuerdo a la calidad y la peligrosidad de la actividad que desempeñaban las mujeres era el grado que se les entregaba.

“De doña Amada siempre se admiró su temple, su valor y arrojo. Era absolutamente directa en su trato con políticos y militares de alto rango. Defendía y representaba a personas humildes, comisiones y grupos en sus gestiones hasta con presidentes de la republica de varios sexenios” detalla Alejandro.

Años después, en la Ciudad de México, ocupó los cargos de inspectora de industria y comercio, además de ser inspectora de alcoholes.

“Recibió en su vida múltiples condecoraciones de la Sedenay el gobierno federal. Uno de
los últimos, fue de manos del licenciado y general Alfonso Corona Del Rosal” recuerda su sobrino nieto.

“La coronela Amada Muzquiz López queda en la historia de su familia por su papel heroico como mujer revolucionaria entregada a la patria, buscando siempre esa igualdad y paz social de la que ahora, en la mayoría de las ocasiones disfrutamos los mexicanos”añade.

Amada murió en la Ciudad de México, en el hospital 20 de noviembre. En septiembre de 1968 fue sepultada en el Panteón de Dolores sin que se cumpliera su último deseo: ser enterrada de pie.

PODER Y ESPERANZA

María del Refugio Blackaller Arocha tenía trece años cuando se incorporó como enfermera al Constitucionalismo. Se dice que lo hizo en una acción solidaria con otras mujeres de su familia, que ya se habían sumado a las filas del movimiento armado.

Nació en 1900 en Monclova. Corría marzo de 1913, y aunque no tenía ninguna preparación médica especializada sabía curar una herida, desinfectar pinzas, tijeras y ordenar y cortar gasas que servían para sanar a las víctimas del movimiento.

Junto con sus hermanas y primas, fue comisionada por Venustiano Carranza para organizar el hospital de sangre de Piedras Negras. Entonces viajó a la ciudad fronteriza para trabajar en el sanatorio, y después sirvió en los instalados en Eagle Pass y Matamoros y después, en 1914 en el de Saltillo.

Cuando María del Refugio se sumó al grupo de enfermeras, su hermana Enriqueta Blackaller Arocha ya se había iniciado en la Revolución, a las órdenes del general Pablo González y el coronel Emilio Salinas.

Enriqueta también prestó sus servicios de enfermera en los hospitales de Monclova, Piedras Negras, Saltillo, Eagle Pass, Matamoros y Monterrey. Con su experiencia, años después alcanzó el grado de jefa de enfermeras en puestos de socorro en Perote, Veracruz.

A las hermanas, se les unió la prima Francisca Blackaller Ballesteros, que nacida en Monclova, eligió dedicarse a la docencia y graduarse como profesora normalista. En diversas pláticas en la escuela o en las reuniones familiares coincidía con los ideales críticos y estuvo en contra de la usurpación de Victoriano Huerta en la presidencia de México.

Su necesidad de no quedarse cruzada de brazos mientras se gestaba la segunda etapa del movimiento se incorporó en marzo de 1913 al grupo de Constitucionalistas. Luego de servir como voluntaria en los hospitales, al triunfo de la Revolución se dedicó nuevamente al ejercicio del magisterio.

DE ARMAS TOMAR

De las hazañas en la Revolución Mexicana de las mujeres monclovenses y coahuilenses poco se sabe. A pesar de que el municipio es considerado como cuna de la Revolución debido a su protagonismo geográfico, existe muy poca documentación sobre ellas. Se habla de 20 o 25 que obtuvieron incluso, cargos militares.

En Monclova, donde Venustiano Carranza estableció el cuartel general y recibió contingentes de Sonora y Chihuahua, para luego expedir el Plan de Guadalupe en la hacienda del mismo nombre, muchas mujeres se entregaron convencidas de un cambio social al objetivo de las tropas.

El cronista José María Suárez Sánchez, asegura que las mujeres fueron ganando espacios en el movimiento paulatinamente. Hubo las que deseaban acompañar a su esposo, novio o pareja.

Fueron pocas, las mujeres que, conocidas como intelectuales, es decir, profesionistas dedicadas a la docencia, la medicina o la ciencia ingresaron a las filas revolucionarias. Antes del movimiento armado, la mujer era casi inexistente.

“Cuando se integra el congreso del Estado, en 1824, la capital había estado en Monclova, era capital de Coahuila y Texas, a las mujeres no se les permitía ni acercarse a las instalaciones del congreso, había un total rechazo hacia la participación de las mujeres, criticaban la falta de preparación,sobre todo las mujeres porque se dedicaba al hogar, a la enseñanza de los hijos, pero no a participar actividades sociales, culturales, políticas y científicas. Solo atender a los varones de la familia”.

Años después, con el inicio del movimiento revolucionario las mujeres comienzan a tomar espacios públicos, más allá de las actividades del hogar, no solo en Monclova, sino en todo Coahuila. La forma más rápida erasiendo compañeras, conocidas entonces como “soldaderas”, que se dedicará a atender al hombre.

“Ahí van con el anafre, las vasijas, haciendo el trabajo de cuidar al hombre, darle el alimento, cuidarle sus pertenencias mientras ellos se encontraban en la lucha” describe Suárez Sánchez.

Se trata de la reproducción del deber ser de la mujer: su papel de siempre, pero ahora en medio del movimiento armado. Pero también se trata de mujeres desplazadas por la violencia y convencidas de querer un cambio. Algunas víctimas de la circunstancia, otras por decisión propia.

“También hubo mujeres con preparación que tuvieron la oportunidad de estudiar, por ejemplo tuvieron como maestros a Rubén Moreira Cobos, a Apolonio M. Avilés, Mateo De León, de los primeros maestros de la normal”.

Algunas eran mujeres de clase media y clase alta, pero también las había de escasos recursos, otras más, integrantes de familias reconocidas de Monclova.

Eran solteras, muchas de ellas, las jovencitas, las conocidas señoritas. Había también amas de casa, viudas o separadas. Otras más tomaron las armas en los campamentos, las limpiaban, las ordenaban y resguardaban.

El historiador y cronista, explica: “la mayoría de las mujeres de Monclova se fueron a Piedras Negras, con una labor humanitaria y que no se ha reconocido suficientemente. Ya sea por falta de difusión de su trabajo de su labor, ha faltado el conocer de ellas, faltó quién iniciara escritos en honor y homenaje a ellas”.

Autor del Diccionario de la Revolución Mexicana, asegura que las mujeres en esta época se caracterizaron por ser sumisas y arrojadas, y algunas se empeñaron en no caer en el término de la “Adelita” o “Rielera” que seguía a su “Juan”.

Muchas peregrinaron de un lugar a otro, dormían en los campamentos improvisados. Se ocuparon no sólo de alimentar a los soldadosy lavar la ropa. Servían de espías, de administradoras y de compañeras sexuales.

Estaban expuestas a todo tipo de peligros. Por ejemplo, el rapto y la violación se volvieron delitos frecuentes. Investigaciones históricas hablan de esos abusos sexuales. Lo confirma una publicación “Nuestras propias voces, la mujer en la Revolución mexicana”, que recopila notas periodísticas de la época:

“En el norte reina una total ilegalidad, en cualquier parte los hermanos se matan entre sí, en tanto que a las hermanas las reparten como botín; una vez mi mamá me puso ropa de mi abuelita; mi abuelita ya había muerto, me puso unas enaguas y me sacaron a que fuera yo a moler nixtamal; y que llegan los zapatistas aventando la puerta! ¿Qué querían? preguntó [mi mamá] a los zapatistas. Pues unas gordas, algo de comer. Dice ella: pues, apenas está moliendo ella. Ahorita les hago unas memelas y vienen. iVáyanse y den la vuelta! Yapa' que te vayas p' allá, me dijo a mí. Si no, ¡capáz que te llevan! Yo tenía quince años.”

HONORABLES Y OLVIDADAS




Cuando las balas hicieron caer al abanderado, María de Jesús de la Rosa rescató el estandarte de un batallón de coahuilenses, en el combate de Palo Alto. Era 1913 y no había espacio para el miedo.

Esta mujer de la que su existencia histórica es casi nula en Coahuila, nació en Parras de la Fuente en la década de 1890 y murió en 1958. Luchó fiel a Carranza hasta 1918, fecha en que se trasladó a Tamaulipas.

Algunas versiones cuentan que aun después de haberse retirado a la vida civil, María de Jesús conservó la costumbre de llevar bajo las enaguas dos pistolas cargadas.

Pocos saben que era conocida como “La coronela” y que en sus hazañas fue inspirado el famoso corrido revolucionario que aún se baila en presentaciones escolares. Su figura también inspiró el corrido “Jesusita en Chihuahua”.

Junto con “La Coronela”, María Trinidad Flores Blanco participó en el movimiento armado, pero desde la oficina de telégrafos federales en la que trabajaba.

Fue ella quien transmitió a Francisco I. Madero, en forma secreta, los primeros telegramas de la Revolución. Cuando la descubrieron sufrió cateos y amenazas de los federales. Pero no renunció a servir a la patria.

De 1911 a 1913 realizó comisiones especiales que le ordenaron el gobierno de Coahuila y las autoridades municipales. Tras el asesinato del presidente Francisco I. Madero se unió al Ejército Constitucionalista.

Otras de las mujeres que destacaron en la época y que se incluye en el Diccionario de la Revolución Mexicana, son las originarias de Cuatro Ciénegas, Ema A. de González, enfermera, María Morado Sánchez y Virginia Salinas de Carranza.

En Nadadores participó María Luz Narro Zertuche, iniciadora en el centro del estado del movimiento maderista en 1910. Al año siguiente, cumplió con encargos confidenciales a favor de la causa y trabajó en la oficina de correos.

Elvira, Uvaldina y Griselda González Guajardo y su madre Nestora Guajardo, así como Doña Salomé, de Candela, también fueron activistas revolucionarias.

Del municipio de Ocampo, se reconoce a Lidia Guzmán Garza, quien acompañó a Venustiano Carranza y se ganó su confianza. En atención a sus méritos fue reconocida el 11 de diciembre de 1951 como veterana de la revolución.

De la Región Sureste, en Saltillo, se destaca el nombre de Rosaura Flores de Prado, Profesora de la Benemérita Escuela Normal de Saltillo, quien alentó la causa maderista en la capital.

MUJER QUE PROCLAMA

4 de abril de 1914.

Señores:

Siempre hemos tenido la firme convicción de que la mujer mexicana tiene un alma en que se alberga el más puro y santo patriotismo y que desprecia todos los peligros, arrolla los obstáculos más grandes y afronta los mayores sacrificios con tal de ir siempre en pos de la persecución de un bello ideal de libertad y altruismo.

Así inicia la proclama escrita por Manuela De la Garza de Jackson hace 102 años. Era una mujer aguerrida que después del cuartelazo huertista y de que la legislatura de Coahuila se trasladó a Eagle Pass. Junto con otras mujeres se hizo cargo de las oficinas en Estados Unidos hasta entregarlas a las autoridades revolucionarias. Desde el exilio, se dedicó a hacer propaganda contra el régimen huertista, a pasar armamento y parque, y a cuidar a los heridos que se encontraban en el hospital temporal de Eagle Pass.

Además, recurrió a diversos medios con el objeto de recolectar fondos para ayudar al sostenimiento del hospital y de la causa. Un año antes de casarse con un estadounidense, escribió la histórica proclama:

“¿Qué más bello cuadro que esa legión de mexicanas, de abnegadas que dejan la tranquila paz de sus hogares para arrancar del borde del sepulcro al triste soldado que agoniza; y levantar sobre el cadáver de infames esclavistas cada vez más alto el estandarte de honor, y protestar con la fuerza de las armas contra los déspotas que en una mala hora llegaron por una senda sembrada con cráneos de invictos paladines a usurpar la más alta investidura del poder?”.


Los corridos de la Revolución

Quizá las más basta prueba de la presencia de las mujeres en la revolución mexicana es la música que inspiraron. Su aspecto fuerte per femenino, mezclado con las armas y el carácter recio para acompañar a las tropas fueron inspiración de muchos hombres que las cortejaban con canciones.


La Adelita

Popular entre la tropa era Adelita,
la mujer que el sargento idolatraba,
que además de ser valiente era bonita
que hasta el mismo coronel la respetaba.


La Rielera


Tengo mi par de pistolas 
con su parque muy cabal, 
una para mi querida 
y otra para mi rival. 

Yo soy rielera y tengo mi Juan,
Él es mi vida y yo su querer,
Cuando me dicen que ya se va el tren
Adiós, mi rielera, ya se va tu Juan


La Valentina


Valentina, Valentina,
rendido estoy a tus pies,
si me han de matar mañana
que me maten de una vez.


La Soldadera


Vente mi Juana, vente conmigo,
que la campana ya va a empezar,
serán tus ojos mi solo abrigo
y al enemigo sabré matar.

Si me atraviesan en el combate
y muerto queda tu zapador,
recoge mi alma, busca el empate,
aunque te mate vil invasor.

Jesusita en Chihuahua

Yo ya me voy, 
Ya me voy para Chihuahua, 
Ya me voy a buscar a mi linda Jesusita, 
pues yo se que está ahí, 
me muero por besarla, 
pues yo sé que he de encontrarla, 
y voy a sentirme feliz.


VESTIMENTA



La Revolución Mexicana marcó una época en la vida de la mujer, los contrastes de las clases sociales las encasillaban a determinada vestimenta, basada principalmente en sus posibilidades económicas.

El acervo fotográfico que da cuenta de rostros y cuerpos de mujeres de todo el país, muestra las diferencias entre las mujeres que contaban con estudios universitarios y las que únicamente se dedicaban a las tareas del hogar.

-Las faldas holgadas de diversas telas eran comunes en la clase social baja
-Las faldas entalladas y acompañadas de sacos eran portadas por mujeres con estudios superiores
-Los pantalones solo eran usados en ocasiones especiales por mujeres de la clase alta para montar caballos
-Las blusas de algodón holgadas también eran comunes en los bajos estratos
-Los huaraches de piel y suela “de llanta” eran de fácil acceso para las mujeres de la clase popular
-En contraste, zapatos de tacón bajo, generalmente de charol o piel sintética caracterizaban a la clase media y alta.
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