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JESÚS LAGUNAS | Saltillo.- Bien dice el dicho que con quienes siempre hay que ser corteses es con meseras y secretarias, pues estas personas pueden ser tus mejores amigas o tus más acérrimas enemigas.
La ciudad está llena de estos personajes, algunos atendiendo oficinas y otros en restaurantes.
Maricela Magdaleno es una estudiante de la Licenciatura en Letras Españolas que pasa sus mañanas atendiendo a los comensales en el restaurante La Penumbra, frente a Plaza de Armas.
Trabajar por las mañanas y estudiar por las tardes es el régimen que lleva de lunes a viernes desde hace ya un tiempo: “originalmente estuve trabajando en una joyería que estaba aquí en la entrada del negocio, sin embargo, luego se robaron la plata del lugar y la cerraron, así que me quedé sin trabajo por un tiempo. Como mi jefe, el dueño del restaurante, ya me conocía, me contrató de nuevo, pero ya no como demostradora sino como mesera”, comentó.
Maricela comenta también que, como la alumna de letras es muy buena lectora, no sólo en sus ratos libres, “ahorita estoy leyendo una novela de Ray Bradbury; por lo general leo periódicos y revistas, pero lo que me gusta en mis ratos más desocupados es leer poesía”.
Como mesera, la alumna de la Universidad Autónoma de Coahuila comenta que se encuentra con cosas olvidadas y dejadas por los clientes muy seguido, desde plumas, cámaras, celulares, bolsas y chamarras, hasta agendas con varios billetes.
“Por lo general cada cosa que nos encontramos vuelve con sus dueños, pues siempre las guardamos hasta que vuelvan… Incluso una vez me encontré un par de proyectos de teatro de un egresado de Letras y no sé si devolverlos; son proyectos muy buenos y una compañera se encontró una agenda con varios billetes de 500 pesos; tuvo que alcanzar corriendo a los señores para devolverlos”.
“Lo que más me gusta de mi trabajo es platicar con la gente, porque hay muchos que vienen sólo porque quieren hablar de política o sobre la situación de la ciudad”.
Maricela comenta: “mi platillo favorito serían los chilaquiles, que aún sin ser cliente, igual los como mucho; sopes, huaraches, gorditas de barbacoa y otros. Por lo general, yo atiendo a los clientes como a mí me gustaría que me atendieran; no los molesto a cada ratito y les advierto si los platillos pueden ser algo raros para ellos… siempre respetándolos.
La propia no es necesaria, pero siempre hará feliz al mesero cuando se la deja”, concluyó Maricela, quien día a día entrega lo mejor de sí en la búsqueda de un mejor futuro.
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