“¡Échenle la patrulla encima! ¡dispárenle a los pies! ¡hagamos ya algo! ¡por favor!”, gritaba un policía mientras el joven resistía el arresto.
Juan Martín Saucer Mejía, de 18 años y más de 2 metros de estatura, buscaba a cualquier precio no ser detenido y más tarde, deportado.
A las 10:25 de la mañana, la Policía Preventiva recibió el reporte de que un hombre, con cabello en rastas, alto, de piel morena, con apariencia de indocumentado centroamericano, había atacado a un vecino de la colonia La Pradera.
Un grupo de cuatro policías lo ubicó frente a un negocio.
“Los elementos trataron de someterlo, yo creo que no le dieron el trato que se merecía y además, todo era falso, dicen que lesionó a un vecino, pero eso no es cierto”, comentó la empleada de un negocio de comida que vio los hechos.
Juan empezó a amenazar con dos piedras y un machete a los elementos, pero todo se salió de control cuando llegaron decenas de policías.
El muchacho se desesperó y ya no oyó razones. Trastornado, Juan trataba de huir mientras apuntaba con el machete a conductores, vecinos y curiosos.
Una patrulla se le echó encima, pero no logró doblarlo, también le rociaron gas lacrimógeno, irritándolo más.
Un microbús que le cerró el paso permitió finalmente que los policías lograran someterlo.
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