Pero el dinero también ha evolucionado con el paso del tiempo y es que nos encontramos en la etapa donde impera lo electrónico, es decir, el dinero plástico y con transferencias electrónicas de fondos donde la transformación del dinero tal y como lo conocíamos ya no es igual, debido a innovaciones tales como las tarjetas de débito o de crédito.
Una era relativamente nueva, puesto que a principios del siglo pasado la inestabilidad del dinero era una de las consecuencias de la Revolución Mexicana; e incluso,hasta fines del siglo XX, podía pensarse que la historia del dinero no seguiría evolucionando o, al menos, que no estaría sujeta a cambios mayores.
Juan Blackaller, cronista de Monclova, afirma que es muy interesante la historia del dinero en México e incluso, en el Archivo Municipal de esta ciudad se conservan monedas y billetes de principios de los años 1900.
“Con la enorme riqueza minera del Virreinato de la Nueva España, durante los trescientos años de vida colonial en México, el circulante monetario estuvo formado exclusivamente por monedas metálicas de oro y plata; pero la aparición del papel moneda en México no se dio sino hasta el siglo XIX, una vez consumada la Independencia”, explicó.
Pero ésta misma revolución trastornó el orden político y social del Virreinato de la Nueva España y provocó una profunda crisis económica, producto del abandono de las minas y ante la falta de numerario surgieron numerosas acuñaciones de necesidad y el primer papel moneda de México en 1813: “Otro antecedente del billete mexicano lo encontramos a finales del siglo XVIII, cuando se emitieron algunos de varias denominaciones”.
Al consumarse la Independencia en 1821, Agustín de Iturbide recurrió a la emisión de papel moneda, que son la primera emisión oficial mexicana y se consideran también los primeros provisionales entre los billetes de necesidad de este país: “Estas piezas están impresas por una sola cara, en papel blanco de forma casi cuadrada, ostentan la leyenda “Imperio Mexicano”, de los cuales se emitieron en las denominaciones de 1, 2 y 10 pesos; pero desafortunadamente no fueron aceptados por la ciudadanía”.
Durante varias décadas se vivieron fracasos monetarios para que se aceptara el papel moneda en México y no fue sino hasta 1864, durante el Imperio de Maximiliano de Habsburgo, cuando el Banco de Londres, México y Sudamérica se emitieron unos nuevos que eran de aceptación voluntaria, con lo que llegó a tener mayor preferencia que la moneda, comentó el cronista.
“A la caída del Imperio, la emisión de billete encontró condiciones favorables, especialmente durante el gobierno del general Porfirio Díaz; entonces se estableció un organizado sistema bancario en el que cada estado de la República contó con, cuando menos, un banco privado emisor de billete, además del Banco Nacional de México”, dijo Blackaller.
Pero la Revolución antiporfirista de 1910 trajo a México nuevamente la escasez de numerario y el descrédito del billete de banco, pues se retiraron de la circulación enormes cantidades de moneda metálica y resurgió el rechazo al billete de banco.
De tal forma que de 1913 a 1915 reapareció en México la moneda de necesidad, se acuñaron diversas piezas metálicas en distintos puntos de la República y se multiplicaron las emisiones de papel: “El primero en emitir este tipo de piezas fue Venustiano Carranza, quien a su vez, autorizó a numerosos jefes revolucionarios la emisión de sus propios billetes, vales y cartones para allegarse fondos de campaña”.
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