Con sus calcetines blancos, sus mocasines lustrosos, su delgada silueta expresada en movimientos de baile extraordinarios y definidos por una voz aguda que se identificaba a la primera escucha hicieron de Jackson un gran emblema de los años 80.
Corría el año 1982 cuando un Michael veinteañero cargaba en sus espaldas una dilatada historia como líder de la banda familiar Jakcson Five, cuando el destino y, sobre todo, la película musical de 1977 junto a Diana Ross, “The Wiz”, donde fungió como protagonista, hicieron que el cantante se encontrara con Quincy Jones.
Este encuentro fue el verdadero disparador de una carrera en solitario que Jackson tenía en mente desde hacía tiempo y que le impidió renovar contrato con la banda de la familia.
De la dupla Jones y Jackson nació en primera instancia el disco “Off the Wall”, que tuvo gran éxito, con más de 7 millones de unidades vendidas en Estados Unidos.
Nacido en Chicago el 14 de marzo de 1933, Jones fue el gran productor de Frank Sinatra, el esposo de Nastassia Kinsky y el cerebro musical –junto con el compositor de los temas, Rod Temperton- de “Thriller” el disco más vendido en la historia de la música, con más de 68 millones de copias tan sólo en los Estados Unidos y más de 109 millones en el mundo.
El éxito de este material fue tal que, los logros musicales tan elogiados por propios aficionados a la música ligera y extraños educados en sonidos más complejos, que Jones sigue negándose hasta la fecha a recibir créditos como productor de la placa histórica.
“La gente me mata cuando me pregunta cómo me senté y planeé un álbum como ‘Thriller’. Sólo te dejas llevar y luego lo dejas a Dios que haga las cosas. Sólo escribes el guión y dejas que Dios llegue y lo reescriba”, declaró Quincy a la revista “Interview” cuando se cumplieron 25 años de la salida del disco.
La imagen del éxito
No sólo fueron las baladas sentimentales e interpretadas con congoja verosímil ni los temas bailables pegadizos y adictivos, detrás y por delante de “Thriller” hubo una gran inversión en la imagen con que fueron presentadas las canciones que más tarde serían himnos.
Hijos del cine, de hecho filmados en 16 mm, los videos que acompañaron a los temas del disco respetaban una estructura narrativa sólida y contaban una historia de principio a fin echando mano de los mayores adelantos de la época.
Dirigido por el cineasta John Landis, el videoclip de “Thriller” se convirtió en un referente para todos los videos que se hicieron después, por durar más de 10 minutos, por usar maquillaje de monstruos y una escenografía de película de terror al mejor estilo Gore.
El rostro expresionista de un joven Michael todavía negro, de ojos pícaros y comiendo palomitas, metamorfoseándose en una figura amenazante, representa sin ambages la dualidad de un artista que supo ser por partes iguales el Jeckyll y el Mr.Hyde en la industria del entretenimiento que en los 80 buscaba sacudirse el dolor por el asesinato de Lennon, resignarse frente al primer mandato de Ronald Reagan y aplacar los sinsabores de una Guerra Fría que gritaba su pánico en los brazos del Osito Misha, emblema de los Juegos Olímpicos de Moscú.
Con Jackson y sus videos iniciaba el mundo visual que hoy nos define, por algo sus canciones nacieron a la par de la poderosa CNN.
Camino al éxito
Si Michael supo cantar de modo que el género de la música pop netamente comercial lograra incorporar sin complejos la refinada sensibilidad que es habitual en géneros musicales más desarrollados, no fue menor su aporte en el baile, donde es considerado un verdadero innovador, dueño de una técnica y destreza poderosísimas, imitadas hasta el hartazgo en todo el orbe.
Sus pasos de baile fueron revolucionarios y sus coreografías, muchas veces explícitamente sexuales, dieron cauce a casi todos los grupos de chicos cantantes y bailarines que le sucedieron.
Del álbum “Bad” se destaca el innovador sistema inventado por Michael para crear la ilusión de anti-gravedad durante la coreografía de “Smooth Criminal” y de “Thriller” el mítico “moonwalk”, el de la caminada hacia atrás, hacia el costado, el de inclinarse en 45 grados, todo como si estuviese en la Luna y el que seguramente ensayará ahora en el más allá.
Conciertos espectaculares
Cada vez que Jackson lanzaba una nueva canción, la expectativa no sólo se centraba en el tema musical, sino en las innovaciones que haría en el género de los videos musicales y las nuevas técnicas de efectos especiales y cinematografía.
Esto, a su vez, influyó sus conciertos en vivo, pues tenían que reflejar la misma experiencia visual y sonora de los videos musicales y fue así que se convirtieron en complejos espectáculos de luz, sonido, efectos y coreografía.
Cualquier artista que quisiera competir con “El Rey del Pop” tenía una difícil tarea para superar sus producciones, tanto en el escenario como en video.
En México: playback
Jackson visitó nuestro país para ofrecer tres conciertos en el Estadio Azteca el 7, 9 y 11 de noviembre de 1993.
Ofreció lo mejor de su repertorio. Juego de luces, fuegos artificiales, tecnología al servicio de la música eran parte esencial de esa noche, donde las imágenes del video de “Thriller” se conjugaban con lo que Michael hacía en el entarimadoe.
Sus seguidores le mostraban fidelidad e idolatría, ya que en ese concierto Michael Jackson ¡hizo playback!
En efecto, no cantó en directo, lo que era fácil de descubrir gracias a que las coreografías que realizaba junto a su ballet eran tan rudas, que no era posible mantener la respiración igual que en el disco.
Algunos asistentes que coparon el Azteca salieron decepcionados, pero la gran mayoría se llevó el recuerdo de haber visto al aún negro, Michael Jackson.
Su última actuación
Se dice que fue el 21 de octubre de 2001, en un concierto que Jackson organizo a beneficio de los familiares de las victimas del 9/11 titulado “United We Stand: What More I Can Give” en el RFK Stadium en Washington, D.C.
Jackson cerro el concierto con la cancion “What More Can I Give?” con la ayuda de varios de los artistas invitados. Fue la última vez que cantó en público. Y su última gira terminó en octubre de 1997.
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