Saltillo, Coah.- Con dos casos recientes de violencia extrema en el seno de la familia saltillense, Zócalo Saltillo retomó en Mesa Central el tema de violencia familiar, con el enemigo en casa.

En una primera parte, los participantes, la procuradora de la Familia, María Teresa Araiza Llaguno; el padre Sergio García, representante de la Pastoral Familiar de la Diócesis de Saltillo; Teresa y Dante Orea, consejeros matrimoniales e integrantes del organismo Familia Pastoral y, como moderador, el periodista Erick Pichardo, abordaron el paso del miedo inicial a las cifras de violencia a la exhibición de las familias.

Flotaron en el aire la sumisión de las mujeres, los divorcios exprés, la vergüenza a denunciar, el silencio roto por la Iglesia, el adormecimiento de la compasión y el “abaratamiento” del núcleo familiar.

Si bien la violencia en el hogar era un asunto en el que históricamente ni el Estado, ni nadie podía intervenir, ahora pareciera que son los mismos temores a ventilar en público lo privado lo que mantiene el silencio en torno a estos casos; sin embargo, para la procuradora de la Familia, María Teresa Araiza, esto no ha detenido el aumento en el número de denuncias.

“Anteriormente ni el estado ni nadie podía intervenir; la casa era un lugar sagrado en donde lo que pasaba se quedaba dentro y ahí quedaba. Sin embargo, a sus miembros les ocurren cosas y por una arraigada tradición el padre de familia era el poseedor de la vida de su esposa y de sus hijos, podía hacer lo que fuera y esto ya no es válido.

“Ahora intervienen el Estado, los medios de comunicación y asociaciones independientes para ayudar a que la persona que está siendo maltratada en el lugar que debería ser el más seguro. Si el papá permite que el niño sea expuesto, si lo está explotando, el derecho público invade este pequeño ámbito que es la familia”.

Y las cifras hablan, cada vez más personas denuncian violencia emocional, verbal, omisión de cuidados y negligencia, lo que evita, afirma la procuradora que “la casa sea ese lugar al cual no quiero llegar, en el que tengo miedo o me van a hacer sentir que no valgo nada”.

De los mil 508 casos registrados el año pasado, en los que se comprobó violencia, 85% fueron denuncias interpuestas por mujeres, 702 por violencia emocional.

“Que las denuncias sean por negligencia y omisión de cuidados habla de que cada vez hay menos indiferencia, porque en muchas de las grandes tragedias, cuando se investigan, nos damos cuenta de que muchos sabían, que el vecino oía gritos, que la mamá sabía que maltrataban a un niño, o ver que una mujer desesperada a medianoche busca material para incendiar a nadie le parece sospechoso”.

¿QUÉ PASA DENTRO DE LA FAMILIA?

A esta pregunta responde Dante Orea, consejero del organismo Familia Pastoral de la Diócesis de Saltillo, quien refiere cómo las familias han cambiado su estructura. “Antes bastaba que el papá volteara y te mirara, la familia sabía que con eso era suficiente. Ahora lo haces y te dicen: ‘¿Qué quieres, güey?’. Se ha abierto la comunicación y ahora los jóvenes saben que pueden ser escuchados y denunciar cosas que antes no nos atrevíamos.

“Aunque hay una función de autoridad del padre y la madre, también hay una igualdad de seres humanos para la que fuiste llamado como papá, no para generar una herencia histórica de autoridad sobre tus hijos, sino crear un respeto a través del amor y del cariño”.

Por su parte, Dante Orea afirma: “Hoy tenemos más denuncias y qué bueno, lo importante será revisar de fondo la causa y raíz de estas denuncias, porque denunciar es sólo un buen paso, pero si no se busca el fondo que modifique el ambiente la familia no se transformará en el escenario de realización que debe ser y se reflejará en la sociedad lo que está pasando en los hogares.

“Si hoy tenemos un ambiente social violento es porque, independientemente de que se mejoren muchas cosas, en las familias sigue existiendo la violencia y la familia no puede atenderse en un sexenio, es un plan permanente, consistente y profundo para llegar a las causas y modificar las cosas que generan frustración y que se reflejan en violencia.

Para el padre Sergio García las estadísticas sólo muestran que los hechos denunciados son superados por la realidad.

“Es algo que se da todos los días, en todos los espacios y niveles, con mayor o menor formación de las personas, en este caso profesional o de desarrollo cultural, donde quiera la encontramos.

“La casa, y ya no digo la familia, es un espacio sagrado y no va a dejar de serlo, porque familias en contrapeso las vamos a encontrar siempre con todo y que haya una tendencia al alza de este tipo de manifestaciones de violencia.

“No vamos a dejar de tener estos casos, pero siempre habrá familias que se respetan y se aman porque lo ordinario, lo de todos los días, es el amor y la entrega, eso siempre será más.

“Científicamente hablando, ya no desde los valores, los médicos afirman que todos tenemos una carga, una inclinación o tendencia de violencia y agresividad pero es un factor entre multitud de factores positivos que nos van a componer y definir permitiéndonos entrar en relaciones positivas.

“Asusta y da miedo que, por ejemplo, en la parroquia de Nuestro Sagrado Corazón (en Virreyes) la realidad sea diferente a la comunidad parroquial de la iglesia del Rosario, en Valle de las Flores Magisterio, donde diariamente llegaban casos de abandono, problemas entre esposos y daños de todo tipo.

“Aquí nos encontramos con que hay mayores oportunidades y la gente no pide ayuda, dos o tres casos por semana están conmigo y ponen en evidencia la urgencia de canalizar y buscar ayuda aunque luego se resisten a hacerlo”.

VIDA EN FAMILIA

Según las más recientes estadísticas del INEG, 97% de la población en México vive en familia.

“Si todas tuvieran problemas familiares fuertes, ninguna procuraduría ni nadie podría darse abasto”, afirma María Teresa Araiza.

“Siempre he pensado que tienen que ser más los buenos, que a lo mejor parece descompuesto pero a lo largo de la historia hay grandes ejemplos de maldad inusitada en el hombre, sólo que ahora son conocidos en tecnicolor. “Somos una sociedad especialmente nerviosa y deprimida, pero también con muchos valores. Esta generación de jóvenes que están suicidándose también es de muchachos más preparados, con herramientas, comprensión de la tecnología, ecológicos y con mayores responsabilidades.

“Sí hay grados de descomposición, pero también hay mucha más exposición de las personas. La mayoría venimos equipadas neurológicamente más o menos igual, un porcentaje mínimo no tiene elementos de compasión, es decir, hará daño y no sentirá compasión, mata sin arrepentimiento, golpea sin sentir dolor, pero inclusive esa persona con educación, con límites, puede ser socialmente aceptable.

“Y en contraparte, las que venimos con la natural compasión e inclinación al bien, tanta saturación de violencia y dolor hará que se te haga normal y es lo peor que nos puede pasar como seres humanos”.

LA INFLUENCIA DE LOS MEDIOS

Más allá del escándalo y la conmoción, hacer públicos los casos de violencia permite que las personas en iguales condiciones se den cuenta de que algo anda mal. Según estima la procuradora de la Familia, después de la publicación de un caso fuerte en los medios, se detonan más denuncias.

“Esos casos motivan denuncia, muchos empiezan a denunciar, los picos de denuncia provocan eso, que quienes leen o escuchan esto cambian sus vidas”.

Compartir una historia de este tipo en casa, asegura, permite encender focos de alerta y reconocer la violencia en los hechos cotidianos. Sin embargo, considera Dante Orea, no se debe esperar a que sean mil denuncias para actuar.

“Si vamos a esperar a que sean mil, pobres de los primeros 999. Ésa es la cultura, no conformarse con ningún caso de violencia, ni imprudencia. No importa si la cifra crece o no, mientras haya un caso se tiene que reaccionar ante esa circunstancia”.

Lo que está en juego, afirma el padre Sergio García “es el valor de la persona, no podemos hablar de familia y sociedad si no partimos de esa base”.

Y en los casos de violencia, como el registrado la semana pasada, en que una mujer acuchilló y mató a su esposo cuando éste la golpeaba, la procuradora de la Familia señala que a veces la violencia es cuestión de centímetros.

“En los casos de esta semana fue cuestión de centímetros, la señora que va al trabajo y el esposo llega y la acuchilla y no pasa nada; en el otro caso la cuchillada fue más fuerte y hubo una muerte. Debemos escuchar a la víctima que no ha sido oída, la mujer, el adulto mayor, el niño.

“Se cree que la mayoría de las declaraciones de los niños no valen, pero 98.5% de sus declaraciones tienen verdad, porque el niño juega y sueña que es Superman o la Mujer Maravilla. No se inventa que está siendo tocado o abusado y por eso hay que escucharlos”.

Sin embargo, para Tere Orea, el sistema de ayuda y denuncia no es el óptimo para fomentar que la violencia salga de los hogares, en especial, ante el temor de ser exhibido. “No se presta para que una persona de cualquier nivel se atreva a acercarse, aunque cada vez son más quienes sí lo hacen.

“En el día a día siempre hay violencia llámese divorcio, verbal, en todos los niveles. Falta generar esa confianza para acercarse uno porque no estamos exentos de ello, podemos ser agredidos y no nos atrevemos porque no encontramos el espacio.

“Quizás haya un lugar como la Procuraduría, pero los medios y la sociedad no están tan abiertos; nuestra Iglesia tiene espacios para atender estas familias que se acercan y aun así es increíble cómo una persona de la entrada del local hacia donde están las oficinas, no puede dar el paso por el temor de no ser escuchado, atendido o que se vaya a publicar su caso.

“Luego llegamos a la ley y vamos de regreso. Si los medios de comunicación y la sociedad de veras está preocupada por el problema, debemos hablar con la verdad y actuar abriendo espacios para apoyar a toda la familia y la dignidad de la persona”.

OCULTANDO LA VIOLENCIA

El padre Sergio García reconoce también elementos en la sociedad, que reprimen las denuncias.

“Saltillo es una sociedad opresora, la comunidad saltillense son grupos que oprimen y formas de control y de poder, por lo que nos hemos desarrollado y creído que así es el sistema. Luego la religión, inconsciente o involuntariamente, ha sido una forma de represión porque lo ha permitido o facilitado, al hacer con pocos resultados, tener pocas acciones o intervenciones o al no hacer”.

“Quedarte porque te van mantener no es válido, porque eso detiene a muchos; creen que no les van a dar pensión cuando ésta se demanda, se busca por la vía penal aunque en lo particular no me gusta mucho porque con la intervención de la Policía la familia queda más dañada.

“Tengo fe en que esto finalmente se equilibre cuando todos los integrantes de la familia estemos más preparados y tengamos más conocimiento de nuestras obligaciones con todo y que se trate de la primera generación en la que los padres somos los regañados por los hijos”.

MATRIMONIOS ‘DE MICROONDAS’

Dante Orea insiste en que la solución no es el divorcio aunque sea más fácil hacerlo. “No es por el escenario económico, sino que hoy es muy fácil divorciarte. Las leyes, en lugar de propiciar el diálogo y los ambientes en donde las parejas puedan recapacitar; están puestos tan rápido como unas palomitas en el microondas y el matrimonio no es eso.

“Las mujeres se encuentran con que el esposo ya arregló todo y estás divorciada, y no está en el escenario la familia; la mujer se arrepiente porque cuando educas a un niño educas a un hombre y cuando educas a una niña, educas a una familia.

“La mujer es el fundamento de cualquier familia, se muere el abuelo y no pasa nada, se muere la abuela y nadie tiene abuela. Hoy es sorprendente la facilidad con que se divorcian las parejas, lo que facilita estos procesos; y no quiero decir que no lo hagan, si es la mejor decisión para la familia, adelante, pero tiene que haber un proceso en el que las parejas recuerden el porqué se casaron. ¿Qué tenían esta bruja o este monstruo que te gustaba? El amor de una mujer transforma al hombre porque a los 16 todos fuimos chavos y rebeldes y ahora hasta la suegra los quiere cuando fue la novia la única que vio en él al hombre que la acompañaría toda la vida; por ese solo hecho no podemos ‘abaratar’ al matrimonio o a la familia.

“La mujer no quiere que sus hijos crezcan sin la luz de un padre que los guíe y los oriente y por eso la mujer soporta muchas cosas, no porque no pueda salir adelante porque talento lo tiene; se sublima por el amor”.

SUMISIÓN Y VIOLENCIA

“El escenario no te fuerza, el ambiente no te obliga a esforzarte, al contrario, le abres todas las puertas (al divorcio)”, afirma Dante Orea; sin embargo, para Araiza Llaguno, en el extremo de la violencia es una salida.

“La Procuraduría no lleva divorcios porque pretendemos lo contrario, excepto en casos donde es muy necesario y finalmente son los hijos quienes soportan la carga. Hay que hacer énfasis en la prevención, porque no puede ser el Estado el que te obligue a divorciarte o te obligue a que no, es la formación, la escuela lo que hace que la persona lo decida o no, el estado tendrá las políticas públicas para que la persona escoja y los que no pudieron puedan desistir.

“La mayoría de las personas son buenas, pero a mí me llegan los verdaderamente emproblemados y es donde tengo que proteger a los menores. Si la señora elige soportar está bien, pero sus hijos no tienen elección, y yo no sé si en una denuncia penal el señor violador, tocón, explotador de sus hijos o su esposa, llega a tocar la cárcel, pero en la parte administrativa recuperamos al menor y a ese niño, en esa justicia familiar, se le buscarán unos nuevos papás y la posibilidad de vivir en familia.

Y a la sumisión o falta de confianza de una mujer en sí misma se suma la soberbia, el creer que pueden hacer cambiar a una persona.

“Las personas cambian por sí mismas, ayuda el que haya un ejemplo positivo en la vida, pero el drogadicto tiene que llegar hasta el fondo; el alcohólico también, pero si él no decide, no es responsabilidad para la mujer o para el hombre, pero a final de cuentas tienes que ayudar a sacar lo mejor de esa persona, pero hasta ahí.

“Pienso que cada quien toma sus decisiones con información, nadie puede tomarla por él porque es su responsabilidad; la gente que cambia es la que decide cambiar y más si se agarra de personas buenas y especialistas”.

Pese a la controversia, los participantes de esta mesa concluyeron en que lo importante es que exista el camino a seguir para obtener ayuda en todas las etapas del problema, y que los medios, de publicar las galerías de maridos golpeadores exhibiendo a las víctimas, permanezcan como factor de orientación y alerta.



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