Acuña, Coah.- El impacto fue brutal, automóvil que transitaba a más de 100 kilómetros por hora contra “caballo de acero”, y el motociclista salió volando por los aires, para ir a caer a varios metros del accidente, sangrante e inconsciente.

El tiempo en que llegaron los socorristas de la Cruz Roja, así como su traslado al Hospital General de Subzona número 13 del Instituto Mexicano del Seguro Social, no podría ser menor a 45 minutos, dadas las distancias.

Inconsciente y todo cubierto de tierra y sangre, ingresó al hospital, donde fue auscultado y diagnosticado con estallamiento de vejiga, fracturas múltiples en su pierna izquierda, por lo que se procedió a intervenirlo quirúrgicamente.

Sin embargo, su real gravedad todavía no se daba a conocer. Un golpe provocó una abertura en la arteria aorta y el sangrado era interno. Su corazón dejó de latir y prácticamente murió Antonio Towns Izaguirre de 39 años de edad. Un amado padre, esposo, hijo, hermano.

Se procedió a revivirlo, y ese lapso en que dejó de latir el corazón de Toño como lo llaman cariñosamente, fue lo que salvó su vida. Su vida pendiente -ahora sí que- de una delgada arteria, pudo recuperarse, por el coágulo que se formó al dejar de latir el corazón y que tapó lo suficiente el agujero, para disminuir la hemorragia interna, y que no se desangrara.

TRASLADO

Hubo necesidad de trasladarlo vía avioneta a Torreón, Coahuila, donde un equipo de especialistas ya lo esperaba, y quienes se hicieron cargo del maltrecho cuerpo de Antonio; había necesidad de operarlo para reparar la arteria y lo indicado era implantar una malla que contuviera la lesión.

El especialista en angiología, no podía creer lo que veía, realmente había ocurrido algo inverosímil, ¡un milagro!, su muerte por momentos permitió vivir a Antonio, que todavía tuvo que pasar varias semanas en el hospital, para recuperarse del terrible accidente que sufrió en septiembre del 2008.

Sin embargo, no estaba disponible la malla para realizar la intervención y salvar a Antonio. Todo ese tiempo hubo necesidad de inmovilizarlo, cualquier movimiento podría traer el desenlace fatal. La lucha contra la muerte estaba en juego y los minutos contaban.

SIN MOVERSE

Amarrado “literalmente” a una cama en el hospital, estuvo durante cinco días, hasta que se consiguió la malla y el especialista en angiología procedió a llevar a cabo la operación por laparoscopía, la que fue todo un éxito, ya que con ello se contuvo totalmente el escape de la sangre y era el paso definitivo para que la aorta sanara y volviera a su función normal.

Al salir del hospital, siguió la rehabilitación de su pierna que tiene placas y tornillos, en la unión de sus fracturados huesos. Meses muy difíciles, la convalecencia y una recuperación paulatina.

Y tuvieron que pasar varios meses para que pudiera hacer su vida lo más normal posible. Viviendo día a día, muchas veces se encontró desesperado hasta las lágrimas por el encierro, por no poder moverse, por mantenerse dentro de su casa, cuando sus grandes pasiones han sido deportes a cielo abierto, como el motociclismo, la pesca y el golf.

Hoy a 15 meses de ocurrido el accidente, Antonio está agradecido con Dios y con la vida, por esta segunda oportunidad. Un renacimiento. Y aunque todavía está bajo el escrutinio médico periódicamente, su vida es completa y trabaja normalmente, pero no puede incurrir en actividades de riesgo por su propia seguridad e indicaciones médicas.

Así, que nunca-jamás volverá a montarse en un “caballo de acero”, su verdadera pasión deportiva.
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